Día del Panadero - Francisco Caro, junto a su familia, lleva adelante un exitoso emprendimiento

La noble simpleza del buen pan

Trabajó desde chico en albañilería, herrería, en el campo y otras labores. Pero la panadería llegó a su vida por su mamá y su papá, quienes un día decidieron hacer y vender pan casero. Hoy tienen una pequeña, pero exitosa, panificadora en Barrancas del Río
domingo, 4 de agosto de 2024 · 09:47

Francisco Caro (24), a pesar de su juventud, tiene una vida bien vivida. Es un joven de gran inteligencia y visión, y se da maña en muchos tipos de trabajos. Además, es una persona noble y solidaria. Intentó estudiar Ambiente y Energías Renovables en la UNVM, aunque por varios motivos, sobre todo el hecho de tener que ganarse la vida y ayudar a su familia, dejó. Fue padre muy joven de una hermosa niña. Y por si fuera poco, es muy buen jugador de futbol e integró varios equipos de la Liga Villamariense. De hecho, acaba de entrar a Española, tras jugar en San Lorenzo, Central Argentino, Industrial y San Martín. Sin embargo, hoy, además de seguir jugando, es un orgulloso panadero.

“Soy el menor de cuatro hermanos, y nací en Villa María. En un tiempo vivimos en el campo por el trabajo de mi papá, en el norte de Córdoba, luego de que falleció mi abuelo. Dos años después regresamos acá. Además de vivir en el campo, mis viejos, durante un tiempo, cirujeaban, teníamos animales y así nos manteníamos. Vivíamos por la Usina, junto a una comunidad boliviana. Además, mi papá, Marcelo,  trabajaba como gasista, pero la plata igual no alcanzaba. Así que mi mamá Sonia y él decidieron hacer pan casero, en un fuentón azul grande, no me voy a olvidar nunca. Hace 15 años de eso. Y comenzamos a venderlo por la ruta. Fue ese mi primer contacto con hacer pan”, señaló Francisco.

Recordó que en esos años su papá comenzó a trabajar en la Panadería Riera, donde estuvo muchos años, y ahí conoció los secretos del arte panadero, lo que era el pan y cómo venderlo. Con el tiempo, se animaron a armar una pequeña panificadora en casa, en la vivienda donde se habían mudado, en Barrancas del Río. Así que desde chico descubrió la forma y los secretos de hacer pan, “cómo hacer un bizcocho o una masita, e inclusive iba con olor a pan al colegio, y todos mis compañeros me lo decían, je”.

“Desde los 14, comencé más seguido a colaborar con mi familia en nuestra pequeña panificadora. Y además de darle a la pelota, que es mi gran pasión, trabajé en otras cosas. Siempre he sido curioso e inquieto. Y se me dan las cosas con las manos, haciendo artesanías, como jaulas y tramperos para pájaros, o también en albañilería, herrería, pintura, mecánica de motos, en fin, me gusta todo lo que tenga que ver con herramientas y fierros”, contó.

Tras esta etapa haciendo otros trabajos, un poco antes de la pandemia, Francisco se metió de lleno a la panificadora familiar, y cada vez les va mejor. Sus productos los venden en diferentes quioscos, almacenes y otros comercios, además de hacer pan a pedido para fiestas y eventos. Aunque no tienen un local donde vender su producto, él tiene visión de crecer, de armarse de un local y que el emprendimiento familiar siga creciendo.

“La verdad es que he vivido bastante rápido, pero siempre una vida sana, con el fútbol y el deporte. Fui papá a los 18 y ahora mi nena tiene 6. Por eso, tengo ganas de que nuestra panadería crezca y se siga expandiendo. Haga lo que haga, y aunque me vaya a otro lado del mundo, siento que nunca voy a dejar de ser panadero, es algo que llevo conmigo a todas partes. Lo llevo bien adentro en la sangre; la verdad es que me encanta hacer pan”, expresó.

Respecto a cuáles son los secretos de un buen panadero, Francisco la tiene muy clara: “Primero que nada, hacer las cosas con ganas. La energía que uno le meta a la masa se ve replicada en el producto, y si tiene energía positiva va a ser siempre un buen pan y de calidad. Nuestra confección es muy artesanal, muy a mano, y eso se nota en nuestros productos, que están hechos con mucho amor, algo que se percibe en sus sabores”.

En la panificadora Barrancas del Río, donde además de Francisco está su hermano Emanuel, su papá, y Adrián, un amigo y colaborador de hace muchos años, que es maestro panadero, se hacen masitas, alfajores, biscochos, masa para pizzas, medialunas y más, así como panes para lomos, hamburguesas y choripanes, estos últimos sobre todo para eventos.

“Además, desde hace unos años estamos en la Feria Franca de la Municipalidad, en plaza Independencia, y eso nos ha aportado mucho la verdad, y nos ha aumentado la clientela. Todos los días estamos creciendo un poco más, dando un esfuercito más. Estamos muy unidos y con una coordinación impresionante, y por eso queremos crecer más”, señaló.

Ahora apunta a tener su propio local. De hecho, lo intentaron hace un tiempo, pero no funcionó como a Francisco le hubiera gustado, y “ahora queremos volverlo a hacer, queremos hacerlo muy bien en esta ocasión, sin apresurarnos. La idea es hacer un buen plan para el local, queremos salir fuertes al mercado en este sentido, bien armada la marca. Y ya tengo varios espacios vistos en la zona del centro”.

A pesar de la crisis, dijo que siguen vendiendo bien, aunque obviamente el margen de ganancia se redujo, porque los insumos han aumentado muchísimo “como sea, nosotros nunca le fallamos a nuestros clientes, con la mercadería a tiempo y siempre fresca”.

“Para mí el pan es de los alimentos más nobles. Imaginate, es el cuerpo de Cristo. Así que ejercer este oficio me parece hermoso. El rubro me encanta y quiero seguir creciendo en él. Y a mis colegas en el Día del Panadero les quiero decir que sigan disfrutando de este gran trabajo, que sigan mejorando día a día, pero que recuerden que más allá de esta labor, lo más importante siempre es y será la familia.  En mi caso, la familia y el trabajo están íntimamente relacionados, lo que lo hace más especial”, concluyó.