LAS CALLES - Aldo Serrano
La pasión y la energía en una calle
El recorrido de esta arteria comienza en Buchardo, frente al Hospital Pasteur, y recorre cuatro cuadras irregulares en el barrio Ramón Carrillo, para terminar en Elpidio Torres, junto a la ruta 9Aldo César Serrano nació el 23 de septiembre de 1933. Estaba casado con Sira Pereyra y era padre de dos hijos: Oscar y Silvia.

Ingresó a la Empresa Provincial de Energía de Córdoba el 1 de diciembre de 1947. Su padre, Bernardo Serrano, ya cumplía importantes funciones en el gremialismo dentro de la EPEC. En el año 72 fue elegido para su primer mandato como secretario General de la Seccional local del sindicato.
Según sus propias definiciones, había sido tentado en varias oportunidades para cargos políticos y desechó tales propuestas. Su nombre se había instalado entre los candidatos a senadores departamentales de Unión por Córdoba en nuestra ciudad en aquella oportunidad, y con la asunción de Juan Carlos Bastos en la presidencia de la EPEC, hombre con el cual tenía fluidos y estrechos contactos, se le ofreció un cargo destacado en el Directorio de la empresa. Pero rechazó tal propuesta.

En una extensa nota con El Diario del sur de Córdoba, publicada el sábado 26 de marzo de 1994, indicó entre otras cosas: “Nací en un hogar peronista, viviendo el proceso de transformación y formándome ideológicamente en su letra y doctrina y me asumo e identifico totalmente. Precisamente, la formación política me permitió diferenciar varios aspectos, tratando de llevar la actividad gremial no solamente en lo filosófico, sino lo que ella transfiere. El país tenía mucha simbiosis entre lo doctrinario y lo sindical.
Fui tentado en varios cargos legislativos que nunca acepté. Prefiero trabajar desde la trinchera, donde me siento mucho mejor y para nada estoy arrepentido de haber descartado dichas propuestas”.
Dentro de los muchos cargos que desempeñó se encuentra el de secretario de Prensa de la CGT nacional, bajo la conducción de Saúl Ubaldini. Aparecer durante más de cuarenta años de militancia en el campo político y gremial, consolidó sustantivos contactos suyos con altas cúpulas de gobiernos nacional y provincial.
Diego Bencivenga, quien supo encabezar la titularidad del gremio, explicó oportunamente a elDiario que no tuvo “la suerte de conocer en profundidad” a Aldo Serrano: “Había ingresado a trabajar en una cooperativa del sindicato en el año 1998 y la tragedia de LAPA ocurrió en 1999”.
“Pero sí tengo recuerdos que me daban mi padre y mi abuelo, quienes, sobre todo realzaban la forma de conducción que tenía, en el sentido de ser un hombre muy simple, que trabajaba en equipo y, sobre todas las cosas, apelaba, como herramienta principal, al diálogo”, afirmó.
Y comentó que Serrano “era un hombre para el que cualquiera abría la puerta de todo despacho, y era bien recibido y atendido, más allá del partido político al que perteneciera uno y otro”.
“Sé que trabajó mucho en su momento por tener una única empresa de energía eléctrica para todo el país, y quizás uno de sus hitos más recordados fue la creación de Generadora Córdoba, en un momento en el que Argentina sufría una moda privatista y con muchos despidos de trabajadores. Él tuvo la visión y la valentía de crearla para sostener esos puestos de trabajo, potenciando las usinas que concesionó. Durante ese período ingresaron además varios compañeros a trabajar y cuando GECOR pasó a EPEC, cuando le devuelve la concesión, todos esos compañeros quedaron trabajando dentro de la empresa provincial”, rememoró.
“Todos los cuadros de él, que hay tanto en la Seccional como en el sindicato: el Centro de Formación Profesional que tiene el sindicato en Almafuerte lleva su nombre. Sus acciones se recuerdan en muchas conversaciones”, expresó oportunamente.
Falleció el 31 de agosto de 1999, en un accidente aéreo.
Aquel fatídico accidente de LAPA
El Diario, al publicar la tragedia describía así aquella situación: “No sé qué es, viejo, pero está todo bien”, dijo a las 20.52 del 31 de agosto de 1999 el piloto del vuelo 3142 de LAPA, Gustavo Adolfo Weigel, a su copiloto, Luis Adolfo Etcheverry, a pesar de un alerta que sonaba insistentemente en la cabina del Boeing 737-200 con el que pensaban despegar del Aeroparque de Buenos Aires, para aterrizar 55 minutos después en el Aeropuerto de Córdoba. E intentaron el despegue…”.
Pero la nave, lanzada a toda velocidad, jamás pudo levantar altura, embistió las rejas que marcaban los límites de la estación aérea, cruzó la avenida costanera, arrastró un automóvil y fue chocando contra unas máquinas viales, un terraplén y una estación reguladora de gas. La pérdida de combustible y el gas expelido por la rotura de la planta provocaron un incendio que causó la muerte a la mayoría de los pasajeros que habían sobrevivido al choque, entre ellos al villamariense Aldo Serrano, máximo exponente por ese entonces del Sindicato de Luz y Fuerza.
El total de víctimas fatales ascendió a 65 (incluidos el piloto y el copiloto), mientras que los heridos fueron 40.
Lo que el bip bip indicaba es que no estaban desplegados los flaps, unos elementos situados en las partes traseras y delanteras de las alas, que sirven para variar la superficie y la forma de las mismas, tanto para el despegue como para la aproximación y el aterrizaje.
La Junta de Investigaciones de Accidentes de Aviación Civil estableció que la “causa inmediata” del accidente fue la omisión del piloto de extender los flaps para aumentar la sustentación de la nave, más la desatención intencional de la alarma que alertaba específicamente sobre la posición inapropiada de los flaps; pese a que esa alarma sonó durante 52 segundos, los pilotos continuaron con el carreteo, dejando que la aeronave superara la velocidad de decisión, haciendo imposible abortar el despegue. El informe consideró que hubo una negligencia grave del piloto y el copiloto, fallecidos en el accidente, así como una serie de falencias por parte de la empresa.
