Más de 30 sacerdotes y muchos fieles despidieron a José Ángel, el obispo emérito de la ciudad
Rovai “fue un maestro, un predicador audaz”
Luego de una misa de más de una hora, fue sepultado en la iglesia Catedral, al lado de otros dos obisposA la derecha del altar, y a la izquierda de la iglesia desde la perspectiva del ingreso, en la Catedral de Villa María ya descansan los restos del obispo emérito José Ángel Rovai.
La sepultura se produjo pasadas las 16 de ayer, en la etapa final de una ceremonia que duró más de una hora, que reunió a una treintena de sacerdotes de la Diócesis, a monjas y a muchos feligreses, que llegaron al templo católico mayor de la ciudad para despedir al hombre que condujo la Diócesis durante seis años.
Pasadas las 15, curas descendieron desde el automóvil de la empresa fúnebre el féretro, en la puerta de la iglesia. Muchos pastores aguardaban en la explanada, junto a fieles. Posteriormente, llevaron el cajón con los restos del pastor hasta el espacio principal de la Catedral. El féretro permaneció en el suelo durante toda la ceremonia.
El obispo diocesano Samuel Jofré Giraudo presidió la misa en sufragio del alma del obispo emérito, que comprendió los aspectos habituales de toda ceremonia. Sobre el cierre, llegó el emotivo momento en que los restos de José Ángel fueron sepultados. Luego hubo un aplauso.
Muchas vecinas y muchos vecinos siguieron el adiós al pastor que caminó la Diócesis entre 2006 y 2013, cuando presentó la renuncia al papa por edad. Desde entonces, se instaló en Córdoba, en donde antes de su llegada a Villa María fue obispo auxiliar.
Murió el miércoles 19 de junio pasado. Lo trajeron a la Casa de la Familia, en barrio Vista Verde, espacio en donde permaneció hasta ayer, cuando llegó a su morada final. Había nacido en octubre de 1936.
Jofré Giraudo, quien fue su sucesor, lo caracterizó en una homilía de cerca de 15 minutos durante la misa de la siesta de este martes. El obispo volvió a hablar ante la concurrencia también una vez sepultado su antecesor.
“Es una misa por él, porque los cristianos tenemos la conciencia de que ha muerto en gracia de Dios, está con Dios, pero necesita purificación porque todos estamos heridos por la fragilidad del pecado. Nosotros, movidos por la caridad, y por un deber de gratitud por todo lo que él nos dejó, rezamos pidiendo por el eterno descanso de su alma”, señaló Jofré.
El jefe de la Iglesia Católica señaló características de la personalidad de Rovai. “Era un predicador, un maestro, fue profesor de Teología toda su vida. Fue entusiasta, audaz, valiente para plantear con fuerza las exigencias del Evangelio”, marcó.
Recordó que fue un hombre “apasionado, entusiasta, y eso se notaba en su modo de enseñar y de interpelar”.
“Tuvo un inmenso amor a la Iglesia. Fue ordenado sacerdote en el 63, año en que la Iglesia comenzó un proceso de reforma muy intensa, el Concilio Vaticano II. Mucha gente entonces interpretó que la iglesia debía cambiar totalmente, él tenía en claro que no”, repasó. “Fue enamorado de la iglesia, fiel a la iglesia, a la que sirvió intensamente”.
Desde ayer, descansan en la Catedral los restos de tres obispos.
El primero, Alberto Deane, que lo fue desde 1957 hasta 1977, y quien murió en 1985. El tercero, Alfredo Disandro, quien administró la diócesis desde 1980 hasta 1998, y murió en 2001, enterrado a la izquierda de Deane. Y el quinto, Rovai.
El segundo, Cándido Rubiolo, fue trasladado a Mendoza luego de dos años en Villa María. El cuarto fue Roberto Rodríguez, quien descansa en La Rioja, adonde había sido trasladado.
En el ingreso al templo también están los curas Gottardi y Pablo Colabianchi.
