Ante la dura realidad económica y social que se vive, elDiario consultó a tres psicólogas sobre lo que están observando en sus consultas

De incertidumbre y ansiedad

Podrían sumarse la ansiedad, intolerancia   e incomunicación entre quienes asisten a terapia psicológica, una realidad que, según la opinión de las especialistas, viene de la pandemia y creció en los últimos meses
sábado, 22 de junio de 2024 · 08:15

La situación económica y, por ende, social de la gran mayoría de la gente sigue agravándose. Diga lo que diga el Gobierno nacional, la realidad es que la plata no le alcanza al groso de la población para llegar a fin de mes y, para muchos, ni a la mitad del mismo. La preocupación, no ya de vivir, sino de sobrevivir, es motivo suficiente para provocar incertidumbre y angustia. Y el futuro tampoco se ve claro.

Los últimos seis meses han sido muy difíciles, no solo en lo económico, ya que el paradigma vivencial de infinidad de personas cambió en muchos aspectos. Es algo que, según  alertan las especialistas consultadas para esta nota, comenzó desde la pandemia y ahora no solo se  agravó, sino que es más complejo y tiene más aristas.

La incertidumbre dispara

La psicóloga Silvana Pons compartió su visión sobre esto: “Yo utilizo la palabra ‘incertidumbre’, que está disparando otros tipos de emociones en los sujetos que realizan las consultas, y lo relaciono con el contexto sociopolítico y económico que se vive. Las personas consultantes hablan de intolerancia, desde un lugar muy individualista, se escucha además violencia e inseguridad. Y si tengo que hablar sobre qué temores hay, se teme a la inestabilidad de los proyectos y también a la fragilidad institucional en la cual estamos inmersos, ya sean escolares, laborales, lo universitario y de un montón de espacios que se encuentran, por lo menos, cuestionados”.

Pons expresó que esto que se vive ha traído “nuevos modos de lazo social, entendiendo esto como la unión sólida entre sujetos que van a acordar intereses por el bien común en esta sociedad, teniendo al Estado como garante, y  hoy estamos ante el resquebrajamiento de ese lazo social.?Lo que hace preguntarme en cómo nos estamos comunicando con el otro y de qué  manera estamos pudiendo acordar con los otros, ya que de esa comunicación decanta el lazo social y tramitar lo que nos diferencia con el otro, ‘yo soy diferente al otro’, y hoy por hoy, eso no se está dando, y lo que existe es, más bien, la ‘aniquilación’ del otro”.

“En la imposibilidad de comunicarnos y establecer una diferencia basada en el respeto surgen los sentimientos de intolerancia, individualismo y violencia, y se termina por apelar al insulto y a la denigración. Claudio di Pinto, un psicoanalista, menciona que ‘estamos frente a un uso del adjetivo como remplazo del razonamiento’, que en general es negativo. Y en medio aparecen los medios y las redes sociales, potencializando esto, con tendencia a lo conflictivo”, indicó.

La angustia es lo cierto

“Respecto a la incertidumbre, angustia y desánimo que se vive en la realidad actual, y cómo esto repercute en los pacientes, me hace pensar si hoy la gente no es más proclive a estos sentimientos, sobre todo la angustia, que en otras épocas. La manera en que hoy esto impacta tanto en lo familiar como social produce un efecto del orden simbólico, que ha ido mutando, con cierta decadencia, en los ideales y valores que antes nos guiaban”, señaló Natalia Copertino, psicóloga.

Explicó que se ha introducido “la precariedad y la  incertidumbre, no solo en lo económico, sino laboral, social, con nuevos modos de hacer lazos poco duraderos; creo que el discurso capitalista nos propone un nuevo modo de pacto social, que no promueve lo colectivo y sí el individualismo. Hoy no hay garantías y todo es incierto, lo cual genera angustia. Al no haber los mínimos ideales creíbles, que tengan una función colectivizante, se nos deja librados al individualismo, empujando a cada a no tener otra causa, salvo la del cinismo”.

“Esta época exige a las personas ser felices permanentemente, gozar todo el tiempo y de forma inmediata, y eso impide el sufrimiento, y un rechazo de esto puede dar lugar a soluciones mágicas como la medicación y objetos de consumos, como los libros de autoayuda. Hay que saber situar a la angustia, porque no es el mismo sentimiento que la tristeza y la nostalgia. Como analistas del psicoanálisis lacaniano existe la pregunta sobre la causa de angustia, y podemos pensar que, en tiempos de incertidumbre, la angustia es lo cierto”.

Herramienta:  la palabra

Por su parte, la también psicóloga Laila Alcalá señaló que “la pandemia nos hizo olvidar  algunas herramientas que antes teníamos para salir adelante y nos dejó muy vulnerables, principalmente el poder de la palabra, para la elaboración tanto de la angustia como del duelo, que es necesario que pase por la palabra.?Y son los adolescentes quienes más lo sufren, porque en el consultorio se observa que resuelven por un acto que pone en riesgo su vida, en lugar de usar la palabra. En el actual contexto, el acto parte del vínculo que se ha propuesto ahora, a partir del ejercicio del consumo,  basado en creencias y absolutos, lo que no permite la mediación de la palabra. Y en los actos entran la idea del suicidio, accidentes de tránsito o peleas callejeras, a partir del riesgo.?Es decir, no usan la palabra para mediar o encontrar solución a la angustia que hay”.

“En los adultos jóvenes (40-50) se observa angustia mediante una evocación de la infancia y de cómo las medidas económicas, como en 2001, tuvieron impacto en sus familias, y aparecen recuerdos que no estaban, sobre el sufrimiento de empresas que se fundían, gente que perdió el trabajo, hermanos que  dejaron la universidad para trabajar; en este rango etario se ve más el aspecto del impacto económico. También se percibe en consulta un desánimo y una sensación de vacío grande. En este sentido, creo que el camino es empezar a volver a utilizar la palabra, hablar entre nosotros sobre lo que nos pasa, y volver a estrechar los vínculos”.

 

Un problema de salud mental que aumenta

La crisis económica actual, una más de la larga lista de turbulencias financieras en la historia del país, que afecta a gran parte de la población de manera por demás importante, tiene un impacto real y profundo en la salud mental de la gente. Y así lo confirman varios estudios al respecto.

Según el Observatorio de Psicología Social Aplicada de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), que realizó un estudio sobre esta situación,  el 45,5% de los argentinos está atravesando por una crisis, tanto vital como económica, y el 9,5% de las personas están en riesgo de sufrir un trastorno mental.

Los resultados arrojan que la salud mental está directamente  relacionada con el bolsillo, es decir, con el nivel de ingresos de las personas, y directamente con el desempleo, que cada vez se está viendo más en la realidad, y que tal parece se  incrementará en los próximos meses, más allá de la pérdida del poder adquisitivo.

Varios estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), The National Center for Biotechnology Information, entre otros, afirman que las crisis económicas incluyen Ansiedad, estrés y depresión; Autoestima y desesperanza; Problemas familiares y sociales; Empeoramiento de problemas preexistentes; Impacto en niños y adolescentes; Nutrición deficiente; Acceso limitado a la atención médica; y Aumento de comportamientos de riesgo.

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