Villamariense muerto a golpes en el penal de Bouwer
Comienza a haber justicia para César
No tenía antecedente alguno de haber ido en contra de la ley en sus 50 años de vida. Sufrió un brote psicótico en Córdoba capital y, en lugar de contenerlo, lo molieron a golpes“Escándalo en Córdoba: detienen a guardiacárceles acusados de torturar y matar a un preso en Bouwer. El preso, que no tenía antecedentes, habría sido atado de pies y manos durante 48 horas luego de sufrir una golpiza. Entre los detenidos están el jefe del Módulo MD1 y un médico”. La crónica del colega Juan Federico para Cadena 3 es, ante todo, rigurosa.
Indica que el fiscal José Mana sostiene que el pasado 18 de septiembre, un preso, César Darío Moreno, de 50 años, murió en el interior de la cárcel de Bouwer luego de sufrir una salvaje golpiza por parte de un grupo de guardias. Pero no solo entiende se trató de una golpiza, sino que cree que Moreno fue atado de pies y manos a una cama y mantenido así, inmovilizado y sin recibir atención médica, durante 48 horas. Finalmente, se descompensó y murió.
La víctima, César Moreno, cuya personalidad describimos en un recuadro en esta misma página, era, fundamentalmente, una buena persona. Una buena persona que sufría el trastorno de bipolaridad, una afección mental que produce cambios marcados o extremos en el estado de ánimo (los períodos de sentirse triste y deprimido pueden alternar con períodos de excitación y actividad intensa, o de sentirse malhumorado e irritable). César, exjugador y exdirector técnico de inferiores de rugby del Jockey Club local, llevaba mucho tiempo sin sufrir episodios, por lo que “un psiquiatra le habría dicho que dejase de tomar la medicación”, según señalaron ayer desde su entorno familiar a elDiario.
Pero el 14 de septiembre del año pasado, a las 14.30, ingresó a una panadería ubicada en el Paseo del Buen Pastor, en la capital provincial, sintiéndose perseguido. Como en el local no lo tomaron en serio, un brote psicótico lo sacó de su sano juicio y los empleados del establecimiento procedieron a sacarlo a empujones (escenas violentas de ese momento se viralizaron entonces en la red TikTok). A los pocos minutos, agentes de la Policía de Córdoba se hicieron cargo de la situación.
Si bien fue trasladado al Establecimiento Penitenciario 9 (ex-UCA), el 16 de septiembre se dispuso que, por cuestiones de espacio, fuera llevado a la cárcel de Bouwer, pese a que todavía no estaba resuelto si le iban a dictar la prisión preventiva.
Cuando, el día 18, la Fiscalía a cargo de Mana se anotició del deceso de Moreno en una celda de Bouwer, ordenó investigar según dos protocolos internacionales: el de Minnesota (para casos de violencia institucional) y el de Estambul (para episodios de torturas). “Esto supuso que los médicos forenses realizaran una exhaustiva autopsia, buscando con doble lupa las señales de las lesiones corporales... El informe que llegó de la Morgue Judicial fue impactante: Moreno había sufrido una fortísima golpiza antes de morir. Ya no se trataba de una descompensación natural o un infarto, como rezaba el informe carcelario, sino que las sospechas abrumaban: tortura seguida de muerte”, describió Federico en su artículo.
Todo indica que, al ingresar al penal, Moreno discutió con un guardia y fue golpeado fuertemente por otro. En lugar de recibir atención médica, fue esposado de pies y manos a una cama y dejado en una celda, aislado. Así permaneció al menos 48 horas, hasta que murió. La Fiscalía buscó y recopiló toda clase de pruebas e indicios. Y ayer ordenó las detenciones. Fueron imputados y capturados el actual jefe del Módulo MD1 de esa cárcel, un médico y seis guardiacárceles, que quedaron tras las rejas bajo una imputación que tiene pena hasta de prisión perpetua.
En la causa se remarca el hecho de que Moreno no tenía antecedentes penales ni mucho menos condena alguna.
Quién era "el César"
Cuando en septiembre del año pasado el Jockey Club publicó las condolencias por el fallecimiento de César Moreno (“exjugador de nuestro club, que pasó por juveniles, plantel superior y ‘Murciélagos’”), surgieron decenas de comentarios que pintan de cuerpo entero a la persona a la cual mataron en Bouwer. Algunos de ellos:
“¡Qué tristeza enorme, César! Tan querido por los chicos. Me quedo con las palabras maravillosas que me dijiste de Augus hace unos días en el club. El Torito, así lo llamabas. QEPD”.
Leandra Castro.
“QEPD. Excelente persona. Hasta siempre, Negro querido”.
Beto Ferreyra.
“QEPD, César. Abrazo a sus amigos y familia”.
Ignacio Bruno.
“¡Te quiero tanto, Negro! Qué en paz descanses”.
Lina de la Vega.
“También fue entrenador de rugby infantil”.
Gonzalo Enrique Páez.
“¡Abrazo, hermano querido, QEPD!”.
Germán Bernado.
“¡Que en paz descanses, César querido!”.
Romina Duarte.
“QEPD, César. Una excelente persona”.
Cristina De Dominici.
“Gran persona y profesional. Un abrazo a su familia . Una noticia muy triste”.
Andrea Donati.
“¡Abrazo eterno, querido amigo! ¡Que dios te tenga en la gloria! ¡Excelente persona! Te voy a extrañar”.
Mariano Poloni.
“¡Abrazo al cielo, hermano del alma!”
Marcos Massetti.
“¡Mis sinceras condolencias a la familia y amigos!”.
Sapo Mario Juárez.
“Abrazo, Negro querido”.
Pablo Ariel Daglio.
Podría seguir con más mensajes de quienes trataron a este ser humano en su faceta deportiva, pero me cruzo por un instante al terreno familiar, para decir que las dos últimas llamadas que realizó, el 14 de septiembre del año pasado -una a las 13.10 y la otra a las 13.40-, fueron a su hija Camila y a su exesposa Soledad, para ver cómo andaban.
La mujer le contaba ayer a elDiario: “Estuvimos juntos quince años y, aunque seguíamos legalmente casados, cada uno tenía su nueva pareja; pero nunca dejó de estar a nuestro lado, de ocuparse, de pasar por casa a vernos... Su actual pareja me comentó que algún psiquiatra le habría dicho que dejase de tomar la medicación, que estaba bien... Nos lo arrebataron... No hay día en que no espere su llamado diciéndome que todo va a estar bien, como siempre lo hacía”. Dolor y afecto. Mucho afecto.
Y suele considerarse que no está bien que un periodista hable de su propia experiencia al referirse a tal o cual acontecimiento, pero en este caso me siento obligado a decir, ratificar, que “el César”, ante todo, era una buena persona.
Vino a casa por primera vez porque dejó de funcionar el lavarropas. Una sobrina puso en un grupo de WhatsApp si alguien conocía a quien pudiera arreglarlo y apareció la recomendación. Después regresó por una mancha de humedad, otra vez por una instalación eléctrica..., y la verdad es que se hacía la luz, porque nuestros hijos lo querían, nuestros perros querían jugar con él y sobrevenían los mates, las charlas.
Un laburante hecho y derecho, “el César” que conocimos nosotros. Un facilitador, que recorría las ferreterías buscando precios para que el trabajo no fuese tan costoso y “no te preocupés, me lo pagás en dos veces”, “no hay drama, cuando cobres”...
Por donde lo mires, desde la tribuna del Jockey, desde su entorno familiar, en tu casa, sosteniéndole la escalera..., podés estar seguro de que ahí había un buen tipo, uno que a los 50 años no tenía un solo antecedente policial, pero que ante un episodio horrible que le tocó protagonizar en Córdoba capital no encontró contención, sino la misma muerte, la misma que otros inocentes.
Solo que, en este caso, un fiscal, José Mana -el mismo que quedó al frente de la causa por el gatillo fácil policial que se cobró la vida de Blas Correas-, se decidió a investigar este nuevo hecho de violencia institucional. Y todo parece indicar que Será Justicia.
Sergio Vaudagnotto
