Vía Crucis desde la Gruta de la Virgen de Pompeya hasta el Monumento al Cristo Redentor
La feligresía local colmó las calles
Cuando quienes portaban la Cruz llegaba al Monumento al Gaucho, quienes cerraban la marcha todavía estaban en el punto de partidaEncabezado por el obispo diocesano Samuel Jofré, el Vía Crucis o Camino de la Cruz, reunió ayer a más de un millar de fieles de la ciudad y la región que recorrieron juntos las estaciones de Cristo durante su Pasión, desde el Pretorio de Pilatos hasta el Calvario.
La procesión se realizó aquí entre la Gruta de la Virgen de Pompeya y el Monumento al Cristo Redentor, en cuya base se concentraron los creyentes para escuchar al obispo Jofré, que se ubicó sobre las escalinatas: “Estamos participando en esta popular manifestación del Vía Crucis, que es muy entrañable es esta fecha de Viernes Santo”, dijo al comienzo.
“Agradezco la presencia de cada uno de ustedes; es un gesto de amor a Jesús, más allá de nuestros límites, de nuestros pecados, hemos dejado nuestras cosas para venir, porque tenemos fe y porque lo queremos a Jesús... El dolor de los clavos, el dolor de los latigazos, el dolor del desprecio nos muestran el tamaño y la intensidad del amor de Dios”, expresó el alto dignatario de la Iglesia.
Mensajes
Antes, en la marcha desde la Gruta hasta el Cristo, religiosos y laicos fueron leyendo textos, intercalados con rezos, que los caminantes siguieron con atención. Así, se dijo que “hay que denunciar las injusticias, asistiendo a quienes nos necesitan” y que “movidos por el amor activo y efectivo”, debemos “socorrer al que se cae..., a los que sufren por el egoísmo y la prepotencia”.
En cada estación del Vía Crucis se leyeron frases de esa naturaleza, como la que señaló que debemos ir hacia “la conversión personal y social”.
Cerrando la marcha, casi un símbolo
La larga columna de fieles se cerraba con un grupo de Boy Scouts de la Parroquia de Lourdes, aquella que supo dirigir en los años 70 el querido y recordado padre Hugo Salvato, antes de partir hacia el barrio San Antonio de Villa Nueva, donde creó la Comunidad Joven para la Gran Comunidad.
En su mensaje al final del Vía Crucis, el obispo dijo también que “es verdad que junto al amor de Dios que meditamos en esta jornada, no dejamos de meditar en nuestros pecados; porque impresiona la injusticia de la mentira, de la calumnia, del desprecio a la vida de Jesús, que no hizo más que querernos, ayudarnos en todo y ofrecernos la gracia de Dios para irnos al cielo para siempre”. “No podemos perder esta ocasión de decirle a Dios, cada uno de nosotros, perdón por nuestros pecados. Y en eso consiste el triunfo de la Cruz en nosotros, en reconocer nuestros pecados”, manifestó monseñor Jofré.
