Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia en Villa María
Otra forma de saber lo que pasó
Imaginar, pese a todo... El emotivo escrito que se leyó en el acto del viernes por la noche, en plaza CentenarioEn esta ocasión quiero hablar sobre el poder evocador de una imagen. Y no solo de una imagen, sino de la palabra que la acompaña. Porque en la mayoría de las imágenes artísticas que refieren a hechos del pasado traumático relacionados con la dictadura cívico-militar, aparece la palabra como su fiel compañera.
La palabra acompaña las fotografías ya sea en la forma de un testimonio, haciendo una descripción, o interviniendo la foto. Como si la imagen y la palabra nos hablaran de la unión que el país necesita, o de la división que algunos quieren que exista.
Pero en esta foto artística de Paula Luttringer, tomada de un Centro Clandestino de Detención, como la mayoría de sus fotos publicadas en el libro El lamento de los muros, la cosa cambia un poco. Porque la foto nos muestra una escalera y un muro a la izquierda con letras tachadas e ilegibles que no nos permiten reconocer ninguna palabra. Quizás esto que les cuento debería llamarse la palabra rota, o simplemente la palabra muerta, pero no, la palabra no está ni rota, ni muerta, está quizás suspendida, y puede imaginarse.
¿Y por qué elegir una foto en la cual no pueda leerse ni siquiera una palabra?
Entre las muchas razones que me guían en la elección, creo que la más importante es el poder evocador de la misma, ese poder que nos permite imaginar mucho más de lo que una foto documental con sus ínfimos detalles podría hacerlo. En otras palabras, la imaginación es la vía de acceso a un mundo que existió y fue terrible, pero del que corre serios riesgos de ser olvidado, o manipulado para el olvido.
Es cierto, la escalera es la referencia indiscutible en todo testimonio de quienes han sido torturados. Muchos de los sobrevivientes de la dictadura sabían de memoria los escalones que tenían que subir o bajar, contaban cada paso para finalmente recibir la tortura, contaban cada paso para el abandono en lo más profundo de la crueldad. También es cierto que la brutalidad a la que se somete a un hombre o mujer que es torturado/a no puede transcribirse en ninguna lengua del planeta. Basta con escuchar los testimonios de los sobrevivientes para darnos cuenta de la dificultad que tienen para hacernos conocer aquello que tuvieron que vivir.
Pero además de estos motivos, hay algo que me dictó la elección de esta foto. Y es el hecho de que, al no poder leer una palabra específica, estamos obligados a imaginarla.
Porque muchos querrán que no escuchemos a las víctimas, sus testimonios, la crueldad a la que han sido sometidos. Porque querrán escribir otra historia y borrar de la memoria la tortura y desaparición durante la última dictadura. Entonces, imaginar los elementos punzantes con los que se escribió el muro, los códigos secretos que se quisieron representar, el grito sofocado del dolor. En otras palabras, estamos llamados a defender la imaginación de los golpes de la indiferencia y del silencio.
Esta foto que se ve en la pantalla nos conduce al episodio más negro de nuestra historia, y estas letras que están en la pared, como palabras rotas, nos hablan del dolor extremo al que fueron sometidos miles de argentinos y argentinas. Pero nuestra imaginación es capaz de llevarnos y debe llevarnos, allí mismo, junto al dolor, y abrazarlo con nuestro compromiso.
Muchas gracias.
(Texto escrito y leído por Juan Pablo Abraham en la vigilia por el Día de la Memoria. Dedicado a Elvio Toscano y a su esposa Hebe Hillar)
