Reflexiones en el Mes de la Mujer - Florencia Montes (UNVM), licenciada en Trabajo Social
Cuidar no es solo cosa de mujeres
En las páginas especiales por el Día de la Mujer, las entrevistadas refirieron que la naturalización del cuidado a cargo de mujeres, es la raíz de la desigualdad de género. Florencia Montes profundiza el concepto en esta notaComo Trabajadora Social que ha tenido actividad laboral en distintos barrios de la ciudad y como docente de la carrera en la Universidad Nacional de Villa María -donde además es secretaria Académica del Instituto de Sociales- Florencia Montes tiene un rol activo en la formación de profesionales con perspectiva de género.
“Primero hay que decir que la carrera de Trabajo Social tiene en sus implicancias para el ejercicio profesional, la transversalidad en la perspectiva de género”, indicó. Es decir, que independientemente del área de actividad en que se desempeñe la trabajadora social, tienen en cuenta las condiciones en las que se desarrollan las mujeres y los cuerpos feminizados.
Hay materias de la carrera donde se profundiza más que otras esta perspectiva. El caso de Teoría y Práctica del Trabajo Social IV, donde abordan los “Procesos de intervención en escenarios familiares”, tienen en cuenta las problemáticas de las familias o, como prefiere denominarlas la entrevistada, las “unidades domésticas para la reproducción de su vida cotidiana”. Y agrega: “Son organizaciones que conformadas por diferentes generaciones, cada una de las cuales está atravesada por problemáticas diferentes”.
Además, “cuando, intervenimos con problemáticas que atraviesan las familias, las actividades que se desarrollan para la reproducción de la vida que se desenvuelve en el ámbito de lo privado, advertimos que las mujeres tienen un rol central en las tareas de cuidado, tanto para las infancias, como para personas mayores o con discapacidad”, agregó.
-¿Cómo abordan esas problemáticas para hacer más equitativo el trabajo invisibilizado del cuidado?
-Las estrategias tienen que ver con desnaturalizar la desigualdad de género, poder desarrollar abordajes donde esta desigualdad de género se cuestionen y armar y fortalecer redes de contención y de apoyo para el desarrollo de esas tareas, que, hay que señalarlo, también se dan entre mujeres.
Y por supuesto, también pensar en incentivar el compromiso de los varones para estas acciones.
Como se sabe, para garantizar la reproducción de la vida y de cuidado, ese trabajo se realiza en el ámbito familiar, o se terceriza. Esa tercerización puede darse cuando la provee el Estado o, si no el mercado. Ahí se manifiesta una dificultad extra cuando la condición social limita el acceso a ese servicio provisto por el mercado y se agrava cuando el Estado no está presente. Ahí es cuando se familiariza el cuidado como única alternativa, recayendo toda la responsabilidad en las mujeres.
En síntesis, ser mujer y pobre es más complicado; y peor aún, cuando hay una retirada del Estado o cuando el Estado, si bien está presente, lo hace con acciones que refuerzan el rol de la mujer en esas tareas.
El trabajo de cuidado, en síntesis, es una tarea que termina resolviéndose familiarmente o comunitariamente y en esos casos, como todos podemos ver cuando se organizan, por ejemplo, comedores en los barrios, las que están al frente siempre son las mujeres.
Analizado desde la práctica - Siempre son ellas
“Cuando pensamos en el diseño de servicios sociales, muchas veces está pensado para mujeres o cuerpos feminizados”, explica Montes. Esto se da en la práctica, porque quienes acuden a esos servicios, en general, son mujeres. Las que van a una charla, la que acompañan a hijos e hijas, al médico o las que buscan el bolsón de alimentos o los útiles escolares.
Mirando hacia adentro de la actividad, el Trabajo Social es “una profesión altamente feminizada que trabaja en las necesidades de distintos grupos, cuando aparecen obstáculos para la reproducción de la vida cotidiana”.
“Desde el origen de la actividad, antes incluso que sea una carrera universitaria, la acción fue desarrollada por mujeres y estaba muy vinculada a la caridad y a la filantropía”, señaló. Hoy “el colectivo profesional y de estudiantes, está integrado mayoritariamente por mujeres”, precisó.
“Esto tiene que ver con el tipo de tarea que la sociedad asigna con el criterio de una división sexual del trabajo y también, por eso, es una profesión que muchas veces está poco reconocida salarialmente, o que se ejerce en condiciones precarias”, agregó.
“Más allá de una lectura crítica, vemos que ha habido avances, no lineales, porque las mujeres están ocupando otros espacios fuera de su casa, pero sin dejar de hacerse cargo de las tareas de cuidado. Es decir, hablamos de doble jornada laboral y hasta de una tercera, cuando son ellas las que se suman las tareas comunitarias”.
Esto “nos deja expuestas, cansadas. Las consecuencias que tiene esa carga mental y física, impacta en nuestra salud y si alguna decide no asumir esa tarea desigual, en muchos casos termina con culpa por el cuestionamiento que la sociedad realiza a quien no acepta estar sobre exigida”.
“Hablar de esto es el principio del camino para desnaturalizar que el cuidado lo deben afrontar mujeres”, concluyó.
