Octava entrega. Epílogo del diario del viaje a Malvinas de cinco profesores de la UNVM
“Malvinas es el punto 0 de nuestra Patria... Una herida que no cierra”
¿Viajar está reñido con nuestros reclamos de soberanía? “Nuestra presencia incomoda, cuestiona, divide los débiles argumentos británicos. A mayor hostilidad, más se evidencia la fragilidad de ese régimen”Escribe Jorge Foa Torres
ESPECIAL PARA EL DIARIO
Epílogo: los agujeros de la memoria
Desde un comienzo diversos interrogantes, propios y ajenos, surgieron para cuestionar el viaje a Malvinas.
“¿Para qué vas a las Islas? ¿Vas a ir a sufrir en las vacaciones?”.
Intuía una gran experiencia, pero ni por cerca lo que terminó siendo. Malvinas no es ni tan solo un destino turístico ni un lugar más en el mapa. Es el punto 0 de nuestra Patria. Un reclamo que nos constituye ante los imperialismos y ante los pueblos del mundo. Es la causa de un deseo, irrenunciable, de soberanía.
Como todo objeto ansiado, viajar a Malvinas me generaba el interrogante sobre el después. ¿No sería un error habitar ese objeto de deseo y, en ese mismo acto, disolverlo como tal? ¿No sería mejor dejar en lo imaginario a ese suelo tan querido? Como dijo Mariano al llegar a Gallegos: “Me siento triste, vacío… Capaz que porque allá estuve muy lleno”.
Pisar ese suelo interpela, shockea, irrumpe, marca.
Malvinas es una herida, un agujero que no cierra y que quizás no se cerrará nunca. Porque quizás esas hermosas islas están ahí para recordarnos la estructural injusticia del sistema mundial. Porque, quizás, los caídos están ahí, en esa colina cerca de Darwin, para recordarnos que podemos ser un pueblo digno capaz de honrar a nuestros/as muertos/as.
Entonces, se puede responder que viajar a Malvinas puede ser un gesto político, ético, humano. Que viajamos cinco amigos y volvimos cinco hermanos. Y que tal peregrinación, antes que terminar con un deseo, lo relanza y lo desplaza.
¿Viajar está reñido con nuestros reclamos de soberanía? Hay, al menos, dos cuestiones de peso para responder a esta pregunta. Por un lado, que el sello de “Falklands Islands” en el pasaporte es indudablemente un insulto a nuestra soberanía. Pero que pisar y habitar ese suelo, a pesar de los costos, las hostilidades y los perversos sarcasmos británicos, es una muestra de nuestro deseo inquebrantable de integrar al archipiélago a nuestro territorio nacional. Y en eso no debemos ceder. Segundo, que el falklanismo y su metafísica se ha constituido en un régimen de dominación de la población de las islas.
Y que, frente a ello, nuestra presencia incomoda, cuestiona, divide los débiles argumentos británicos. A mayor hostilidad, más se evidencia la fragilidad de ese régimen.
¿Justo en estas circunstancias viajar, con Milei de presidente? Creo que no había mejor oportunidad para hacer este viaje. El amor a nuestra Patria deberá reconstruirse desde viejos y nuevos cimientos. Quizás, las bellas Malvinas, con nuestros héroes ahí, puedan ser el punto de unión y fuerza para los tiempos por venir…
¿Viajar a Malvinas no es acaso reivindicar la dictadura? ¿Qué relaciones hay entre el terrorismo de Estado, la guerra, los reclamos de soberanía y nuestros caídos y veteranos? A esto solo puedo atisbar a decir que hay elementos de la(s) memoria(s) que no son dialectizables. En otras palabras, que a veces no hay ninguna síntesis detrás de tales o cuáles acontecimientos. El hecho de que los jerarcas de la dictadura, para sostener el régimen, hayan tenido que echar mano de una causa justa, de una causa soberana, de que Giachino haya tenido que ser el primer caído en las inmediaciones de la casa del gobernador usurpador… La memoria no tiene por qué ofrecer sentidos; a veces, solo nos trae agujeros...
Fin. ¿Fin?
