Sexta entrega del diario del viaje a Malvinas de cinco profesores de la Universidad Nacional de Villa María
El colonialismo que “sentimos en la carne”
El relato de hoy contempla la mirada británica sobre las islas. Vernet es tratado como pirata; Lavalle, como un líder ilegítimo; y el Gaucho Rivero, como un terroristaDía 6: El colonialismo
Me despierto como si el día de ayer hubiese quedado lejos en el tiempo. Los dolores se van yendo a medida que la visita al Cementerio Argentino es puesta en palabras... Bajamos al pueblo a hacer el recorrido completo del Museo. Un enorme crucero descansa en la bahía. La costanera de Puerto Argentino está llena de turistas por segundo día consecutivo. Nos comentan que cada uno/a debe pagar una tasa para descender en la isla y, a cambio, la visita al museo de las "Falklands" es gratuita.
La estructura del museo es de madera y su presentación más bien austera. La primera sala, una de las principales, lleva el nombre de muchos carteles que pululan en la ciudad y en el mismo hotel donde nos alojamos: "The essence of our community" (La esencia de nuestra comunidad). En esos carteles la frase es epígrafe de fotos y relatos de vida de los/as isleños. En la sala se despliega la versión británica de la historia de las "Falklands". Vernet es tratado como un pirata, Lavalle como un líder ilegítimo y el Gaucho Rivero, como un terrorista. Mientras, un mapa muestra a la "Falkland Island Company" (FIC) como propietaria de más de un tercio del archipiélago. La presencia británica aparece como siempre pacífica y la historia inicia en 1833.
En otra sala se proyecta un documental: "La guerra de las Falklands desde los ojos de nuestros niños". El respeto a lo vivido en esos días por isleños e isleñas en esos días es innegable. Al igual que la burda y maniquea operación política que esta escenificación representa.
"¿Vamos a la pingüinera o al cementerio?" Dice una argentina que descendió del crucero. Otro, compra souvenires de las "Falklands". El profesor sale presuroso del museo, quiere evitar cualquier altercado.
La siguiente sala devela el propósito de la absurda posesión británica del archipiélago: "Next stop: Antarctica" (Próxima parada: la Antártida). A la que califica como "el más grande laboratorio del mundo".
Todos los elementos del colonialismo se despliegan ante nosotros. En la faz autocolonial, el desprecio a nuestros muertos y nuestra historia se funde con la idealización del más poderoso y la banalidad turística. Del lado imperial, la exaltación belicista se une a la imposición de una versión maniquea y reduccionista de la historia. Por fin salimos. Pero antes dejamos un pequeño mensaje en el libro de visitas. Con Mariano llegamos a la conclusión que tenemos que dejar constancia de haber estado aquí, de que no cedemos en el deseo de estar aquí.
Emprendemos una larga caminata al aeropuerto construido antes de la guerra por nuestro país, en el extremo este de la Isla Soledad. Los paisajes deslumbran nuevamente, ¡qué maravillosa es Argentina!
Ya en el hotel, M., quien viajó con sus dos hijos de 11 y 15 años, nos advierte que hay una mesa de pool en la otra ala del hotel. Hacia allá vamos, pero antes nos cuenta que hoy fueron al Cementerio Argentino. Que se les acercó un hombre que como un turista más caminaba entre las tumbas. Que a poco de hablar recordó cuando su hermano volvió de la guerra al pequeño pueblo chaqueño natal. Que le quedó grabada la imagen de él, en el marco de la ventana de la cocina, solo, con un bolsito en la mano. Y que a partir de allí no pudo controlar el llanto. Que quería volver con su hermano. M y sus dos hijos, entre Disney y Malvinas, eligieron viajar a Malvinas. Y evidentemente ha sido una decisión arriesgada... Malvinas atraviesa nuestros cuerpos, al colonialismo lo sentimos en la carne.
Continuará en nuestra edición de mañana, con la séptima entrega.
