Quinta entrega del diario de viaje a Malvinas de cinco profesores de la Universidad Nacional de Villa María
"Lo que vinimos a buscar no es eso..."
El humor y el afecto hace de este viaje un cóctel maravilloso de carcajadas y llantos, de discusiones a viva voz y emociones a flor de piel, de anécdotas de toda claseEscribe Jorge Foa Torres ESPECIAL PARA EL DIARIO
Día 5: El Paraíso
Me despierto como si no hubiese descansado. Tengo dolores varios, pero el de la espalda se destaca sobre el resto. Solo varias horas después podré advertir que la visita al cementerio no terminó y quizás no termine nunca.
¡Tengo que escribir! Me queda aún completar el día 3 y el tiempo apremia. Me visto rápidamente, luego me lamentaré de haberme abrigado tanto. Salgo a las apuradas, hoy visitaremos Sapper Hill.
Pero antes de continuar debo hacer un paréntesis y advertir varias cuestiones. Primero, que el espíritu de nuestro grupo nos hace una comunidad, nos hermana. El humor y el afecto hace de este viaje un cóctel maravilloso de carcajadas y llantos, de discusiones a viva voz y emociones a flor de piel, de anécdotas de toda clase, del truco por las noches y del ferné que, tristemente, se nos acaba al cuarto día.
El Profesor alterna su eminencia con sus imitaciones desopilantes, Mariano su profundo conocimiento histórico-político, con sus agudos chistes y comentarios, Javier su atención cotidiana a cada uno y a las necesidades del grupo con la ironía y el sarcasmo, Gabriel su alegría con su chispa. La complicidad como estandarte y el compañerismo como Norte.
Segundo, que algunas identidades, como así también ciertas situaciones, fueron preservadas para evitar malos momentos a trabajadores/as y lugareños/as inmigrantes.
Tercero, que sobrevuela siempre una duda sobre qué publicar y cómo decir. Ello obedece, fundamentalmente, a las condiciones socioculturales de la Isla que podrán precisarse en otro momento.
Sapper Hill es una montaña rocosa con laderas empinadas. Subo cerrando la fila y a duras penas. Gabriel también está fatigado. El Profesor siempre enérgico me da la impresión de tomar fuerzas, cual aljibe, de las profundidades de sus conocimientos y vínculos con veteranos y familiares de caídos. Javier y Mariano se acercan con vivacidad a cada posición de combate. A pesar de los años, muchas de estas se mantienen en buen estado. Cordones, trozos de camisas, maderas, marmitas y todo tipo de restos están allí, aún. Los techos de chapa, madera y caño se sirven de las piedras para cerrar pequeños habitáculos. Son santuarios.
Tras una breve charla acordamos no publicar las fotos de esos sitios. Lo que vinimos a buscar no es eso. Ni el belicismo, ni alguna morbosa banalidad.
Continúo cansado, estoy agotado, ¿por qué tanto? El camino escarpado me cuesta muchísimo. Los compañeros me ayudan, incluso me dejan descansar tirado en el suelo.
Caemos en la cuenta de que este no es simplemente un viaje, es una peregrinación. La peregrinación de los 5.
Iniciamos el descenso, la vista es maravillosa y una cruz, que recuerda a los caídos en la Primera Guerra Mundial, se interpone a la escenografía de la bahía y Puerto Argentino.
Hace calor y el sol pega fuerte. A campo traviesa, entre pastizales y turba llegamos al barrio más alejado de la ciudad.
Cruzamos la pista de carrera de caballos que se usó para descender del avión en la Operación Cóndor.
Más allá las casas y cercas de madera están relucientes. Tomamos la costanera en uno de sus puntos más alejados. Atravesamos la casa de la gobernación con sus jardines, donde las tropas británicas se rindieron el 2 de abril de 1982. Hacen más de 20 grados y el mar y el viento están calmos. Malvinas es un paraíso. Lejos de la idea de unas islas lejanas, inhóspitas, áridas y gélidas. Lejos de la idea de unas islas que no valían la pena. Lejos de eso, un paraíso ocupado hoy por un estado imperialista, a través de una población sometida a un régimen de amplias restricciones de las libertades individuales.
El busto de Margaret Thatcher mira a la bahía. Las flores a sus pies y la vista impertérrita. El memorial a su lado celebra la "liberación" de los isleños.
Más adelante, el cartel del "Malvina House" reza: "abierto a no residentes".
Ya en el hotel no estoy convencido de escribir sobre el día 4 (el de ayer, el de la visita que realizamos al Cementerio Argentino). Comento a Mariano que estoy pensando en subir a las redes, únicamente, el poema que está en una de las paredes de granito del cementerio.
"Pero vos sentiste algo allá", me dice.
"¿Qué sentiste?"
Debo escribir, lo necesito…
Continuará en nuestra edición de mañana
