Una charla con excombatientes y los profesores universitarios que recientemente visitaron las islas

Malvinas: ayer, hoy y siempre

El Salón de Usos Múltiples de Cooperativa Comunicar vio colmada ayer su capacidad durante un acto conmovedor, que sirvió para reivindicar la soberanía argentina sobre las islas y rendir homenaje a nuestros héroes
jueves, 22 de febrero de 2024 · 07:30
Jorge Foa Torres, Gabriel Suárez, Javier Díaz Araujo, Mariano Andreis y Pablo Wehbe, los docentes de la Universidad Nacional de Villa María que fueron a las islas y publicaron el diario del viaje en El Diario


Alguien del público formuló una pregunta dirigida a los excombatientes de Malvinas: “¿Se sentían preparados para ir a la guerra?” Y dos de los seis héroes presentes se pasaron el micrófono para responder. El primero de ellos afirmó que “nadie está preparado para matar a otro”. El segundo dijo: “Dejamos la carpeta de la secundaria sobre la mesa y nos pusieron un fusil en las manos”.

Fue hacia el final de un encuentro intenso, de sensaciones profundas, que se prolongó por casi dos horas, en la sede de Cooperativa Comunicar, editora del El Diario.

El acto surgió luego del viaje a las Islas Malvinas de los docentes de la Universidad Nacional de Villa María, Jorge Foa Torres, Gabriel Suárez, Javier Díaz Araujo, Mariano Andreis y Pablo Wehbe, quienes volcaron sus impresiones, a modo de diario de viaje, en ocho ediciones sucesivas de este medio. Ellos abrieron el intercambio, comentando a los presentes qué fue lo que más los conmovió durante su permanencia en el archipiélago austral.

Y los excombatientes Julio Tabares, Sergio Serángeli, Horacio Faró, Elio Grandis, Erik Langer y Guillermo Gutiérrez, explicaron, seguidamente, lo que representa que existan compatriotas que viajen a Malvinas, como los catedráticos e investigadores de la UNVM y otros que deseen viajar a las islas, aunque todavía no lo hayan podido concretar.

Los héroes coincidieron en que -en buena medida- ha dado frutos la prédica en pos de la malvinización, que vienen realizando durante gran parte de los 42 años transcurridos desde la Guerra del Atlántico Sur.

Recordaron el duro regreso al continente, las escenas de dolor que circulaban por los pasillos del Hospital Militar, cómo algunos Gobiernos y una parte de la sociedad quería esconderlos “debajo de la alfombra” y cómo fueron colegio por colegio, primario, secundario, para reivindicar la soberanía nacional sobre las islas. “Ahora, a través de esta relación con los profesores, llegamos a nuestra Universidad que, inclusive, tiene una cátedra sobre Malvinas” (a cargo de Wehbe), expresaron.

 A los profesores se les preguntó por la hostilidad que sintieron de parte de los isleños -descrita en el diario del viaje que publicamos en nuestras páginas- y explicaron que surge de un relato que el régimen castrense imperante en Malvinas pretende instalar, fomentando una suerte de nacionalismo (sin bases sólidas históricas, políticas, ni científicas). “Esa actitud hacia nosotros también puede leerse como una señal de debilidad”, deslizaron.

El intercambio estuvo acompañado por una serie de detalles que fueron surgiendo y que servían para subrayar algunas de las ideas. Por ejemplo, que en esa suerte de free shop en el que están convertidas las islas, no existen los productos argentinos (el vino Santa Julia aparece bajo la bandera uruguaya).

Aspecto que presentaba el Salón de Usos Múltiples de Cooperativa Comunicar durante la charla que se prolongó por casi dos horas, llena de testimonios conmovedores

La vía diplomática

Cuando alguien quiso saber si los exsoldados volverían a las islas a combatir, encontró una negativa (“no iría yo, ni dejaría que fuese un hijo”) y, enseguida, vino una señal en dirección de la vía diplomática.

“Ahí están las resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas; el pedido de diálogo. Si una potencia de semejante envergadura no quiere sentarse a dialogar, es porque no tiene razón alguna para esgrimir”, afirmaron.

El profesor Wehbe dictó entonces una clase rápida de derecho internacional, para aclarar más el manto de neblina y acrecentar el deseo de algunos de los presentes de pisar ese suelo, sobre el que se asienta una de las bases militares más grandes del mundo. Aunque en el pasaporte vaya a figurar un sello que refriegue ante los ojos que se ingresa en condición de extranjero, vale la pena ir a izar el corazón celeste y blanco y dejar una flor roja en el cementerio de Puerto Argentino, en cuya puerta alguien ató una cinta que dice “Gracias por tanto; perdón por tan poco”.

“Malvinas: ayer, hoy y siempre”, fue el lema con el que se convocó el acto de anoche. Proseguirá el 1 de abril, en la Vigilia ante el Monumento ubicado España y Vélez Sarsfield, para abrazar, como cada año, a quienes por siempre serán héroes y decir una vez más que esas islas “fueron, son y serán argentinas”.

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