Dos socios históricos del Club Unión Central, Delfor Menard y Rogelio Negrini, hablaron de la importancia de estas instituciones como espacios de contención social en tiempos de crisis
“Los clubes de barrio están para ayudar y ser mejores”
Ante la difícil situación económica y por el embate contra estos lugares donde lo deportivo, cultural y social son una sola cosa, y que tanto bien hace a las familias argentinas, la visión de un par de conocedoresEl club de barrio, y más dentro de la idiosincrasia argentina, es el epicentro de una comunidad en constante transformación, en donde lo social y lo familiar se fusionan para crear algo mejor, dando razón de ser al sentido de pertenencia, y donde más allá de crecer en lo deportivo, sea jugando fútbol, básquet, vóley o el deporte que cada club ofrezca, el individuo crece en lo personal y como parte de un todo. Y este todo contiene, guía y enseña, por lo cual es y será parte esencial de la vida en sociedad. Además, es un auténtico refugio para chicos -sobre todo- y grandes en tiempos difíciles, como los actuales, y cobija siempre en más de un sentido.
En un momento en que desde las más altas esferas del poder político se ha puesto en discusión si los clubes de barrios (empezando por los más grandes, sobre todo de fútbol) deben convertirse en sociedades anónimas, es de vital importancia recordar no solo la labor deportiva per se que hacen estas organizaciones, sino también la labor cultural y más aún en lo social. Sobre todo, en el contexto de una crisis económica como la actual, quizá sin precedentes, donde el club de barrio seguro será un espacio protagonista de contención social.
Unión Central
Como tantos otros clubes de nuestra ciudad y del país, el Club A.B. Unión Central es un lugar donde quienes asisten se hacen mejores personas. Fue fundado el 8 de junio de 1908 y es quizá el club más añejo de la ciudad. Por ahí se disputa este honor con el Club Sarmiento -hay varias opiniones y datos-, pero esa ya es otra historia. Como sea, “el Glorioso” Unión, situado en el barrio Centro Sur, es un espacio donde varias generaciones de villamarienses pasaron y vivieron, además de experimentar esa contención, una socialización sana, y fueron parte de una familia que trasciende las puertas de los hogares, atraviesa el club y se extiende por toda la ciudad.
Dos villamarienses, que han vivido en el club de toda su vida, habiéndose no solo criado en el mismo barrio (uno, desde su infancia), sino en casas colindantes al histórico predio, por lo que incluso uno de ellos entraba por las tapias como si fueran una extensión de las mismas, son Delfor Menard (84), que jugara destacadamente y mucho al básquet; y Rogelio Negrini (77) -papá de Leo Negrini, actual presidente del club-, alguna vez jugador de fútbol de la institución. Ambos saben y confirman la labor que el club hizo en ellos para hacerlos personas de bien, y a miles más. Una labor de contención y guía que en estos tiempos tiene mucha trascendencia, y la tendrá aún más, seguramente, en los meses por venir.
“Para tener sentido de pertenencia, antes de jugar en el club siempre se pedía a la gente que se hicieran socios, y eso nos daba una identidad en común”, señaló Rogelio, quien vive actualmente a dos casas del club y que subsiste exclusivamente de las cuotas de los socios y verdaderos dueños.
Por su parte Delfor, quien confiesa que durante los últimos años no asiste tanto, afirmó que “muy seguido paso en el auto y me doy una vueltita para ver la casa de mi abuela, que estaba acá a la vuelta de la sede. Luego paso por el club, y uno se saca el gustito con todos los recuerdos que se vienen encima, lo que me pone feliz y, a veces, hasta me dan ganas de llorar”.
Los dos concuerdan en que el Club Unión Central ha cumplido una destacada labor desde lo social, de contención e identidad en todos lo que pasaron por ahí desde que eran niños, donde el maravilloso viaje de la vida comienza, y con más fuerza y sentido aun cuando el club se vuelve protagonista de la travesía de vivir.
Club y familia
“Cuando era chico, desde antes de los 8 años, me la vivía acá adentro. Era absolutamente feliz, hacía deporte y convivía con mis amigos, pero también con mi familia. Porque el club estaba integrado a las familias y las familias al club. Era un todo. La gente, en mi tiempo, salía del trabajo, iba a al club, y de ahí a su casa”, indicó Delfor.
Para Rogelio, personas como Delfor, que prácticamente nacieron en el barrio, por ende, en el club, “no deberían ni siquiera haber tenido que hacerse socios, porque eran parte esencial de él; son parte intrínseca de su historia”.
“De hecho, a personas como él deberían haberles pagado por venir y no cobrarles, porque son la historia misma del club. Yo ya llegué más grande, porque soy de Elortondo, Santa Fe, pero allá, igual, desde chico viví en el club de mi barrio”.
Explicaron que, en sus mejores tiempos, y aún ahora, el club contribuía a una mejor formación de las personas en todos los sentidos “como individuo social, porque los chicos, aunque también aprendían cosas en la calle y eso era un poco inevitable, como las puteadas, je, acá se hacían mejores personas”.
“Pero no solo el Club Unión, que para mí es el más añejo, por pocos meses, que el Club Sarmiento -aunque ellos van a decir lo contrario, obvio-, sino todos los de la ciudad son una prioridad desde lo social. Acá tuvimos grandes éxitos deportivos, fui campeón en básquet en tres ocasiones, de fútbol salió gente como Miguel Ángel “el Zurdo” López, que dirigió en Colombia y México. También en las bochas, el box y otras actividades donde todo lo deportivo iba de la mano de lo social, que también es una expresión cultural de la vida misma”, dijo Delfor.
Contención y guía
Sobre cómo el club de barrio ayudó -y sigue ayudando- a una sociedad en medio de una crisis social que puede llevar a chicos y chicas por el camino de la mala vida, Rogelio dijo que “acá se plantea la existencia a una verdadera y profunda lucha entre el club y el éxito; lamentablemente, en busca de la excelencia deportiva, a veces se ha dejado afuera a una gran cantidad de chicos. Pero, paradójicamente, lo familiar hace que quienes no destacan ni entrenan -que antes eran muchos más, en sus equipos- también vivan en el club, pero desde otro lugar. Y más en el pasado”.
Para Rogelio nadie tiene derecho a impedir que los chicos puedan acceder y competir, aunque no tengan el nivel de excelencia, “lo que a veces es contradictorio con los valores de club, porque está la cuota y el talento de cada uno para cierta disciplina, pero todos deben tener las mismas oportunidades. Acá tenemos hoy 200 chicos jugando al básquet y cerca de 150 al fútbol (y más de 600 en todas las disciplinas). Unos juegan mejor que otros, y hay chicos discapacitados y chicos de otros barrios, no solo de este. La idea es que todos participen, porque hay que abrirle los brazos a todos”.
Delfor, mientras tanto, recordó otros tiempos donde lo social y la gran unión en el club produjeron grandes resultados que ayudaron a mejorar el club en lo edilicio, por ejemplo.
“En la época que hicimos los carnavales toda la gente colaboraba. Ahí era una comunidad trabajando por un mismo propósito. Eran 7 u 8 noches de carnaval, donde se llenaba todo, impresionante. Y rescato algo muy importante: porque los carnavales le dieron al club el oxígeno financiero más importante de aquellos años y con el que se hizo esta sede (de la calle Rucci), que fue por ahí en el año 66”.
Otras de las cosas que se destacaron, respecto a la labor no solo social, sino cultural (por ende, educativa, más allá del deporte), es que en los años 50, cuando Delfor era chico aún, todavía estaba la Biblioteca Popular Unión Central “y funcionaba desde las 8 a las 11 de la noche, con una bibliotecaria que se dedicaba a eso enteramente. Y ahí muchos chicos se encontraron con el mundo de las letras y el conocimiento, lo que también los encaminó desde el punto de vista cultura y educativo”.
Y Rogelio, ante la pregunta de si algún insigne socio, por ejemplo, llegó a ser intendente, contestó con ímpetu, para recordar que el club es también un ente político, donde igual no existe la grieta y cada quien piensa como quiere: “de hecho, fui dos veces candidato a intendente, pero nunca gané, je. Sobre la cultura tengo una visión muy particular, porque hay una del tipo elitista, que son brillantes y están en otro nivel, como los escritores y filósofos; pero si hablamos de temas concretos, de nuestra cultura, lo que compartimos y lo que somos, incorporado a la idea de la formación del club y sus objetivos, está la familia, que es un elemento cultural de primer orden. Para los latinoamericanos, la familia es el centro de todo, y el club es una extensión de ella, por lo que la hace más grande y fuerte. El club es cultura cuando incorpora a la familia como elemento de organización de la comunidad”.
Lo que se viene
Mientras la charla va y viene y se introduce por caminos impensados, llenos de riqueza conceptual e ideas, tanto Delfor como Rogelio concuerdan en que “los clubes de barrio están para ayudar y ser mejores, y mucho más en estos tiempos socioeconómicos difíciles que corren”.
“Hoy es un momento muy complicado y ya lo estamos viendo, porque ya se visualiza que muchos chicos no tienen para pagar la cuota del club y ya se está viendo cómo hacer para que no dejen de venir. Creo que se complicará los próximos meses. Y ahí el club jugará un partido importante en la contención de muchos chicos y familias”, expresó Rogelio.
Y tantos otros clubes más...
?Cuando hablamos de clubes de barrio, no podemos dejar de mencionar a todos los otros que existen también en la ciudad de Villa María y toda la zona, quienes cumplen la misma labor deportiva y cultural, además de su natural e importantísima función como espacio de contención social para miles de chicas y chicos, encaminando, desde ahí, sus vidas para bien.
Muchos clubes barriales podemos mencionar -seguramente se nos pasarán algunos-, como el River Plate del Almirante Brown, o San Lorenzo y Juniors en el barrio las Playas, que también contienen a un montón de pibes que tiene una difícil situación de vida, y que gracias estos clubes encuentran razones para crecer desde lo deportivo y lo social. O qué decir del Club Ameghino que, como el Unión Central, tiene una gran historia basquetbolística, ni se diga una brillante actualidad, y que ha sido referente del barrio del mismo nombre, así como ejemplo para sus socias y socios a lo largo de los años y los cientos de chicas y chicos que han formado parte de sus diferentes disciplinas y divisiones. Podemos mencionar también al Club Central Argentino, del barrio Güemes, otro histórico.
Estos queridos clubes, que incluso ayudan en lo social más de lo imaginado, también están en toda la zona del Departamento General San Martín y son igualmente importantes.
