Cinco profesores de la UNVM, conmovidos por una decisión que acaba de marcar sus vidas

Estuvieron en Malvinas y comparten la experiencia con nuestros lectores

Cada minuto, cada detalle, quedó asentado en un diario de viaje. Desde la partida en el aeropuerto de Río Gallegos hasta los sentimientos más profundos. Paso a paso. Día a día...
jueves, 1 de febrero de 2024 · 07:00

Escribe: Jorge Foa Torres ESPECIAL PARA EL DIARIO

 

La escritura de este diario surgió como una necesidad de transmitir una experiencia inigualable y transformadora: pisar el suelo patrio más nuestro de todos, las Islas Malvinas. El viaje se cocinó (como no podía ser de otra manera) en el transcurso de varios asados que tuvimos el honor de compartir con veteranos y que motivaron la aventura: Guillermo Gutiérrez, Erik Langer y Eduardo Faró. También, en alguno de esos encuentros estuvo presente Juan Rattembach, nieto de Benjamín y actual secretario ejecutivo del Museo de Malvinas.

Cinco profesores de la Universidad Nacional de Villa María nos decidimos entonces a hacer el viaje sin dudarlo, a pesar del esfuerzo económico y del tiempo de vacaciones que podríamos haber compartido con nuestras familias. Pablo Wehbe y Mariano Andreis nos impulsaron e invitaron a Gabriel Suárez Fosacecca, Javier Díaz Araujo y yo, Jorge Foa Torres. La experiencia valió con creces…, al punto de ser la experiencia de nuestras vidas.

 

Día 1:

El viaje de los 5

La ansiedad aumenta en el aeropuerto de Río Gallegos. Javier sale a fumar y Mariano lo acompaña. Gabriel se sienta a mi lado. El profesor Pablo permanece de pie. La pantalla anuncia "Puerto Argentino", vuelo N° 897.

El avión se completa, excepto por el asiento a mi lado, el de la ventanilla de la izquierda. En el mar, incontables puntos blancos pululan: un sinfín de olas rompen sin playa. Nos acercamos. ¿Aparecerán las Islas por esa pequeña ventana? Poco después, la alegría es enorme, el lado es el correcto y comienza a dibujar el contorno de ellas. La emoción me invade; por primera vez, puedo ver ese territorio, el más deseado, el robado, el negado, el que parece imposible, el sacrificado… Pero, por sobre todo, el sagrado.

Al decir de la marcha, tras un manto de neblina, se despliega ante mis ojos un archipiélago sorprendentemente bello. Lejos comienzan a quedar las ideas de un terreno hostil a la vista.

El descenso es dificultoso. Las vueltas del avión alrededor de la isla alimentan el temor de que el viento no nos permita tocar la tierra nuestra.

Por fin, la aeronave aterriza y frena su marcha.

Los ojos brillosos, las lágrimas contenidas, la emoción toda de los y las argentinas y argentinos presentes contrastan con las risas de los ingleses.

La recepción en la base militar de Monte Agradable es tan absurda como tantas otras cosas que suceden en estas islas. El olor desagradable y las luces estridentes reciben a propios y extraños que, amontonados, esperamos pasar por migraciones y tomar nuestro equipaje. "No, no you can't!", nos dice una "police" rubia y muy joven. Debemos devolver las valijas a la cinta. Finalmente, estamos los 5 subidos al ómnibus. La charla, como siempre, es animada y jocosa. La presencia de otros/as argentinos/as ayuda.

A poco de andar, corroboramos lo que había advertido desde el avión: la enorme belleza de las Islas. Los ríos de piedra en las laderas de las montañas son algo maravilloso. Por su gran extrañeza, pertenecen al orden de lo sin nombre: el sintagma-sinécdoque "ríos de piedra" les hace honor.

Mariano Andreis, Pablo Wehbe, Gabriel Suárez Fosacecca, Javier Díaz Araujo  y Jorge Foa Torres, a poco de   arribar a las Islas Malvinas

Llegados al hotel no hay planes de salida, pero el interminable atardecer es tan hermoso y templado que nos proponemos "bajar" a Puerto Argentino a tomar "algo". Las casas de madera de estilo inglés, junto a la "prolijidad británica", abren paso a una hermosa bahía, calma como el viento.

Uno de los bares está cerrado por fiesta privada. En otro, dos chilenos y una chilena salen a la puerta y hablan animadamente. Seguimos el paseo. Las estrechas veredas nos hacen sentir de cerca el veloz paso de las camionetas. Desde una de ellas, una voz joven nos grita algo incomprensible. Rápidamente, notamos que otra camioneta nos pasa cerca reiteradamente. Otra vez, los que nos gritan, nos provocan. Seguimos...

Me invade la sensación de que nunca fuimos 5, de que somos 6. “¿No les parece que desde un comienzo somos 6?”. El profesor asiente.

Finalmente, entramos a un bar, hay boxeo en el televisor. Nos sentamos y pedimos unas cervezas; "está lindo el bar".

Las luces tenues empiezan a dejar ver la simbología pirata e innumerables banderas del Reino Unido y las "Falklands". La hostilidad crece cuando una joven nos señala riéndose. El muchacho que tiene a su lado no demora en señalarnos dos o tres veces al grito de “¡¿argentineans?!”. Apuramos el final de las cervezas y salimos camino al hotel. Nuevamente, una camioneta acecha con gritos y se detiene delante nuestro. La esquivamos y, por suerte, sigue su camino..., y nosotros, el nuestro, porque mañana será otro día.

Continuará en nuestra edición de mañana...

Más de