A?193 años de la muerte del general Arenales

El Hachado

El villamariense Raúl Costa recuerda a un héroe de las luchas por nuestra Independencia que no es tan aludido
miércoles, 4 de diciembre de 2024 · 08:30

Un 4 de diciembre, pero de 1831, es decir, hace 193 años, moría Juan Antonio Álvarez de Arenales González, o simplemente, el general Arenales. O el Hachado, héroe de nuestras luchas por la independencia.

Es bueno recordarlo, ya que no está entre los más aludidos cuando se habla de historia, y es una figura clave, valorado muchísimo por San Martín (quien lo llamaba “compañero”), por Belgrano, y fundamentalmente por todo el norte, escenario de su destacada actuación.

Un hombre intachable, de alta moral, profundamente anticolonialista, pocos saben que hasta fue gobernador interino de Córdoba por un brevísimo lapso de tiempo. En Salta es venerado, pero a poco que uno se aleja de esa provincia, su influencia va desapareciendo hasta pasar a ser casi un ignoto desconocido en el resto del país. Injustamente relegado, como asimismo injusta ha sido nuestra historiografía oficial con otros héroes como Martín Miguel de Güemes, Bernardo de Monteagudo o Manuel Dorrego, por ejemplo.

Su apodo provenía de un hecho que pinta de cuerpo entero su valentía y arrojo. En la batalla de La Florida, contienda clave entre las muchas que se disputaron en nuestro territorio en pos de la libertad, el ejército patriota obtendría una victoria sobre los realistas, trascendente por su significado.

En la misma, una vez prácticamente definida la lucha, Arenales persigue a un grupo de soldados que huía a galope tendido. La persecución dura un par de kilómetros, al cabo de los cuales, cuando logra darles alcance, comprueba que solamente Apolinario Echeverría, su sobrino, lo seguía. Los realistas que huían se dan cuenta de la situación, toman nota que ellos eran once o doce y los adversarios solo dos, y de inmediato frenan su huida para enfrentarse a sus solitarios perseguidores.

Así, se traban en lucha y, claro, la supremacía del número pudo más que las cualidades de combatiente, y luego de que Arenales pudiera dar cuenta de dos o tres adversarios, cae de su caballo y continúa la lucha a sablazos, logrando abatir alguno más, siendo alcanzado por el filo enemigo en su rostro, un tajo que le abre la mejilla desde el pómulo hasta la boca, otro le abre desde la ceja hasta la nariz, más una tercera herida en uno de sus parietales. Sangrante, casi ciego, tal vez sin siquiera advertir que su sobrino ya fue ultimado de un balazo, sigue peleando, hasta recibir un culatazo en la nuca que lo deja tendido en el suelo, sin sentido, y aparentemente sin vida.

Los realistas lo dan por muerto, y es que prácticamente lo estaba. Ante la proximidad de quienes habían advertido la escena y llegaban en auxilio de los dos valientes, continúan su interrumpido escape. Llegan los patriotas al lugar y efectivamente, cuando lo ven, lo dan por muerto. Pero uno de ellos ve que el moribundo tiene un hilo de vida, que aún respira. Entonces lo cargan y lo llevan para su atención, sin demasiadas esperanzas. Era prácticamente imposible subsistir a tantas heridas.

Sin embargo, sobreviviría. Y unos cuantos años más, en los que siguió demostrando sus aptitudes para la guerra y su convicción en la defensa de la causa independentista, a pesar de haber nacido, presuntamente, en España.

En mi libro aludo a esta figura, en un intento por rescatar a tantos patriotas que, como él, forjaron nuestra Patria y que aún esperan un justo reconocimiento de todos nosotros. Vaya este recuerdo entonces, en el día de su fallecimiento, para el general Arenales, el Hachado.

* Autor de “Pequeñas historias, grandes personajes - Relatos no tan biográficos”