El villamariense Ángel Macagno tomó la decisión de irse de la Argentina en 2001 junto a su mujer, pediatra, con el deseo de continuar allá su profesión, y lo lograron
Traumatólogo y cirujano local destaca en EE.UU.
Hoy es un reconocido especialista en cirugía de columna, tras 24 años de casi recomenzar en los Estados Unidos su profesión de médico traumatólogo y, aunque fue un camino de mucho sacrificio, ya cosecha lo sembradoEl doctor Ángel Macagno (60), cuando era niño, vivía sobre la calle Mendoza, al lado del Bianco ,“incluso me saltaba la tapia para entrar o salir del colegio”, y terminó haciendo el secundario en el Rivadavia. Luego, quizás siguiendo los pasos de su papá, también médico, y uno de los fundadores y dueños de la Clínica de Especialidades, se fue a Córdoba estudiar Medicina en la UNC, para después convertirse en traumatólogo y cirujano. Hizo su residencia y prosiguió con su carrera en Villa María, sobre todo en la Clínica de Especialidades -aunque también estuvo un tiempo en el Churruca en Buenos Aires; en el tiempo del levantamiento militar de La Tablada, estando de guardia-, y varios años junto a otro conocido de esta especialidad, Esteban Ancarani.
“Mi mujer, hoy separado, pero con la que tengo muy buena relación, tenemos dos hijos, ella es pediatra, de la Asociación de Laboratorios de Alta Complejidad de Córdoba (ALAC), fue la que me insistió en ir a Estados Unidos en su momento. Antes estuve varios años en la Clínica de Especialidades, de la que mi padre fue dueño y fundador, el doctor Ángel Ramón Macagno. Además, tengo un hermano que es obstetra y sigue trabajando ahí y una hermana que es asistente social”, expresó para comenzar.
Macagno compartió que además fue socio en una consultora junto con Ancarani, y un tiempo trabajó también en el viejo Pasteur, “y aunque me iba bien, me hartó la situación que vivíamos en el país, así que nos fuimos a probar suerte a Estados Unidos, en primer momento a Miami, donde comencé a hacer las equivalencias y estudiar inglés, que no sabía una palabra. Mi mujer sí, y además ella tenía asegurado un trabajo de investigación en un instituto, pero los primeros años estuve en la escuela nocturna. No fue fácil, no teníamos nada, apenas con lo mínimo para poder vivir. Y encima fuimos padres por segunda vez”.
Un proceso difícil
Ángel Macagno contó que fue todo un proceso por el que tuvo que pasar para afianzarse en su profesión de traumatólogo y cirujano “pero si vos hacés las cosas bien allá, nada al vicio, estudiás y eres inteligente, te va a ir bien, y fue difícil, tenía que traducir casi todo y me quería matar, pero ya se sabe cómo somos los argentinos, y siempre le encontramos la vuelta”.
“Allá te pueden ayudar, pero primero hay que tener los papeles en orden. Una vez que logré eso, las oportunidades llegaron. Y trabajé; no ganás mucho, tuvo un sueldo primero de 40 mil al año, que acá sonará mucho, pero allá no es tanto, aunque igual la plata vale mucho más. Luego, después de pasar mi primer examen, me ofrecen un lugar de investigación para trabajar en una cirugía de columna, algo que nunca había hecho, pero como era una oportunidad de hacer una residencia, que en ortopedia es casi imposible, me animé. Hablé con dos tipos que eran los más top de columna allá. Y comencé a viajar con ellos por todo el país operando con los mejores del ramo, convirtiéndome en su asistente, y tanto aprendí que me convertí yo en el especialista”, detalló.
Así fue que comenzó a mejorar su vida, y la de su familia. Claro, con mucho sacrificio por los viajes. Incluso más, porque tuvo que ir a trabajar a Nueva York, dejando a su familia en Miami, y viéndola cada 15 días.
Con esfuerzo, todo llega
“Hice mucho reserch. Apliqué para varias residencias, pero no me llamaba nadie. Y con la gente a la que asistía, terminé haciendo lo que se llama un ‘fellowship’, una especialidad en columna que me pagaron. Tras hacer esto, me llamaron de 21 lugares, entre ellos los del hospital público de Brooklyn, lo más bajo de lo más bajo. Lo que yo vi ahí es para escribir una película. Por ejemplo, un policía pegándole a un preso internado que se quería escapar. Igual entré a la residencia, solo dos extranjeros de 600 aplicaciones lo hicieron, y yo fui uno de ellos, y la verdad que me fue bárbaro”, recordó.
Macagno, aunque extraña horrores a la Argentina y especialmente a Villa María, la ciudad que ama, la comida, los amigos, el club, todo, encontró en Nueva York su lugar en el mundo. Y aunque cuenta que allá la medicina es muy profesional y está muy avanzada “los médicos argentinos, de cualquier especialidad, están a la par de cualquiera de allá, o incluso mejores, sobre todo en cuanto a conocimientos, talento y habilidad”.
“No fue fácil los primeros años de esa residencia y no ganaba mucho. A los días de nacer mi hija, comencé con esto, y estuve 5 años yendo de una ciudad a otra para ver y estar con mi familia. Incluso mi hija creía que yo vivía en el aeropuerto. Luego hice otro ‘fellowship’ en NYU (Universidad de Nueva York) y mi familia finalmente se mudó conmigo, a Brooklyn, en un departamentito con una sola pieza, donde estábamos todos juntos, apretados, y que fueron nuestros años más felices”, dijo.
Un tiempo después llegó la hora de cosechar todo lo sembrado, tras el gran esfuerzo, por fin consolidándose profesional y económicamente.
“Tras estar un año en el Hospital For Joint Disease, vino la explosión profesional, comenzaron a llamarme de muchos otros lugares del país. Y aunque me querían de Miami no fui, y entré al New York Spine Institute, donde estoy desde hace más de 10 años”, detalló.
Por último, dijo que “estoy haciendo 400 cirugías por año, que es muchísimo, y estoy algo cansado. Allá también hago docencia en NYU algo que me gusta mucho. Yo sigo y seguiré trabajando allá unos años más, quizás dos o tres y me retiro. Igual, repito, extraño mi país, aunque veo por ahora difícil volver. Pero siempre está en mi corazón. Y quiero aprovechar el Día del Médico para enviar un saludo muy fuerte a todas y todos mis colegas”.
