LAS CALLES - Bruno Ceballos

El soñador de las dos orillas

La calle ocupa 9 cuadras irregulares del barrio Güemes, nace en la Buenos Aires, frente al lago, y culmina en avenida Colón
domingo, 22 de diciembre de 2024 · 09:00

Bruno Ceballos  nació en Villa Nueva en 1872 y, poco después, se radicó en nuestra ciudad, donde desarrolló sus principales actividades, fijando su domicilio en la calle Buenos Aires 1377.

La arteria, en la zona ribereña del lago, lleva una de las 10 denominaciones que la costanera adopta a lo largo de su extenso recorrido de casi 20 kilómetros desde Vista Verde a Barrancas del Río: avenida Costanera, Islas Baleares, Salomón Gornitz, Tito Suárez, Elpidio González, La Rioja, Bruno Ceballos, Libertador General San Martín, Costanera República del Líbano y República de Siria

El historiador y exintendente local Horacio Cabezas recordaba que “su vocación poética proviene desde su juventud”. Había cursado sus estudios en el Colegio Monserrat de la ciudad de Córdoba.

Alternó su vida con la política y el periodismo. Fue director del semanario “El Centinela”. Entre sus poesías, sobresalió su libro “Del muerto panorama”. De su poema “Obsesión” es este verso: “De tu silueta juvenil mi mente / No se puede apartar, cuando me pierdo / por las viejas campiñas desgarradas / y de tiempos pretéritos me acuerdo”.

A la vez, en “La ciudad, las obras y los días”, del historiador y profesor Bernardino Calvo, rescatamos que “fue escritor dedicado, fundamentalmente, a los temas vinculados con el hombre y el paisaje rural, pero, además, fue notable periodista y político entregado con pasión al quehacer público”.

De él se dijo que fue un “apasionado de la pampa, (que) escudriñó su infinita belleza y, virtud de pocos, supo arrancarle sus secretos para traérnoslos en generoso arranque de poeta, dibujando con el florilegio elocuente de las décimas criollas los contornos fugitivos de una raza que se diluye en el vertiginoso modernismo de una época metalizada”.

Su obra poética se integra con “Rimas al río”, “Villa María”, “Campos de Moyano” y otros versos gauchescos que rescatan y reconstruyen el entorno rural.

El escritor Arturo Capdevila, precisamente, le escribe a Ceballos para manifestarle su admiración: “¡Qué gloria para Villa María tener un poeta como usted! ¡Bravo, de todo corazón, por su libro y por su vida!”

Bruno Ceballos falleció en nuestra ciudad el 11 de abril de 1936.

 

Preso por insurgente

En el mediodía del domingo 5/2/1905 se difundió la versión, entre los vecinos de Villa María, de que un tren procedente de Córdoba se encontraba detenido en las inmediaciones del radio urbano transportando tropas pertenecientes a la revolución radical que, en el día anterior, había estallado en la ciudad de Córdoba y en otros lugares del país. La mayoría de los villamarienses se identificó con los revolucionarios que compartían una asamblea popular que tenía lugar en el memorable salón de la “Cancha Recreo”, ubicado sobre la actual avenida Hipólito Yrigoyen, entre Mendoza y Tucumán, cuando se tomó conocimiento de que la vanguardia de las tropas leales al Gobierno nacional, al mando del general Lorenzo Winter, avanzaba sobre Villa María. El pueblo se convirtió en un verdadero desierto de calles vacías mientras que atentos francotiradores se apostaron en los sitios altos, frágil defensa que se desmoronó, rápidamente, ante el impetuoso avance de las tropas leales que, haciendo gala de un nutrido tiroteo, penetraron profundamente en el casco urbano. Tras sufrir algunas bajas, entre civiles y militares, el subteniente Lezcano ordenó el repliegue de las tropas revolucionarias que se concentraron en la estación ferroviaria para emprender la retirada con destino a Córdoba, que, finalmente, también sería sometida a las autoridades nacionales. La frustrada revuelta contra el régimen conservador terminó con varios villamarienses presos o fugitivos, entre ellos Bruno Ceballos y los hermanos Francisco y José Seco, quienes, más tarde, fueron amnistiados.

(La ciudad, las obras y los días, de Bernardino Calvo).

Ceballos, en la primera comisión del Hospital Pasteur

“La ciudad, las obras y los días”, de Calvo, señala: El 28 de enero del año 1906, en nuestra ciudad  tuvo lugar la primera reunión convocada con el propósito de construir el Hospital “Pasteur”. Los vecinos de Villa María se reunieron en un local conocido con el nombre de “Cancha de Pelota”, ubicado sobre la avenida Hipólito Yrigoyen, entre Mendoza y Tucumán, resolviendo apelar a la contribución pública a través de fiestas, kermeses y distintas formas de participación y aporte con los cuales se lograron recaudar fondos destinados a la construcción del edificio. Esta obra se erigió en la prolongación de la calle Mendoza, en el barrio conocido, por entonces, como “Villa Aurora” (‘General Lamadrid’, en la actualidad) y se habilitó parcialmente a raíz de un pedido de la Municipalidad para que se cedieran dos piezas, provisoriamente, para sala de primeros auxilios. La primera comisión nominada el 28 de enero de 1906 estaba integrada por prestigiosos vecinos de Villa María: José Vieyra Latorre, como presidente; Francisco Seco y Alejandro Voglino, como vice 1º y 2º, respectivamente; Bruno Ceballos, secretario; Aníbal Pasini, prosecretario; Antonio Bonadero, tesorero; y Alberto Udry, protesorero, acompañados por numerosos vocales. Estos vecinos fueron, precisamente, quienes aportaron los recursos iniciales para comenzar el Hospital que llevaría el nombre de “Pasteur” a propuesta, el 8 de febrero del mismo año, del doctor Arsenio de la Colina.

A pesar de la indiferencia de los sucesivos gobiernos que no apoyaron la iniciativa con recursos concretos, los directivos del nosocomio y los vecinos de Villa María, con la activa colaboración de una comisión de damas, concretaron el ambicioso proyecto.

La inauguración oficial del Hospital tuvo lugar el 16 de septiembre de 1923.