Un psicólogo que trabaja en el ámbito público opina sobre los Relatos Salvajes nuestros de cada día
“Tratar de ponerle cordura a lo que parece una locura cotidiana”
Continuamos con el análisis de la violencia urbana, tema de un debate necesario, que debe permitirnos arribar a un puerto seguroPablo Sebastián Arriaga es un psicólogo convocado por nuestra radio 90.1 para dar un punto de vista acerca de situaciones violentas que se registraron en la ciudad durante las últimas semanas. El profesional, que se desempeña en la Dirección de Planificación y Control de Gestión de la Municipalidad y está a cargo de Salud Mental, entre otras áreas, comenzó por una situación personal que le tocó vivir: “Días atrás estaba paseando en un lugar al cual se supone que uno va a relajarse, a distenderse, pero enseguida visualicé una vorágine de vida muy fuerte, muy acelerada; que todo el mundo está apurado, ansioso por querer entrar a un mismo lugar todos al mismo tiempo. Ni siquiera cuando salimos a relajarnos, a desconectarnos, podemos cambiar el ritmo. Ya no podemos esperar en la fila, no podemos contenernos si surge un inconveniente, hacer un cambio de planes”.
“Y son cosas que hacemos permanentemente, cuando vamos a la verdulería, a la panadería, estamos calculando si el otro nos va a ganar el puesto, si podemos hacerlo rápido… Estamos en una vida de total intolerancia y el ejercicio que tenemos que hacer todos los días es el de tratar de frenarnos mínimamente a pensar lo que estamos haciendo, si es útil ese nivel de aceleración o si tenemos que resignar algo, tratar de ponerle cordura a esto que parece una locura cotidiana”, expresó Arriaga.
Sostuvo que “esa película de la que tanto hablamos en esos días, Relatos Salvajes, fue tan impactante porque muchos nos vimos reflejados de algún modo, ya sea como testigos directos o indirectos, o de algún modo partícipes de algunas situaciones de ese tipo, donde la impulsividad reina”.
“Y, lamentablemente, estas situaciones son bastante comunes. Hace tiempo que las venimos viendo, son bastante frecuentes. Y creo yo que las redes sociales le dan bastante impulso a esto para que se viralicen. ¿Y cuántas otras situaciones habrá que no llegarán a nuestro saber o a un saber más masivo?”, se preguntó.
Desde la psicología
Más adelante, señaló: “Sí creo muy importante hablar de esto desde la psicología. Lo que nosotros podemos aportar es esto de que hay que hablar de las cosas que nos suceden, sobre todo de las situaciones que generan daño a las personas”.
Y marcó que, más allá del daño físico que se produjo en los últimos acontecimientos violentos, “está también el daño que genera la exposición (a través de videos), tanto a la persona que agrade como a la que es agredida”, porque “todo el mundo la observa como un espectáculo cuando no tiene ningún tipo de protección y nadie sale al cruce a tratar de parar eso, sino que, al contrario, se alimenta el espectáculo”.
“En ese sentido, me hace acordar a la ensayista Paula Sibilia, que dice que usamos mal las redes sociales, porque nosotros vivimos la vida para mostrarla y no para hacer algo para nosotros con ella… El ejemplo más típico es cuando uno va a un recital y está pendiente de lo que tiene grabar y no de lo que está viendo, de lo que está sintiendo en ese momento. Y nadie puede conectar con lo que está pasando en vivo y en directo a su alrededor”, dijo.
Y comentó que “hay estudios sociológicos que plantean esto, que las redes sociales por allí nos ayudan a disociarnos de la realidad inmediata que estamos viviendo y nos metemos a través de la pantalla en algo que capaz lo tenemos a metros, pero que ese tipo de contacto con la realidad nos disocia, nos separa; es como si estuviéramos viendo una película y no como si lo viéramos en vivo y en directo. Y ese puede ser uno de los factores a tener en cuenta”, opinó.
Agregó que “por supuesto que la conducta humana es muy compleja y podría tener un montón de hipótesis explicativas… Esto de grabar la violencia y no intervenir para intentar detenerla es muy actual, pero la violencia, o yo diría más que nada la agresividad (que nosotros desde la psicología diferenciamos esos dos conceptos), es algo propio del ser humano, y creo que por allí no está tan claro que somos de por sí seres agresivos, que hacemos un montón de cosas como comunidad para protegernos de la agresividad que tenemos”.
Regresó a la película Damián Szifrón para señalar que “cuenta un poco lo que pasa cuando una comunidad se empieza a quebrar, entra en crisis y aparecen mayores niveles de agresividad individual”.
La comunidad
“Muchas veces, una cosa va de la mano con la otra. Hay momentos en los cuales la comunidad hace las veces de bien grupal que protege, que contiene; puede ser una comunidad de un barrio, de una ciudad; puede ser una familia, cualquier grupo humano tiene como función cuidar, contener. Cuando alguien se siente enojado o con rabia, el grupo humano tiene la función de contener, de ayudar a expresar esos sentimientos de una manera socialmente conveniente. Un club, instituciones religiosas… Hay muchos lugares donde se plantean una serie de valores que cohesionan al grupo y que tratan de que conductualmente se dirijan hacia la protección del prójimo, pero bueno, es cierto que estamos viviendo momentos complicados en los que no solo hay ausencia de cohesión, sino de mucho ataque, ataque institucional, incluso. Muchas veces, las instituciones que nos deberían representar o las personas que ostentan un lugar de representación se ponen agresivas y atacan al diferente y eso no es sin consecuencias”, añadió el psicólogo.
No estigmatizar...
Luego, se mostró partidario de no estigmatizar a la juventud actual, porque “la agresividad siempre ha estado presente, sobre todo pensando en los jóvenes”.
“Hemos ido a la escuela secundaria y había barritas, personas que agredían y se burlaban por cuestiones físicas, pero el tema era que había cierto consenso mayoritario de que eso estaba mal, que había una institución que intervenía como reguladora, como dándole un sentido negativo a esto”, manifestó. Y comentó: “Eso hoy parece que ha cambiado, porque cuando vos estás viendo que todo el mundo filma, aprobando esa situación, y los que ven las imágenes las replican, las viralizan por WhatsApp, por Instagram, pareciera que hoy está permitido, aceptado, no se está sancionando; está faltando un norte”.
“Nosotros, como agentes sociales que tenemos ciertos tipos controles, o en un medio de comunicación, tenemos que tratar de abordar las cuestiones de este tipo, no dejarlas pasar; que ponga esas actuaciones en un lugar que está mal y que no se naturalicen, sobre todo para las nuevas generaciones. Por eso yo siempre insisto en esto, en el sentido de comunidad. Cuando podamos, como comunidad, cuidarnos entre todos o, de última, exigir a los dirigentes, pero teniendo en cuenta que todos tenemos un rol de responsabilidad en esto de buscar la manera de darle un coto a estas situaciones que pasan en todos lados: en las familias, en los compañeros de trabajo… Hay grandes niveles de agresividad y hasta de violencia que nadie puede frenar y a veces hacen falta cosas tan básicas como hablar frente a frente y ser sinceros; cosas tan esenciales como esas se pueden hacer. Uno, que anda recorriendo distintos espacios institucionales, comprueba que hay unos niveles importantes de desconocimiento del otro en tanto diferente. Si vos hacés algo de una manera y yo de otra, ya es motivo de ataque, ya hay un ultraindividualismo que dice que lo que vale para mí es ley y no hay forma de regular eso en función de lo que el otro necesita o plantea”, concluyó Arriaga.
