LAS CALLES - Bernardino Rivadavia
El padre de la deuda externa
Nació el 20 de mayo de 1780, en Buenos Aires, por entonces Virreinato del Río de la Plata.
Fue el primer presidente de la Nación. Llegó a la Presidencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata en 1826, liderando la gestación de una administración diplomática centralizada y reformas unitarias, entendiendo que la formación de una patria fuerte era imposible sin un Estado independiente con su propio Ejército, fronteras y Constitución Nacional. Fue el primer prócer en lograr un reconocimiento de nuestra soberanía por parte de una potencia extranjera, estipulando así una Nación única e indisoluble, a los ojos del mundo.
Durante las invasiones inglesas fue capitán de las milicias del “Cuerpo de Gallegos” teniendo una actuación destacada, y aunque no tenía un cargo público, durante la Revolución de Mayo asistió al Cabildo abierto del 22 de mayo de 1810, y votó por la deposición del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros.
Si bien no participó de la Primera Junta o de la Junta Grande, escaló rápidamente al Ejecutivo con la creación del Primer Triunvirato. Entre septiembre de 1811 y octubre de 1812, ejerció simultáneamente como ministro de Guerra y ministro de Hacienda.
Fue depuesto por José de San Martín, en la conocida “revolución del 8 de octubre”, donde se derogó el Primer Triunvirato y se lo remplazó por el Segundo Triunvirato, el cual tomó la decisión de arrestarlo y obligarlo a alejarse de la capital por un tiempo.
Rivadavia volvió a ocupar la función pública en 1814, cuando junto a Manuel Belgrano viajó en una misión diplomática oficial a Europa, para obtener el reconocimiento de su independencia. Allí, trabó amistad con el filósofo Antoine Destutt, conde de Tracy, quien lo aproximó al pensamiento liberal, que lo identificó el resto de su carrera.
En 1821, volvió al país tras ser convocado por el nuevo gobernador de la provincia de Buenos Aires, el general Martín Rodríguez, quien lo nombró en el cargo de secretario de Gobierno y de Relaciones Exteriores. Rivadavia llevó adelante casi todas las decisiones políticas del gobierno de Rodríguez, bajo las ideas del liberalismo económico y político que definieron la época de prosperidad de la provincia conocida como “feliz experiencia”.
Rivadavia impulsó la reducción de los gastos del Estado, eliminó regulaciones de la época colonial, promulgó la creación de la Bolsa Mercantil y del Banco de Descuentos, antecedente del Banco Provincia, que fue puesto en manos de financistas británicos y criollos. También aprobó la expulsión de las órdenes religiosas y la estatización de sus propiedades, fundó la Universidad de Buenos Aires y el Colegio de Ciencias Morales, promulgó la ley electoral y le abrió las puertas a las inversiones extranjeras.
En 1826, la Constitución remplazó el nombre de Provincias Unidas de Sudamérica por el de la República Argentina y se adoptó un gobierno representativo, republicano y unitario, con Rivadavia como el primer presidente.
La primera grieta
Inmediatamente luego de asumir, presentó al Congreso un proyecto para declarar a Buenos Aires como la capital de la nueva República, momento en que nace oficialmente la larga grieta entre unitarios y federales.
A su vez, traspasó la Aduana al control del nuevo Gobierno Nacional, consolidó la deuda pública en el nuevo Tesoro Nacional, y lanzó medidas para incentivar la radicación de capitales británicos en la minería, además de impulsar estrictamente el libre comercio.
En materia de política exterior, el gobierno de Rivadavia estuvo atravesado por la Guerra del Brasil. Esta, finalmente, le ocasionó su renuncia debido a los enormes costos generados que despertaron la oposición de los líderes provinciales.
Entregó su mando a Vicente López y Planes, presidente provisional elegido por el Congreso.
Partió al exilio en España en donde falleció, el 2 de septiembre de 1845 a los 65 años.
El 18 de junio de 1927 el intendente Parajón Ortiz elevó al Concejo Deliberante el proyecto de monumento a la memoria de Rivadavia, con motivo, decía, del "centenario histórico de su caída de gobierno (30 de junio de 1827)" razón por la cual la comuna resuelve erigirle un monumento en reivindicación de su memoria que "no es olvido del pueblo (sino) que es la consecuencia de los intereses creados de su época". Fue erigido en la plaza Independencia. Además, en nuestra ciudad existen, dos escuelas, un barrio y un club que honran al primer presidente de los argentinos.
Villa María: la ciudad capital “Rivadavia”
En 1871 se impulsa en el Congreso de la Nación una propuesta de ley para declarar Capital de la República a la incipiente Villa María. La ley finalmente fue aprobada estableciendo que la nueva Capital se llamaría “Rivadavia”. Esta Ley fue vetada por Sarmiento aduciendo que el sitio elegido no reunía las necesarias condiciones de seguridad por la presencia de aborígenes.
Rivadavia vs. San Martín
Fue muy conocida la rivalidad que existió entre el Padre de la Patria y Bernardino Rivadavia: se dio desde el mismo tiempo que fue depuesto el Primer Triunvirato con Rivadavia como uno de sus secretarios por parte de San Martín entre sus protagonistas principales.
Felipe Pigna señalaba oportunamente: “Para Rivadavia y sus partidarios, la memoria de San Martín no era un motivo de orgullo, sino una permanente fuente de desconfianza”. No dejaron de desacreditarlo, mientras que una red de espías seguía de cerca sus pasos por Europa: “La desconfiada administración de Buenos Aires […] me cercó de espías, mi correspondencia era abierta con grosería, los papeles ministeriales hablaban de un plan para formar un gobierno militar bajo la dirección de un soldado afortunado, etcétera; en fin, yo vi claramente que me era imposible vivir tranquilo en mi Patria ínterin la exaltación de las pasiones no se calmase y esta certidumbre fue la que me decidió pasar a Europa. Mi admiración no es poca al ver que me dice usted no haber recibido más cartas mías que una desde el Havre y otra de Bruselas del 3 de febrero de 1825, es decir, que se han extraviado o, por mejor decir, han escamoteado ocho o diez cartas más que le tengo escritas desde mi salida de América; esto no me sorprende, pues me consta que en todo el tiempo de la administración de Rivadavia mi correspondencia ha sufrido una revista inquisitorial la más completa. Yo he mirado esta conducta con el desprecio que se merecen sus autores. Rivadavia me ha hecho una guerra de zapa sin otro objeto que minar mi opinión suponiendo que mi viaje a Europa no ha tenido otro objeto que el establecer gobiernos en América; yo he despreciado tanto sus groseras imposturas como su innoble persona”. El 20 de septiembre de 1824, Rivadavia le escribe a su amigo, el inefable Manuel J. García: “Es mi deber decir a ustedes, para su gobierno, que es un gran bien para ese país que dicho general esté lejos de él”, concluye Pigna.
BARING BROTHERS Y LA PRIMERA GRAN DEUDA
La Junta de Representantes de la Provincia de Buenos Aires sancionó el 19 de agosto de 1822 una ley que facultaba al gobierno a "negociar, dentro o fuera del país, un empréstito de tres o cuatro millones de pesos valor real". Los fondos del empréstito debían ser utilizados para la construcción del puerto de Buenos Aires, el establecimiento de pueblos en la nueva frontera, y la fundación de tres ciudades sobre la costa entre Buenos Aires y el pueblo de Carmen de Patagones. Además, debía dotarse de agua corriente a la ciudad de Buenos Aires. Como no se había especificado cómo llegaba el dinero a Argentina, el consorcio informa a la Casa Baring que la mejor manera era enviando letras giradas a casas comerciales de prestigio cuyos titulares eran precisamente dos miembros del consorcio recientemente conformado.
Al final, del millón de libras que totalizaba el mismo, solo llegaron a Buenos Aires unas 570 000, en su mayoría en letras de cambio y una parte minoritaria en metálico.
El empréstito solo se pagaría por completo ochenta años más tarde.
En cuanto el préstamo llegó, la Legislatura cambió de idea: el dinero no era necesario. De modo que fue entregado al Banco de Descuento para que lo entregara como créditos a sus clientes, a intereses mucho más bajos que los que pagaba la provincia por ese dinero.
