LAS CALLES - Guillermo Rawson

El padre de la Cruz Roja

domingo, 6 de octubre de 2024 · 08:50

Había nacido en San Juan el 24 de junio de 1821. Hijo del médico estadounidense Amán Rawson y de la sanjuanina María Jacinta Rojo, se doctoró en medicina en 1844. Ya por entonces su destacada actuación auguraba un futuro promisorio en la medicina y en el país. Tenía apenas 23 años cuando recibió el título de doctor, haciéndose acreedor de estas proféticas palabras de su profesor de Anatomía, Claudio Mamerto Cuenca: “La Universidad felicita a vuestro padre, a Buenos Aires, a la República toda por los días de triunfo y gloria que vuestro genio le prepara (…). Hay un libro en blanco, doctor Rawson, que hace muchos años que esperaba la pluma inspirada de un hijo del Plata que escriba en él la primera página: este libro, destinado a jugar un día un rol importante en los destinos de la República, cuando los hombres de vuestra capacidad se hayan ocupado de él, es el libro todavía en blanco de nuestra ciencia médica”.

Su recorrido de 30 cuadras irregulares se inicia en la calle Colombia, en barrio Roque Sáenz Peña, y termina en la avenida Francisco García, en barrio Botta, luego de atravesar el Almirante Brown, el Trinitarios y el Carlos Pellegrini. En la foto se observa la arteria al 1200-1400, a la altura donde se hallaba la Estación del Ferrocarril Belgrano, proveniente de Santa Fe

Cuenca no se equivocó. Rawson fue varias veces diputado y senador provincial y ministro del Interior de Mitre, desde donde impulsó todo tipo de iniciativas. Durante su gestión planificó y organizó el asentamiento de colonos galeses en el actual territorio de Chubut, razón por la que hoy la capital provincial lleva su nombre.

“Las cuestiones de higiene son la que han de resolver la prosperidad de nuestro país no solo en lo físico, sino en lo moral y en lo psicológico”. Guillermo Rawson

En 1876 asistió al congreso médico de Filadelfia, donde expuso su trabajo sobre “Estadística vital de Buenos Aires”, el más completo que se había escrito sobre este tema, que inauguró los estudios de higiene en nuestro país. Rawson había sido testigo de los estragos del cólera, cuyo brote tuvo lugar en 1867, tras el arribo de los soldados que habían peleado contra el Paraguay, y se cobró la vida de unas 600 personas, incluida la del entonces vicepresidente Marcos Paz. Al azote del cólera le siguieron los de tifus, viruela y difteria, y finalmente la gran epidemia de fiebre amarilla, en 1871. La cifra oficial de muertos por esta enfermedad fue de 13.614, de los cuales la mitad eran niños.

En su informe de 1876 Rawson aludía a las causas de aquel flagelo e impulsaba reformas para su erradicación: “Ese aumento tan excesivo de personas en un tiempo en que la ciudad no estaba convenientemente preparada para recibirlos o darles su necesario acomodo dio lugar a una acumulación incompatible con la salud general, y contribuyó sin duda al terrible desarrollo de la epidemia de 1871, que arrebató más de 12.000 extranjeros (…). Se tuvo entonces la dolorosa evidencia de que las condiciones higiénicas de Buenos Aires eran en extremo desfavorables y que era asunto de la mayor urgencia investigar y remover las causas del mal”.

El informe incluía recomendaciones sobre urbanización, tratamiento de residuos, distribución de agua, sistema de cloacas y desagües, creación de espacios públicos abiertos, construcción de plazas, etc.

En 1880, ante la inminencia del enfrentamiento armado que sacudió a Buenos Aires por la sucesión presidencial y la federalización de la provincia, Rawson propició la fundación de la rama local de la Cruz Roja, junto al cardiólogo español Toribio Ayerza, y fue designado presidente honorario de la institución.

Más tarde, se ocupó de las pésimas condiciones de vida de los conventillos y la falta de acción para remediar este mal.

En su “Estudio sobre las casas de inquilinato de Buenos Aires”, publicado en 1885, realizó un estudio comparativo sobre este tema en ciudades como Londres, París y Nueva York, y presentó una propuesta pormenorizada para la inspección y reglamentación de las casas de inquilinato, y, más importante aún, para la construcción y financiación de viviendas obreras a bajo costo.

El informe señalaba: “Entre los problemas sociológicos y económicos que se relacionan estrechamente con la higiene pública pocos hay que puedan compararse en importancia con el que se refiere a las habitaciones de los trabajadores…”.

Y urgía a tomar cartas para poner fin a este problema: “No basta acudir con la limosna para socorrer individualmente la miseria, no basta construir hospitales y asilos de pobres y mendigos…

 Es necesario ir más allá, es preciso buscar al pobre en su alojamiento y mejorar las condiciones higiénicas de su hogar, levantando así su vigor físico y moral, sin deprimir su carácter y el de su familia humillándolos con la limosna”.

Falleció en París, el 2 de febrero de 1890.

Enfermeras de la Cruz Roja próximas a partir con destino a San Juan en ocasión del terremoto que asoló la provincia en 1944

A toda hora y en cualquier lugar

La Cruz Roja Argentina presente en el país desde 1880, estuvo en distintas situaciones críticas como conflictos políticos internos.

Desde ese entonces y a lo largo de la historia, han brindado asistencia en todo el país en cada emergencia donde hiciera falta: la epidemia de cólera (1886), el golpe de Estado a Yrigoyen (1930), el sismo de San Juan (1944), los atentados a la AMIA (1994) y a la Embajada de Israel (1992), nuestra crisis de diciembre de 2001, las inundaciones en Santa Fe (2003), la tragedia de Cromagnon (2004), la inundación en La Plata (2013) y muchísimas más.

La otra estación de tren: “La Francesa”

El 4 de abril de 1904 se habilitaron los servicios del Ferrocarril Francés construido por la Compañía Francesa de Ferrocarriles de la Provincia de Santa Fe que obtuviera la concesión de la línea entre Villa María y San Francisco. En la fotografía, la flamante estación tal como lucía sobre la calle Rawson, donde concluía la calle Lisandro de la Torre, que estuvo concebida como una avenida por tratarse del vínculo del centro de la ciudad con esa terminal ferroviaria: En ese entonces existían dos estaciones más aparte de la central a Retiro-Córdoba, la del ramal a Rufino ubicada en Tucumán y Sobral y la que unía con Río Cuarto, en la calle San Juan.