DÍA DEL INSTALADOR ELECTRICISTA | Osvaldo Molina - Este año comenzó la retirada de un trabajo que le dio todo, y sobre todo, la satisfacción de haberlo hecho de la manera más seria, comprometida y profesional
Más de cuatro décadas en la profesión
Desde muy joven se decidió trabajar de instalador electricista, y lo hizo con entrega y mucha satisfacción. Ahora su hijo y yernos siguen sus pasos, y quizás su nieto tambiénCuando tenía 16 o 17 años, Osvaldo Molina iba a la Escuela de Trabajo del barrio Güemes. Y fue por esos tiempos que un primo suyo lo animó a conocer los secretos del instalador electricista, como él lo recuerda: “Él se dedicaba a este rubro, y en las vacaciones me llevaba a trabajar. Ayudándole comenzó a florecer mi curiosidad por el tema de la electricidad. Finalmente, hice el curso de electricista y de a poco arranqué, aunque también probé otras cosas, como algo de carpintería y en la construcción, pero fue fugaz, ya que me di cuenta muy rápido que lo mío era ser electricista”.
Molina arrancó más en serio a trabajar en esto con un maestro que le había dado clases. Estuvo trabajando con él dos años, y luego se matriculó, en 1981.
“En ese entonces era el municipio el que manejaba las matrículas, y lo tenía muy bien organizado. Para tener la matrícula se requería tener el título como instalador electricista, de cualquiera de los dos colegios técnicos que había en ese entonces, porque no había tantos cursos y otras instituciones como hay ahora. Además, para matricularse, tenía que haber vacantes, y había un cupo máximo. Pero bueno, tuve la suerte de que logré ingresar”, expresó.
Orgulloso villamariense, egresado de la escuela primaria Agustín Álvarez, dijo que le dedicó “mucha pasión y dedicación a esto; y tras trabajar con mi maestro, quien se fue a vivir a San Luis, me dejó algunos de sus clientes y comencé a trabajar solo. Y así, poco a poco, me fui comprando mis herramientas y a darle para adelante, y creo que un poco por el empeño que le puse y un poco de suerte que tuve, me fue bien”.
Un trabajo para crecer
Osvaldo fue creciendo en el sector, e incorporó más gente para ayudarlo, como algunos parientes, “a quienes les enseñé la profesión y estuvieron mucho tiempo conmigo, y también algunos amigos”.
“Y dentro de lo que es el rubro del electricista, he hecho de todo, desde pequeños trabajos a grandes proyectos. Desde una casa residencial, una industria, rural, edificios, todo. Antes no había tantos departamentos, pero digamos que fui trabajando más mientras Villa María fue desarrollándose”, detalló.
La complejidad de los trabajos que Osvaldo Molina ha hecho varían y mucho, y van desde poner un simple interruptor de luz hasta un amplio sistema de instalación eléctrica.
“Por ejemplo, para la instalación eléctrica de un edificio, lo primero que hay que ver es el plano del edificio, y a partir de ahí uno dibuja el trazado eléctrico a tu propio criterio, es decir, la mejor opción de acuerdo al edificio de la estructura diseñada. Uno ve ahí cómo llevar las líneas, cómo hacerlas más cortas, más fáciles y prácticas, de acuerdo al mantenimiento. Por supuesto, todo eso se termina consultando con el arquitecto y el ingeniero que estén a cargo. Lo primero que debe hacer un instalador, es armar la acometida, que es el punto donde vos tomás el suministro de energía, la fuente de la misma. Y después, sigue en el techo, con el armado y la distribución, luego vienen las bajadas, que son todos los lugares donde distribuís todas las cajas. Después se continúa con el cableado, el cual se cierra con la llave, y la luminaria por último. Esto sería en vivienda, sea casa o edificio. Ahora, en la parte industrial, hay que hacer el tendido de bandeja, algo de cañería con los tableros, la importancia de cada una, el principal, el secundario... Es como un gran rompecabezas, y cuando lo ves armado asusta, pero cuando se va haciendo paso a paso es sencillo, no sorprende, y todo tiene lógica”, contó con auténtica pasión de instalador Molina.
Cero improvisación
Para Osvaldo, al clave para este trabajo es “tener siempre una estructura, no ser un improvisado, tener muy en claro el dibujo que vas a hacer, qué vas a conectar, cómo es la bomba, de cuánto es el motor, lleva sensor o no, lleva esto, o lleva lo otro, y hacer llegar con líneas frescas o puras, como le llamamos, al punto previsto”.
“El tema de la electricidad ha cambiado mucho desde que empecé hasta ahora, y para bien. Porque, por ejemplo, nosotros comenzamos con una labor que era más artesanal, no había las herramientas ni la tecnología que hay ahora. Antes, para doblar un caño teníamos que elegir la calidad para poder darle la curvatura, y ahora hay dobladores especiales para eso, e infinidad de herramientas e instrumental de medición que no teníamos y hoy facilitan el trabajo mucho”, indicó.
Trabajos y capacitación
Comentó que entre los trabajos que recuerde como emblemáticos que ha hecho en la ciudad, son múltiples “como los que hice para la Coca-Cola, en Ferrocarriles Argentinos, y en muchos edificios, en el centro de la ciudad, La Madrileña, Joyería Caruso, en casas de juegos, casas, industrias y más”.
“Este es un trabajo que requiere de capacitación continua, porque el tema de la electricidad va cambiando muy rápidamente.?Además, por ser un trabajo que reviste mucho peligro, hay que estar regulado continuamente. Por eso hoy las nuevas generaciones están muy bien preparadas. Y hay que decir que Villa María tiene un sistema general de instalación eléctrica de primer nivel, así como el de iluminación de calles, un ejemplo. Y eso ha sido gracias a las exigencias establecidas por el Ente Regulador de Servicios Públicos de la Provincia de Córdoba (ERSEP)”.
Esto también se dio gracias a un grupo de colegas instaladores locales, que formaron una Cámara de Electricistas, quienes junto con EPEC, “pidieron que se normalizaran y regularizaran las instalaciones eléctricas, algo muy importante, porque con el crecimiento de la ciudad, no había una reglamentación vigente, y ahora la hay, a través de una legalización de electricistas matriculados, y así se tienen menos accidentes”.
Un legado familiar
Osvaldo está casado, y tiene tres hijos: dos mujeres y un varón, y señaló: “Mi hijo heredó mi profesión, quien desde muy chiquito me acompañaba y fue aprendiendo el trabajo, y además mis dos yernos también son electricistas. Así que en casa de lo que más se habla es de electricidad, je, je. Y eso me emociona enormemente, porque además ahora mi nieto ya comienza a interesarse también por el oficio y la profesión, y ya de muy pibe sabe qué tiene y qué no tiene que hacer con el tema de la electricidad, así que todo parecería indicar que seremos tres generaciones de electricistas, y es un orgullo”, expresó con lágrimas de emoción.
Los colegas y las mujeres
Osvaldo Molina, quien jamás tuvo un accidente en 46 años de trabajo, porque siempre realizó su trabajo de una manera seria y responsable “y donde el riesgo siempre va comprometido con el oficio”, dijo que tiene grandes colegas, y amigos, “a quien envío un gran abrazo en este día del instalador electricista”.
“Y también en Villa María hay grandes casas de electricidad de primer nivel, como en cualquier parte del país, que actualmente tienen todo lo necesario y con la mejor tecnología. Hoy, esta ciudad está a la vanguardia en temas de electricidad. Y otra cosa para destacar es que incluso comienzan a haber cada vez más mujeres instaladoras, con mucho talento y capacidad, porque además son muy detallistas y hacen un trabajo muy fino. En fin, esta es una profesión maravillosa, que llevo en mi corazón, y a la que le agradezco todo, y que mi sangre continuará”, concluyó.
Y por qué se celebra?
Cada 24 de octubre, se celebra en Argentina el Día del Instalador Electricista, ya que en esta fecha se conmemora el Primer Congreso Nacional de Instaladores que tuvo lugar en 1992, donde electricistas profesionales de todo el país se reunieron en la Asociación de Comerciantes y Empresarios de la Electricidad.
Y fue después de una votación, se decidió designar el 24 de octubre como el Día del Instalador Electricista.
Esta celebración tiene como objetivo reconocer y honrar la labor de los instaladores electricistas en Argentina: es una oportunidad para destacar su dedicación, habilidades y conocimientos en la instalación, mantenimiento y reparación de sistemas eléctricos.
Es importante recordar que esta profesión conlleva riesgos y desafíos. Trabajan en condiciones a menudo difíciles y peligrosas, pero lo hacen con valentía y destreza. La dedicación a su oficio es admirable y merece ser reconocida.
