Expertos de la Psicología, Sociología y Ciencia Política opinan sobre la violencia actual, lo que provoca Javier Milei y el efecto contagio que tiene en la sociedad, donde se repiten episodios lamentables
Tiempos intensos: cuando el violento genera más violencia
Sin embargo, no solo se trata de lo que se dice, sino también de lo que se hace, como las políticas de un gobierno que llevan a la miseria a millones, mientras solo un puñado se beneficia“La única verdad es la realidad”... esta es una histórica frase de Juan Domingo Perón, que seguramente a los peronistas les gustará, y todo lo contrario a quienes no lo pueden ver ni en pintura. Ahora, es una máxima que tiene mucho de verdad.?Y hoy, la realidad es que el presidente Javier Milei, incluso desde su campaña, y antes de ser candidato, cuando se paseaba en los programas a donde era invitado porque daba buen rating con su estilo, violenta a distintos sectores de la sociedad, con frases y acciones agresivas. Las citas son muchísimas, y solo hay que recordar lo que dijo hace una semana en Parque Lezama, en el lanzamiento nacional de La Libertad Avanza, calificando a los medios como “periodistas ensobrados de mierda” con absoluta vehemencia, o el pasado domingo, cuando dijo que le encantaría ser el que clavara el último clavo al ataúd del kirchnerismo, pero “con Cristina Fernández adentro”.
Evidentemente, en Villa María, en Córdoba, en el resto de Argentina y en CABA, cada día hay más violencia, y va más allá de posiciones ideológicas. Se manifiesta en la casa, entre amigos, entre parejas, en el tránsito, los barrios, en las redes sociales, y en todos los ámbitos.
Especialistas indican que la violencia, cuando viene de arriba hacia abajo, es un caldo de cultivo que parece efervescer peligrosamente, sobre todo por la historia violenta que tiene el país.
En ese contexto, elDiario habló con tres psicólogos para que den su punto de vista sobre esta situación que parece preocupar y mucho, porque todos coinciden dónde empieza, pero ninguno sabe dónde acaba; aunque el futuro no sería lindo.
¿De arriba hacia abajo?
Néstor Ribotta, psicólogo que trabaja tanto en lo público como en lo privado, pone en duda que la violencia sea exclusividad de Milei.
“Podríamos discutir si es de arriba hacia abajo. Hay que recordar que el presidente representa a un porcentaje mayoritario de la población que votó esto. Él hizo su campaña con estas actitudes violentas, a través de los medios de comunicación masiva, que para mí son los principales responsables de esa violencia, transmitiendo este contenido. Milei hizo su campaña con performance de este nivel de violencia, eso fue lo que la gente votó, una violencia que está larvada en la sociedad y es parte de ella”, expresó.
Detalló que la violencia ha provocado diferencias en “las familias, entre amigos, colegas de trabajo, y muchos de ellos adhieren a estas ideas. Ahora, si elevamos el nivel de análisis, sabemos que esto siempre terminó mal, no solo en la historia de Argentina, sino de cualquier país.?Claro, ahora se lee de arriba hacia abajo, pero la violencia está legitimizada en la parte de abajo. La gente vio las manifestaciones violentas, antes y durante la campaña, y lo votó. Y aún hay quienes bancan este discurso.?Esta es la realidad. Antes era un divertimento en los programas de chimento político, porque el tipo medía y daba rating, y la cosa se complejizó”.
“Hasta Macri lo acaba de decir, la primera vez que concuerdo con él en algo, quien dijo que la autenticidad es lo más valioso de Milei, y que ‘la gente no es tonta’, y que votó sabiendo que tenía ‘una psicología especial’, con un ‘mandato destructivo y de confrontación’. Y si coincidió con eso, la gente votó a este tipo de persona, no las políticas económicas, porque se insiste permanentemente que está haciendo lo que dijo, y eso es mentira”, expresó.
En este sentido, dijo que “ni desarmó el Banco Central, ni dolarizó, ni bajó impuestos, todo lo contrario, y la casta resultó ser la clase media y la trabajadora. Los grandes responsables son los medios de comunicación y todo el arco político, que tiene las herramientas, sobre todo la Constitución, para poner un alto. Porque ante manifestaciones como insultar, burlarse de la discapacidad, chistes bordeando lo sexual, las perversiones o festejar la muerte, la violencia es una espiral, y si no se le pone un alto, solo crece, y a veces es imparable. Además, el aumento en los números de pobreza, excluir a millones de la salud y la educación es violencia, y avalado por la mitad de la población. Si el principal referente del gobierno dice que viene a destruir el Estado, algo violento per se. Creo que estamos en la intemperie y muy complicados.”
Sobre lo que percibe en consulta, expresó que es algo que no vio en 30 años profesión: “Siempre trabajé entre lo público y lo privado, y tienen características diferentes. En lo público se ve cómo está roto el tejido social y de contención, el aumento exponencial del consumo de drogas y del delito, el ingreso cotidiano de mucha violencia, por el consumo y el malestar de la gente en su tarea cotidiana de sobrevivir por el alimento y el trabajo. Y en lo privado, como nunca antes, ha sido transversal cómo atraviesa el padecimiento de quienes hablan. Si bien quien acude a una consulta privada tiene los medios para hacerlo, se nota la situación difícil, el clima enrarecido, las peleas familiares, las discusiones, donde no se puede hablar de política ni entre familiares, ni entre amigos, ni en las parejas, ni siquiera con los hijos. Esto se ve como nunca. La política partidaria no ingresaba antes a los consultorios, y ahora sí, y con mucho malestar e incertidumbre”.
Es la condición humana
Silvana Pons, psicóloga, y expresidenta del Colegio de Psicólogos de Villa María, y miembro de la actual Comisión, se expresó en este sentido: “La violencia es inherente a la condición humana.?Ahora, lo que se trata es de pensar cuando esa violencia afecta a los cuerpos y a los lazos, y más cuando se naturaliza, en tanto, el modo de relacionarse. Por eso yo me pregunto si estamos ante la presencia de discursos de odio o frente a la naturalización del odio como un modo de comunicar. Un discurso hace posible un lazo con el otro, y si ese discurso aplasta y tiende al exterminio del otro, entonces no hay lazo posible”, expresó.
Explicó que “cada momento histórico se caracteriza por un tipo de irrupción de la crueldad de una manera específica. Ahora estamos ante un uso feroz y descarnado de la violencia, y el arma que se utiliza es la palabra, ejercida de manera irremediable, a través incluso de las políticas públicas”.
“Así que ese odio discursivo que anula al otro están sustentando en prejuicios, en una división entre el ‘ellos’ y el ‘nosotros’, siempre buscando esa oposición, los políticos, por un lado, el pueblo, por el otro, los hombres, por un lado, y las mujeres, por el otro, lo público, por un lado y lo privado por el otro, o las diferentes líneas políticas, como sea lo que se busca es aplastar al otro, y ver al distinto no como un sujeto con el cual yo me pueda relacionar, sino como un objeto, y ahí es donde avanza la posibilidad de destruir al otro”, detalló.
Si es Milei el centro de proyección de esta violencia,?Pons prefiere no centralizar, y habla más bien de que cree que no “es responsabilidad de una sola persona, sino que hay una estructura, que tiende a la deshumanización del otro, un viejo recurso del autoritarismo”.
“En consultorio, lo que veo es el uso de expresiones relacionadas con lo impulsivo y con lo distante. Es difícil cuantificar si hoy se ve más el tema de la violencia en mis pacientes. Ahora el uso en que yo me refiero a las otras personas cumple funciones simbólicas y psicológicas, cuando eso está resquebrajada, y se abona la idea de rechazo, del asco a la comunidad, las etnias, la identidad ideológica, religiones y de género, el sujeto siento que va en una caída libre. Ahí sí surge la angustia y ansiedad, y por supuesto que esto se ve cada vez más. Y a eso se suma la coyuntura de la crisis económica que nos atraviesa a todos, o a la mayoría, así que la subjetividad está afectada política, económica y culturalmente por donde se la mire”, expresó.
Por último dijo que hay una escalada de violencia “que parece no tener fin, y considero que desde el campo de la salud mental el modo de ponerle tope a eso es la posibilidad de darle peso a la palabra, la que vincula, y relacionarme con el otro desde el amor y la empatía”.
El equilibro, avasallado
Para el psicólogo Pablo Arriaga, la violencia que baja desde el poder “influye mucho, ya que psíquicamente las personas tenemos nuestro equilibrio mental y emocional en función del entorno que nos rodea.?Así que el clima social nos afectan, no solo individual, sino colectivamente. Teóricamente, se plantea que nuestra psiquis necesita apoyarse en ciertos pilares para organizarse y estabilizarse, y uno de ellos tiene que ver con las instituciones que nos representan, que son el ejemplo a seguir.?La salud mental depende mucho de quienes se encargan de organizar y administrar los intercambios, vínculos y las formas de convivencia, entonces la verdad que es muy preocupante, cuando desde una de las mayores representaciones institucionales en un país que puede ser un Gobierno nacional genera estos mensajes y malos ejemplos, y genera esa violencia por ser o pensar distinto”.
“Estamos viviendo épocas en las que estamos a la orden del día con la impulsividad, con la violencia extrema, y con al incomprensión, con la falta de solidaridad y tolerancia, y esto es muy lamentable. Ha pasado en otros gobiernos, donde se ha puesto la falta de consideración con el prójimo, pero lo que se ve hoy es el típico caso de violencia simbólica, donde no se ejerce por una condición física de ventaja, sino por poder, por alguien que tiene asignado un poder, porque alguien se lo dio, en este caso votado por una gran parte de la sociedad argentina. Y entonces usa ese lugar que se le dio para violentar, sea cual sea la razón, a otras personas. Porque vos podés tener otra opinión, pensar distinto, pero eso no justifica ningún tipo de agresión. Y también es violencia mediática, lo que hace que esa violencia irracional se masifique y se viralice”.
Para Arriaga, lo que peor que puede suceder “es que esta violencia se naturalice, y que lo tomemos como algo normal, y donde directamente ni se lo discuta ni se lo reflexione como algo que es muy grave. Es complejo. En consulta veo que reina el individualismo y el materialismo, donde cada uno se repliega en su propio mundo, y no hay posibilidad de generar vínculos con el otro”.
Un fenómeno con dos caras
Juliana Rodríguez, graduada en Ciencia Política de la UNVM, y becaria del Conicet, viene trabajando con diferentes municipios provinciales, en políticas de seguridad ciudadana, tema que parte de sus investigaciones.
“El fenómeno de la violencia tiene dos caras, puede ser un medio para determinado fin, pero también puede ser expresiva. Y sobre todo esta última es la que estamos viendo a nivel social. Porque si el que detenta el poder político no le pone ningún tipo de freno a lo que se dice y a las intenciones que tiene su discurso, eso se traslada a la violencia social, y ahí es lo más peligroso, sobre todo porque vivimos en una sociedad democrática en donde estos discursos donde se promueve la falta de tolerancia, la falta de respeto al pensamiento divergente y, sobre todo, atentar lisa y llanamente contra el otro por ideología, violentando contra él, avasalla un montón de derechos, y hace un caldo de cultivo para que como sociedad nos volvamos mucho más intolerantes y violentos”, expresó.
Contó que desde ante de la pandemia ya se hablaba entre colegas sobre la “cultura de la cancelación”, que es “censurar o silenciar a los otros porque tiene un pensamiento diferente al nuestro, lo cual tiene ese costado intolerante, por ende peligroso. Obvio, las mujeres y los feminismos ya denunciábamos una situación de violencia basada en el género, que es diferente a la violencia política, que es lo peor que tenemos como sociedad, porque justamente no se trata de pensar al otro como un adversario en el plano de las ideas, sino poniendo las bases para pasar a la acción y atentar contra la vida de ese sujeto que piensa diferente”.
“Una de las grandes conquistas de la democracia fue sentar las bases para el cuidado de la vida; vos podías pensar absolutamente distinto, pero la vida del otro era sagrada, luego de las atrocidades de la dictadura. Y nosotros como sociedad somos poco tolerantes a la violencia. De hecho en América Latina somos los más pacíficos, porque nuestra forma de resolver los problemas se dan por otros canales, no por la violencia letal”, dijo.
Sin embargo, indicó que en los últimos tiempos se está viendo “en ciudades o en provincias del interior, situaciones de violencia que viene fagocitada por determinadas condiciones de producción, como nosotros le decimos, porque la violencia no se produce en el vacío, ya que siempre es relacional, e implica una relación de poder, y puede ser ‘ te violento para dominarte’, ‘te violento para conseguir lo que tienes’, ‘te violento para generarte miedo y te inmovilices’, o ‘te violento porque estoy frustrado con mi vida y encuentro en la violencia más poder o reconocimiento’”.
“A nivel social suceden situaciones como el bullying y el ciberacoso, que son violencias que no podemos tramitar y que hoy las nuevas generaciones están muy expuestas a esto, a través de una dimensión expresiva desde el anonimato que te dan las redes. Obviamente, la desigualdad también es caldo de cultivo de violencia. Y ni se diga la violencia de género, que Milei niega como si no existiera o fuera un invento”, indicó.
Dos visiones locales desde la Sociología
Matías Giletta,?sociólogo, dijo que “veo con bastante preocupación que se incrementan las situaciones de violencia en determinados espacios políticos, y públicos, manifestaciones, etcétera. Y donde uno ve la violencia en contextos políticos, donde debería de haber controversia de ideas en lugar de violencia física, y es preocupante. También preocupa que el presidente en sus discursos pareciera que genera un clima donde parece no desalentar el ataque, por ejemplo, cuando insultó a periodistas e instó a la gente a que también lo hiciera. De todos modos no creo que sea esto totalmente nuevo.?El clima de intolerancia política e ideológica, y de llevar las diferencias al plano personal, así como el cierre de posibilidad de diálogo entre posturas extremas, no es nuevo en Argentina. Desde hace más de 10 años, con el tema de la famosa ‘grieta’, está. Es un antecedente, así como la lógica de las redes sociales, donde hay estudios, sobre lo que se denomina ‘filtros burbuja’, en donde las redes sociales tienen una lógica más de encerrarnos en nosotros mismos, y en círculos entre quienes pensamos lo mismo, en lugar de generar puentes y abrir una discusión con quienes piensen distinto. Y todo esto obvio influye en esto de la violencia, que no tiene una sola causa, como lo sería el tema de la violencia discursiva del poder”.
Por otra parte, Gonzalo Assusa, también profesional de la Sociología, señaló: “Que muchas de las acciones de violencia que bajan desde el Gobierno, se asientan en bases de legitimidad, no solo de Milei, sino entre quienes los votaron. Creo que uno podría leer como violencia el conjunto de acciones que este gobierno llevó adelante, para romper con consensos que creíamos protegidos, como eliminar instituciones enteras del Estado, y atacar otras, más allá del espectro ideológico, como nadie antes lo hizo. Como el ataque a las universidades, declarándolas enemigas políticas con ciertos tinos sociológico, porque la universidad pública es uno de los refugios más fuertes y permanentes que tiene el progresismo en el país, aunque no solo sea eso, ni mayoritariamente”. “La violencia se ha dado de muchas formas, por ejemplo, hoy (por ayer) se borró de un plumazo la AFIP y se echó a más de 3 mil empleados, otros lugares que creíamos protegidos”, expresó, y finalizó: “Es fundamental pensar sobre qué sectores se desató esta violencia, y en qué medida se la volvió más visible, como las universidades públicas, una institución con gran visibilidad y que despierta sensibilidades”.
