Los vecinos definen y se definen. En diálogo con elDiario, aportaron opiniones como para armar un rompecabezas de adjetivos

Entre “el barrio” y “la city”, cómo somos los villamarienses

Los amigos y la costanera, la vorágine y la siesta, la intolerancia y el respeto..., fueron algunos de los conceptos aportados por los habitantes en el marco de una búsqueda del ADN local
domingo, 20 de octubre de 2024 · 07:00

Escriben: Escriben Daiana Dizanzo y María Luz “Nani” Macía - Estudiantes de la UNVM, de pasantía en elDiario

 

El mes pasado, Villa María celebró su cumpleaños número 157 y en la Redacción nos preguntamos si existía un modo de ser que sintetizara y expresara a los vecinos que la habitan. Por esto, salimos a charlar con ellos mismos para conocer sus respuestas ante dos preguntas: ¿cómo ves a los villamarienses?, y ¿cómo te autopercibís como villamariense?

Alejandra Rizo, moza en Café Luda, percibe a los vecinos de la ciudad de modos distintos: “Son personas que tienen buena actitud, amables y respetuosos. Sin embargo, hay días que nos encontramos con personas que no te saludan; te acercás a las mesas y directamente te hacen el pedido, omitiendo el saludo cotidiano”, contrastó. En tanto, ella se define “como una persona amable, respetuosa y alegre, que trata de no estar mal tanto para mí, como para la gente”.

Mariana Corradini, docente universitaria, sostuvo que “los villamarienses son amables, orgullosos y con puntos de convergencia que generan acuerdos”, y agregó que el sentido de pertenencia genera “mucha avidez por ocupar los espacios públicos”. Asimismo, opinó que es una ciudad pequeña que conserva aire de pueblo, lo que refleja menos ruidos durante las horas de la siesta. Sumada a esta descripción, resaltó el “talento” como una característica principal del villamariense, porque siempre participa en diferentes hechos históricos, desde eventos artísticos o deportivos, hasta en descubrimientos científicos, en distintas partes del país o del mundo. La educadora, que vivió más tiempo en Villa María que en su ciudad natal, aseguró que tales valores son los mismos que la representan.

Leandro, dueño de un gimnasio, coincidió con Corradini al definir al villamariense como alguien con costumbres de pueblo, en una ciudad que “ya va para algo más grande”. Por dicha razón, dijo que tienen una mentalidad más cerrada. Al ser consultado sobre si el villamariense es chismoso, el profesor respondió: “Acá, si uno se manda una…, enseguida el rumor se corre y todos nos enteramos”. Por su parte, planteó que él no es de ese modo, pero que, aún así, al convivir con el ciudadano de Villa María, termina comportándose igual. En relación a esto, agregó: “Te lleva a que te vas pareciendo a eso, porque si no tenés que andar solo caminando por la calle”.

Emilia Deheza, estudiante de Comunicación Social de la Universidad Nacional de Villa María, se diferenció al hacer hincapié en un villamariense rutinario. Y destacó que “hay un ritmo muy de ciudad, de mucho acelere, en el que cada uno hace la suya, en comparación con el día a día de los estudiantes que vienen de un pueblo”. En ese contexto, la estudiante expresó que coincide con las particularidades de los locales.  

Roberto Battaglia, jubilado y exdirigente gremial de los judiciales, apuntó, por un lado, a un sector que vive “cómodo”, debido a que Villa María cuenta con muchas ventajas desde el punto de vista educacional, cultural, vial. Mientras que el otro sector “hoy no la está pasando bien, porque no tiene buenos salarios y presenta carencias en los barrios”. En respuesta a cómo se autopercibe, dijo: “Tengo los mismos conflictos, virtudes y defectos que tienen el conjunto de los sectores de nuestra ciudad”.

 

“Hay un ritmo muy de ciudad, de mucho acelere, en el que cada uno hace la suya, en comparación con el día a día de los estudiantes que vienen de un pueblo”.

 

Jonathan Cortez, freestyler y profesor de danzas urbanas, manifestó que Villa María “es una ciudad que abraza a muchos ciudadanos y ciudadanas”, porque está constituida por personas de diferentes lugares que llegan para vivir acá. Esto genera cercanías que se reflejan en los hábitos, gustos y objetivos personales, y que luego convergen de manera colectiva. Sobre esto, ejemplificó: “Tenemos las juntadas entre amigos y familiares, pero también nos gusta estar a solas. Tenemos lugares llenos de gente en ciertos momentos, como la costanera, pero también nos gusta caminar por el caminito escuchando la naturaleza”.

Cortez reflexionó que “la city” o “María la Villera”, como él y sus amigos suelen decirle a Villa María, le brindó posibilidades, crecimiento, amor, compañerismo y su “magnífica obsesión” por la danza. Sobre los valores compartidos con sus afectos razonó: “Estamos en el barrio y buscamos salir del barrio para poder crecer, pero después volvemos a casa para recordar nuestra niñez y la felicidad absoluta”.

 

 “Estamos en el barrio y buscamos salir del barrio para poder crecer, pero después volvemos a casa para recordar nuestra niñez y la felicidad absoluta”.

 

Lara, empleada de una panadería, aludió a dos clases de vecinos. Por un lado, personas respetuosas, agraciadas y con quienes se puede generar un vínculo fuerte al pasar muchas tardes sirviéndoles café. Y, por otra parte, la persona que “viene, compra y se va, podes cruzar dos palabras y queda ahí”, llegando incluso a ser “irrespetuosa” en algunas ocasiones.  Sobre ella misma, admitió ser “re polvorita”, al tiempo que aseveró: “Si me tengo que cruzar con un cliente, me cruzo, y no tengo problema”.

Un colectivero del transporte público (que prefiere no ser identificado) declaró, en concordancia, que “el 70% de los villamarienses es irrespetuoso e intolerante y eso los hace ser fríos y cerrados”. A diferencia de un 30% conformado mayormente por “estudiantes y laburantes, que son personas dadas y simpáticas” con las que tiene buen trato.

El chofer se ve a sí mismo como una persona respetuosa y tolerante que “siempre te va a tratar de la mejor manera”. Aun así, declaró que muchas veces “aguanta”, pero otras, responde con la misma vehemencia con la que a él lo tratan. Más allá de eso, se considera simpático, dado, alguien con quién se puede charlar.

Una postal de la costanera. Un espacio para compartir o disfrutar en soledad

Hernán Grosso, desarrollador informático, expresó que los habitantes de Villa María son “bastante cerrados al principio, aparentan mucho y normalmente se endeudan para mantener su estilo de vida”. Aseguró que son “prejuiciosos”, pero que, de igual manera, “son buena gente”. Con respecto a sí mismo, dijo ser sencillo, amigable después de entrar en confianza, trabajador y amante de las buenas experiencias.

Verónica, auxiliar en un centro médico, confió que está rodeada de gente muy sociable y que, por lo tanto, tiene una percepción de un villamariense “activo, que tiene más de un trabajo, hace deporte, colabora mucho y es muy dado”. Pero, además, al igual que la mayoría de los entrevistados, mencionó que hay otro grupo más reservado que “ni sabés a dónde va, porque no se relaciona y no se comunica mucho”.

 

 “Activo, tiene más de un trabajo, hace deporte, colabora mucho...”

 

Como trabajadora, le gusta tener espacio, hacer gimnasia, salir y sociabilizar. Aunque admitió que por la falta de tiempo no aprovecha los distintos espacios que hay para recrear, hacer y aprender. “Me encanta la ciudad, es hermosa”, finalizó.

En síntesis, el villamariense y Villa María tienen tantas definiciones como personas que la habitan. Por eso, seguramente existen opiniones que no pudimos abarcar, de sectores y subculturas que también la conforman y que al mismo tiempo la configuran como esa ciudad pluricultural en continuo crecimiento.

 La ciudad que es capaz de albergar un evento que reparte miles de dólares..., y que “sigue siendo pueblo”

 

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