Entrevista en los estudios de laRadio del centro del país
Spila-Durán: más de nueve décadas al servicio de la ciudad
La reconocida profesional Alcira del Valle Spila repasó la historia del estudio que encabeza, donde se dio fe a importantes actos para familias y empresas de la ciudad y la región-Este Día del Escribano los encuentra celebrando nada menos que 91 años…
-Sí, vamos a conmemorar del Día del Escribano Latino, que es una forma de ejercer el notariado distinto al sajón, que se ejerce en base con otro tipo de derecho, otro tipo de aplicación en la sociedad… Y en nuestro caso en particular vamos a celebrar con el orgullo que nos genera haber mantenido los principios del estudio que imaginaron y crearon papá y mamá (Domingo Pablo Spila Perachiolo y Alcira García Ceballos). El trabajo de ellos, como el nuestro, se asienta en una potestad del Estado, es un derecho y, como todo derecho, entraña una gran responsabilidad y, por lo tanto, una obligación. Porque para cualquier otra profesión, digamos, el mentir sería un acto inmoral, pero para el caso del escribano, es ilegal. Además, el escribano desarrolla una función que tal vez sea menos conocida o difundida, y es que muchas veces cumple el rol de mediador social, de escuchar a las partes y buscar un punto de equilibrio, de manera tal que nadie se sienta parte o contraparte. Se trata de buscar una forma de encuadrar todas las pretensiones de cada uno dentro de un marco legal. Y eso me lleva a decir que, más allá de los avances tecnológicos y de tanta cosa que se puede hacer vía remota, es muy importante la entrevista personal. Y no es que uno sea psicólogo ni nada de eso, no tenemos esa habilidad ni profesión, pero realmente hay que escuchar a la gente en un momento en el que ya nadie escucha a nadie y en el que todos gritan o en el que se impone el poder del más fuerte, o la agresividad, o la ira cotidiana, producto muchas veces del trajinar sin encontrar respuestas.
...Por eso digo que es muy importante un momento de calma, de diálogo, y encuadrarlo dentro de un marco legal. Esa es la función fundamental del escribano, porque es cuando la gente expresa su voluntad de algo, donde la persona abre su corazón.
-Por ejemplo, al hacer un testamento…
-Sí, por ejemplo. Si alguien va a hacer un testamento te dice el porqué, te pregunta si eso es posible o no; si va a hacer un beneficio más grande para una persona que para otra; posiblemente tiene un motivo surgido a lo largo de su vida y quiere ver si eso después se encuadra legalmente. Lo mismo ocurre cuando los papás quieren adelantar bienes a sus hijos. Ellos están en vida y creo que es casi una obligación nuestra también resguardarlos a ellos, los más viejos, los más débiles, decirles “tengan cuidado, constituyan su usufructo, tenga en cuenta de que usted es el hacedor de esta fortuna”. Luego, la familia es una gran curva, una gran elipse: primero deben estar protegidos los menores hasta que maduran, pero cuando el papá y la mamá dejan de crecer en cuanto a la producción, son ellos quienes deben ser los protegidos.
-Me imagino que lo dice porque le habrá tocado ver hijos que dejan a los padres desprotegidos…
-Sí, más ahora en la sociedad moderna. Es algo que se repite de una manera casi permanente. No digo en todos los casos, pero los geriátricos no estarían llenos si no fuera así. Cuando nuestros abuelos vivían, el geriátrico no existía. Al abuelo había que tenerlo en casa hasta que mueriese; asistirlo hasta su último día; era el referente, el del consejo tan necesario; hoy se valora más la inmediatez que la experiencia… ¿Cuántas veces hemos escuchado el comentario: “Y vos para qué querés la casa tan grande, si vivís solo? Yo tengo tres hijos, vos podés irte a vivir a un departamento”. Sacar a una persona mayor de su hábitat es terrible. Esa es una de las situaciones que se presentan, más allá de que hay mil aspectos más…
-¿A esa forma de ver las cosas las incorporó un poco como herencia familiar, en tantos años de ejercer la profesión?
-Sí, yo tengo una historia familiar bonita, que es que mi padre, a los 27 años, siendo de una familia muy humilde, se va costeando la carrera vendiendo máquinas de coser Singer para Seppey, se recibe de abogado y empieza a ejercer en Villa María, en el año 1933, cuando, según él me contaba, la calle San Martín era de tierra. Él era el segundo escribano, ya que el señor Quiroga ya ejercía el notariado. Unos años después conoce a mi madre, que se había recibido en 1939 y empezó a ejercer en 1940, sin un peso. Y en el año 1941 se casaron. Mamá es otra historia aparte…, porque ella se recibió en el 1939 y en 1940 empezó a ejercer sin un centavo.
-¿Cuántas escribanas mujeres había en esa época?
-Creo que ninguna en Villa María. Es más, no teníamos derechos políticos; las mujeres no votaban y así fue hasta el año 1947. Y estudiar Derecho en una época donde no tenías derechos políticos era casi una bofetada a la sociedad de ese tiempo. Mi abuelo se indignó con ella y nunca le dio un centavo para que estudie. Él quería que estudiara farmacia, porque sostenía que esa profesión sí era para mujeres. No la dejó sin casa ni comida, pero no le solventó la carrera. En esa época había que pagar la Universidad, por lo que ella sacó una de las llamadas Beca de Pobreza, es decir que hizo un trámite judicial para que no le cobren la cuota y se recibió de abogada. Entonces se casó con mi padre, que ya tenía el estudio, y se vino a vivir a Villa María. Papá era escribano, pero no era abogado, por lo que en el año 1946 rindió las materias de Abogacía para tener el título y mi madre pasa a ser escribana también.
-Cómo no seguir sus pasos con semejante historia…
-Sí, es algo que valoro, que amo, que protejo; es como un altarcito personal. Estamos con mi hija Natalia. El año que viene tendremos su Medalla de Plata, al cumplirse los 25 años de su graduación, y este año tenemos Medalla de Oro, ya que cumplo 50 años en la profesión. Me recibí a los 21 años… Entré a la Universidad con 17 y llegué con el Cordobazo… Todo te asustaba, la Policía que pasaba, todo era terrible, fue un año bravo… Me recibí en 1974, con lo que el 2 de octubre de 1999, también para el Día del Notario Latino, recibí un diploma por haber cumplido las Bodas de Plata profesionales, de parte del Colegio de Escribanos de la Provincia de Córdoba.
-Institución en la cual también se desempeñó…
-La voluntad de trabajar por el desarrollo institucional también es herencia materna y paterna. Y me llevó a desempeñarme como delegada titular de la Delegación Villa María del Colegio de Escribanos, función que asumí el 14 de diciembre de 2012. Al mes siguiente fui designada presidenta de la Comisión Delegaciones del Interior por el Honorable Consejo Directivo del Colegio de Escribanos de la Provincia de Córdoba, órgano que integré en los períodos 2012-2014 y 2014-2016, como vocal titular.
-¿Qué le quedó de su paso por la Delegación?
-Buenos recuerdos por todo el trabajo que se hizo: cursos y seminarios de capacitación, charlas informativas, validación de títulos y las jornadas federales de asesoramiento gratuito a la comunidad en cada año. También, durante los años 2012 y 2016 se dinamizaron las obras de remodelación de las dos plantas que ocupa la sede de la Delegación, que incluyeron la habilitación de una sala de conferencias, la reorganización de la sala de archivos y la biblioteca, la instalación de una sala de reuniones en la planta baja, reformas de la fachada y la vereda, además de compra de mobiliario…
-Natalia, y sus 25 años en la profesión, seguramente es otro motivo de orgullo…
-Claro, como lo son Pablo, mi hijo mayor, que se graduó en la Universidad Nacional de Córdoba de administrador de empresas y en la Universidad Católica de Córdoba hizo una maestría en Alimentación, y mi hija Alcira, que es abogada, politóloga y profesora en Derecho Político en la Universidad Nacional de Villa María. Dos divinos totales que, junto con Natalia, también abogada y escribana, completan el trípode de mi familia de origen. Los quiero muchísimo, son el combustible necesario para encender mi motorcito cada día y ponerme en marcha.
