Historia del genovés que mostró su pasión por la aviación
Quién fue el primer piloto en volar por los cielos de la ciudad
El aviador y periodista especializado Ariel Baysre nos da a conocer el perfil de Darío Sessarego, el primer piloto en surcar los cielos de la ciudadEscribe: ARIEL BAYSRE
Piloto y conductor del programa “Volando en la radio”
Darío Sessarego nació el 25 de junio de 1893 en Génova, ciudad portuaria ubicada al norte de Italia.
Llegó con su familia a la Argentina cuando apenas tenía 3 años. Hay crónicas que indican que vivieron primero en Bell Ville y después se instalaron en Villa María. Desde muy joven, Darío muestra su interés por la aviación. De hecho, comienza a construir él mismo una aeronave equipada con motor Anzani de 25 hp. Estos motores italianos, fabricados por Alessandro Anzani, tenían una característica principal: “no se paraban”.
“Sessarego fallece -a consecuencia de un accidente aéreo- en el hospital, con 27 años”. Ariel Baysre
Esto los hacía confiables para el vuelo. Además, estaban dotados de tres cilindros en abanico, enfriados por aire.
Para tener una idea del avión del que hablamos, se puede señalar que con ese tipo de motor, el aviador francés Luis Bleriot efectuó en 1909 la travesía del Canal de la Mancha. Lo hizo sobre un monoplano Bleriot de su diseño y construcción. También, el ingeniero Jorge Newbery se recibió de piloto en 1910 con un avión y motor con las mismas características.
La idea de Sessarego era exhibir este avión y recaudar fondos para viajar a Francia y realizar sus estudios de piloto en aquel país.
Francia era la cuna de la aviación. Allí se creó el primer Aeroclub, que había sido fundado en París el 20 de octubre de 1898 y pasó a denominarse Aeroclub de Francia el 20 de abril de 1899.
Para Sessarego, era un sueño ser parte. Sabía que los integrantes de ese grupo se reunían en los elegantes salones del Automóvil Club francés que daba a la Plaza de la Concordia.
En esos tiempos, el brasileño Alberto Santos Dupont alcanzaba fama universal cuando el 11 de octubre de 1901 consiguió volar hasta la torre Eiffel con su Dirigible Nº 6. ¡Imaginen el ambiente aeronáutico que se vivía en Francia en aquella época!
La cuestión es que Sessarego logró su objetivo y obtuvo el brevet (diploma) de piloto FAI (acreditación internacional). Así, ya como piloto, Sessarego regresa a nuestro país y comienza a realizar vuelos no solo sobre Villa María, sino también en navegación hacia distintas localidades, como por ejemplo, General Deheza, donde tenía grandes amigos.
Según las crónicas de la época, Sessarego compró un Bleriot de 50 Hp a Teodoro Fels, dato que hasta el momento no he podido documentar y sigo investigando.
Con respecto al lugar donde realizaba su actividad de vuelo, se ubica en torno a la zona donde hoy está el barrio Roque Sáenz Peña, particularmente sobre el cuadrante que va entre el bulevar Italia y Vélez Sarsfield hacia calle México, zona también conocida como Chaco Chico, Zabaleta o Piccardo.
Lamentablemente, el 13 de diciembre de 1920 se produce el accidente aéreo de Darío Sessarego en Córdoba capital, zona del Hipódromo de los Altos de General Paz, lugar que, como dice el historiador aeronáutico Francisco Halbritter, debe ser considerado como el primer Aeródromo de la ciudad de Córdoba.
Lo acompañaba en el trágico vuelo el mecánico Vicente Guayan -oriundo de Las Varillas-, quien salvó su vida.
Según los diarios de aquel momento, cuando el piloto se encontraba a unos 400 metros de altura, el motor dejó de funcionar y, al caer, tocó los árboles, cayó y capotó. Sessarego fue despedido del avión a unos metros y el acompañante quedó ileso dentro del avión. Pocos días después, fallece en el Hospital, con 27 años. Los restos de Sessarego están depositados en el Mausoleo ubicado en el cementerio La Piedad, el que fue declarado Patrimonio Histórico mediante ordenanza Nº 5.902, de fecha 6 de diciembre de 2007, siendo intendenta Nora Bedano.
Finalizo con las palabras que están grabadas en su placa: “El pueblo de Villa María rinde homenaje al malogrado aviador caído en la plenitud de su existencia, cuando aún mucho podía esperarse de ese espíritu valiente y decidido, sediento de glorias y de ideales. Que reine la paz en su mansión eterna”.
