Vida y comercio - Isaac Gornitz es el dueño de Casa Diva, segunda generación de este tradicional negocio

Una mercería con mucha historia

Es uno de los comercios con más años funcionando en nuestra ciudad, y por él han pasado casi todos los villamarienses alguna vez, buscando un botón, un hilo, un cierre y mucho más
sábado, 6 de enero de 2024 · 08:58

Todos tenemos una historia detrás de nosotros. Y la de Isaac  Gornitz, dueño y heredero de Casa Diva, un negocio que cumplirá en dos años 80 de funcionar, por lo que es uno de los comercios más antiguos de Villa María, es una historia particular, que empezó en Polonia. De ahí llegó su padre, León, fundador de la tienda (junto a su socio, el señor Rodríguez, cuyo primer local estaba frente a la plaza Centenario, que se incendió), escapando de la persecución y terror nazi allá por 1938, evitando por milagro que lo agarraran y ser puesto en un campo de concentración, solo por ser judío.

Isaac en el depósito, casi como un librero, lleno de historias y secretos  

“Nací en Villa María hace 78 años, el mismo año que mi padre fundó este negocio en este local,  en 1945 (un 14 de febrero). De hecho, mi papá vendía mercería a domicilio y se asoció con el dueño original, pero el local estaba en la plaza Centenario, que se quemó, y se mudaron acá”, señaló Isaac, un señor de los de antes: amable, educado y buena gente.

Contó que él tenía un hermano que murió de chico en un accidente de moto, así que quedó como hijo único, y desde niño creció en el local de Casa Diva, donde no solo jugó, sino que aprendió todos los secretos del arte de la mercería.

“A partir del accidente tuve problemas de salud. También tuve una tuberculosis que me postró en cama dos años, pero zafé. Y mi papá murió joven, a los 48 años, creo que quedó mal por lo que vivió en Europa antes de venir a la Argentina y  dolor por la muerte de mi hermano. Todo eso lo afectó y al final le dio un infarto. Así que desde muy chico ayudé a mi mamá en la mercería”, contó.

Isaac, que estudió hasta 3er. año del Colegio Rivadavia, maneja la mercería junto a su también amable  esposa,?Laura. Y cabe la pregunta, ¿qué villamariense no los conoce?, además de haber  entrado alguna vez a este local buscando un botón, un cierre, una tela, siendo atendido con ese trato especial, personalizado y paciente de sus dueños, como lo siguen haciendo.

 

Diez mil artículos

En la tienda hay cerca de 10 mil artículos, y todos esos están en la cabeza de Isaac, porque  “están acá, en mi computadora personal”, dice riendo y señalando su frente.

“En los tiempos dorados de la tienda, que fueron en los años 60, 70 y 80, cuando la modista tenía un papel mucho más preponderante en la confección de ropa, y no solo de arreglos, tuvimos hasta cinco empleadas/os. Comencé a trabajar con 17 años. Y desde ese entonces estoy acá”, expresó.

Con 78 años de funcionamiento del local, Issac y su mujer, Laura, cuentan que serán los últimos de la saga, porque sus hijos -tres varones y una mujer-, aunque en algún momento ayudaron, y al igual que él también crecieron y jugaron en la tienda, “ya tienen sus propias carreras y vidas”.

“Este local es nuestro. Lo compré en su momento. Esta es una mercería tradicional y tenemos hilos, botones, cierres, telas y mucho más. En otro momento, incluso, tuvimos muchos más productos, casi todos los que se necesitan para hacer toda la ropa. El tema es que hoy la gente se compra la ropa hecha, y antes era más de hacérsela, al menos gran parte de ella, a su gusto y medida”, detalló.

Se crio en el barrio donde está el Unión Central, donde, además de ser la mascota del club junto a su hermano fallecido, jugó al fútbol, “jugaba de 9, hasta que la tuberculosis me alejó de las canchas”, y afirmó que sigue feliz y contento de trabajar en la mercería,  toda su vida.

“Desde que empecé a trabajar acá me integré rápido, porque conocía todos los secretos. Hasta que tuve que ir al Servicio Militar y me descubrieron la tuberculosis, que me alejó de la tienda también. Incluso me tuvieron que operar para quedar bien. Fue en esa época que hubo una gran epidemia y hasta el día de hoy no se sabe ni cómo vino ni cómo se fue. Yo vendía también viajando, pero ahí el médico me dijo que no podía viajar más y me quedé en el negocio permanentemente”, indicó.

 

Secretos del mercero

“No por ser agrandado, je, pero somos la mercería más surtida en Villa María y la zona”.

Y ante la pregunta sobre cuál es el secreto para ser un buen mercero, es su esposa Laura la que nos lo dice:

“Ser una buena persona y atender a la gente como debe ser, sin apuros, con paciencia, asesorándola”, y ahí interrumpe Isaac: “Y tener onda, je”.

“Casa Diva significa todo para nosotros. Siempre digo que soy agregada, porque el alma de este lugar es Isaac, mi marido. Y mientras él esté esto va a durar siempre. Sí, somos los dos que estamos, el 13 de enero cumplimos 51 años de casados y trabajando acá también. Vendo y sé vender, pero él lo sabe todo del lugar”.

Por último, Isaac, ante la pregunta si hay alguien interesado en seguir con el negocio, dijo: “Este es un rubro que hay que saberlo manejar muy bien, esto es moda, muy específico. Si lo agarra alguien debe conocer el giro, pero creo que no hay gente preparada para esto.?La gente, además, ya casi no confecciona, todo lo compran hecho. Antes la gente sabía confeccionar, pero con Menem, que metió las importaciones, empezó el fin. Creo que conmigo se termina Casa Diva”, finalizó.