Chac, Kichaten, Moustache, Camargo, El Establo... - Un hombre al que recuerda la juventud de toda una época
El adiós a Enrique Frossasco, uno de los primeros y más exitosos bolicheros
Tenía 83 años, tres hijos, tres nietos y padecía una enfermedad cardíaca que finalmente le ganó la pulseada
Fue hacia finales de los años 60 cuando Antonio Canelli decidió transformar su restaurante y peña El Lazo, ubicado en un primer piso de la esquina de San Martín y Entre Ríos, en un boliche bailable, el primero de la ciudad. Encontró dos socios que lo acompañaron en la “aventura”, Enrique Frossasco y Berto Vaudagnotto, que viajaron con él a Buenos Aires a “espiar” las boites del momento: Mau Mau, Experiment, Zodíaco... para “extraer” algunas ideas.
Y en una carpintería de la calle Marcos Juárez de Villa Nueva, el tercero de ellos, confeccionaría los sillones, los puff, las barras y hasta los veladores, todo en madera, a semejanza de lo que era “top” en Baires. Así nació Chac (el nombre provenía de un Dios del panteón maya, vinculado con el agua y sobre todo con la lluvia). Fue tal el impacto que tuvo la inauguración y los inicios, que al poco tiempo construyeron un segundo piso y más tarde abrieron el café Camargo en la planta baja. Dicen que cada sábado por la noche bailaron allí 1.500 personas. Movido, en el segundo piso, lento en el primero.
Frossasco (el más joven de los tres), junto a sus socios, trasladó el éxito luego a Bell Ville, donde inauguraron Moustache, en la calle Córdoba, frente a la plaza. Y más tarde abrieron el segundo Chac en un céntrico primer piso de Río Tercero (para parejas) y otro boliche, Kichaten (para solos y solas), en un sótano ubicado en frente.

Seguían viajando a Buenos Aires a indagar sobre los nuevos equipos de sonido y de luces, casi siempre las recorridas terminaban en establecimientos de la avenida Belgrano, donde estaba lo más avanzado en la materia, aunque de la música propiamente dicha se encargaban sus DJ’s Daniel Romero y Martín Cabrera.
En los 70 traían a la Villa la música de Abba, Donna Summer, Blondie, Gloria Gaynor, Kiss, Supertramp, Peter Frampton, Pato C, Laurent Volzy... que venían del exterior y apenas si se mezclaban con La banda de los caballos cansados, de León Giecco. Ya en los 80 la música nacional ganaba espacio entre las novedades que llegaban envueltas en celofán desde Buenos Aires: Madonna, Bruce Springsteen, Guns N' Roses, Cyndi Lauper, Michael Jackson...
Lo cierto es que la sociedad que integró Frossasco unió a sus integrantes tanto como para compartir viajes de pesca a Embalse, al río Paraná... con sus hijos y con amigos.
Mientras tanto, en esta ciudad, sus amigos Giordano y Gómez habían dado forma a Kreo, para los más jóvenes, y Ye Hu, para parejas, en la costanera, cerca de La Lomoteca, de José Ignacio Córdoba.
El “trío dinámico”, mientras tanto, había realizado una operación inmobiliaria con el Club San Martín: le cambió su sede en la primera cuadra de la calle del mismo nombre, por unos terrenos en barrio Las Acacias, donde hoy la institución del rugby tiene su cancha principal. Y en la antigua casona del centro de la ciudad, construyeron el primer pub, El Establo. Un lugar fuera de lo común, con detalles asombrosos.
El nombre no era casual, ya que la sociedad llegó a incursionar en el turf (una excusa para pasar tardes enteras en el Tattersall del Hipódromo local o en la sede del Jockey Club) alimentando caballos como Barthelemy, Persinag Song y Wild Mercy o simplemente recordando anécdotas, porque a comienzos de los 90, la nueva ola bolichera (el advenimiento de Kabranca en la cúpula del Club Central Argentino, por ejemplo) acabó con la aventura bolichera de más de veinte años.
Enrique se recicló en el comercio, concretamente en el Drustore y se dedicó a la familia que había formado con la profe del Rivadavia Kitty De Lorenzi y sus hijos, Diego, Damián y Daniel, que le regalaron sus nietos Julia, Manuel y Agustín.
En los últimos años, peleó contra una afección cardíaca y se fue ayer sin sufrimiento.
Hay generaciones de villamarienses que se han divertido con aquellas novedosas propuestas suyas, surgidas de charlas y sueños compartidos en el Ichi Ban de la calle Corrientes.
