Historias de vida que nos pueden ayudar a sanar y pensar que tiene mucho sentido la lucha y la esperanza
Después del coma farmacológico y la quimio, viene la secundaria
A Pancho le dolía la cabeza. Le dolía mucho, pero mucho. En las guardias médicas de la ciudad no se conseguían resultados. Natalia, con esa intuición que caracteriza a las madres, consiguió el traslado a Córdoba...Francisco “Pancho” Burcher Pogliotti tiene 12 años. Un trastorno del lenguaje, conocido como disfasia, no le impidió cursar la primaria en la Escuela José Manuel Estrada, ni practicar el básquet en el Club Unión Central, ni hacerlo después con un profe de la Muni en el polideportivo que comparten su barrio, el Bello Horizonte y el San Juan Bautista a la vera de la avenida Universidad.
Pero llegó ese día de noviembre de 2022 en el que algo andaba mal en su cabeza y el dolor que le producía se tornaba enloquecedor. Natalia Pogliotti, su mamá, fue una, dos, tres veces a guardias médicas de la ciudad... Y cuando comenzaron los vómitos y otras complicaciones subieron a una ambulancia que marchó raudamente hacia Córdoba. En el Hospital Privado la tomografía trasparentó el cuadro: un tumor que había alcanzado el tamaño de una pelota de ping-pong presionaba todo... Era necesario extraerlo. Y se hizo. La primera operación, en diciembre, duró algo menos de 16 horas. Y fue un verdadero éxito. Se abría el paso a la quimioterapia, a los posteriores rayos, pero, ya se sabe, en esa zona tan sensible de nuestro cuerpo pueden sobrevenir complicaciones, “cualquier “cablecito” puede armar un “cortocircuito”... Y un edema cerebral produjo presión intracraneal, con lo que se hizo necesaria otra intervención. Luego, Pancho, fue perdiendo movilidad y se durmió profundamente. Primero, el coma fue farmacológico, inducido, “pero un día pregunté y me dijeron que ya no estaba medicado”, recordó Natalia.
“Me dijeron que ahora todo dependía de la voluntad de él. Los médicos no se arriesgaban a darme esperanzas, porque no sabían cómo iba a responder a los estímulos de todo tipo que se le brindaban”, añadió.
El doctor Messi
La TV no está permitida en las salas de terapia intensiva, pero la mamá y las enfermeras “extraordinarias e inmensamente humanas”, introdujeron un televisor para que el paciente escuchase y tal vez viese los partidos de la Selección argentina en el Mundial de Qatar. Y sí, funcionó. Lio Messi y los suyos hicieron lo que estaba a su alcance por la salud de “Pancho”, que durante los partidos comenzó con incipientes sonrisas y a mover levemente su mano derecha, que quería ser un puño de gol.
Fueron los primeros síntomas de la recuperación. Y segundo, Francia...
El paciente finalizó el año como campeón del mundo, pero continuó internado en el Hospital Privado de la capital provincial durante ocho meses más, hasta agosto de 2023.
Esa mano, la derecha, siguió llevando la delantera, luego una se movió una pierna, un brazo... Y en equipo, como la misma Selección, psicopedagoga, fonoaudióloga, kinesiólogo y Dios, “el poder de Dios, en quien tanto creemos”, comenta la mamá.
Y revela: “cuando en el Privado termina la última sesión de quimio de un paciente, se toca una campana. La de ‘Pancho’ sonó el 14 de abril del año pasado y no se puede explicar lo que se siente en ese momento. La alegría entre las familias, las caritas de todos los pacientes... Después siguen los rayos, pero hay una batalla ganada, por otras que se pierden en el sector de oncología”.
Mujer
Natalia Pogliotti es una mujer agradecida. Es villamariense. Se fue a vivir a Córdoba, donde nacieron sus hijos, y allí enviudó cuando Francisco tenía 5 años y su hermano mayor, Esteban, andaba por los 9. Entonces ella decidió regresar a esta ciudad, en pos de “una mejor calidad de vida para los tres”.
Esteban termina la secundaria en el Instituto Secundario Bernardino Rivadavia, donde Francisco la va a comenzar en el ciclo lectivo que se avecina. Seguramente que habrá adaptaciones curriculares y acompañamiento del cuerpo docente, como lo hubo en el colegio José Manuel Estrada, para completar la primaria.
A esa institución educativa le agradece Natalia. Y a sus vecinos, que organizaron rifas, polladas, venta de helados y cuanta actividad fuese necesaria para costear los gastos que ocasionaban las estadías en Córdoba, algunos tratamientos, algunos medicamentos... “Yo tengo que agradecerle a las enfermeras y los médicos del Hospital Privado, a todo nuestro barrio, a la Escuela Estrada, a Ángel Martelli, un profesor de karate que nos hizo unos ejercicios para hacer en casa, acompañándonos siempre, inclusive ahora que vamos al polideportivo del barrio para caminar en la pista”, expresa la mujer, que teme olvidarse de algunos y a la que todos perdonarían la omisión.
“Pancho” extiende las manos para acariciar las de su madre. El gesto se repite varias veces durante la charla con el periodista de El Diario.
-“Pancho”, ¿qué le dirías a un chico o a una chica que por accidente o por enfermedad tiene que movilizarse en silla de ruedas?
Que lo va a poder superar.
-Y vos, Natalia, ¿qué mensaje la darías a una familia a la que le toca pasar una situación similar a la que ustedes vivieron?
-Que no tengan vergüenza en pedir ayuda. Que la ayuda va a aparecer, que hay mucho amor en muchas personas. Y que los papás no bajen los brazos, porque si ellos bajan los brazos, los chicos van a bajar los brazos”.
Ahora, la vuelta olímpica
Cuando “Pancho” va al polideportivo de avenida Universidad, los vecinos ya lo saben, porque suena su música en un amplificador que transporta en su silla de ruedas.
Este domingo volverá a ese lugar, se pondrá de pie para intentar cumplir un desafío que se ha planteado con su madre y su hermano: completar por primera vez la vuelta entera al circuito, caminando. Será a las 17 y todo parece indicar que lo hará rodeado de amigos.
Será la vuelta olímpica de un campeón del mundo de la esperanza...
