Economía - El Diario salió a recorrer varios de los cafés de Villa María, uno de Villa Nueva, para entender la crisis desde ahí
El “índice café” sube y sube sin parar
El argento, más allá de su preferencia por el mate, es cafetero. Sobre todo el ir a algún cafetín o resto-bar a tomarse un café con medialuna. Sin embargo, hoy es difícil que el bolsillo sostenga esta linda costumbre, al menos no todos los díasIr a un café y tomarse uno es más que un rito argentino. Según un estudio publicado en 2015 realizado por la Cámara Argentina del Café, el 45% de los argentinos prefiere el café sobre otras bebidas, 6 de cada 10 dijo que juntarse a tomar esta bebida es una costumbre bien argentina, además de que el 83% de los consumidores de café toman una taza por día, y el 63% dos. Más allá de su contraindicación para quienes sufren de gastritis o esofagitis (reflujo) crónico, el 65% de las personas consultadas afirmó que las reuniones con amigos mejoran con una taza de café, un 50% dijo sentirse mucho mejor tras beberla, y el 14% no podría empezar el día si no se toma un cafecito.
Más allá de las preferencias por el café, el hecho de ir al cafetín y pedir al mozo/a un jarrito, un cortado o hasta un café con leche es casi una necesidad diaria de muchos argentinos, y obvio también de los villamarienses. Solo o acompañado, sentarse a la mesa con una taza humeante, quizás con una medialuna o bizcocho a un lado, es un placer único, un tiempo de paz. Además, cuántos libros no se imaginaron o se escribieron en una situación similar, o cuántas charlas entre amigos no solucionaron todos los problemas del mundo, o qué cantidad de relaciones amorosas no dieron inicio o terminaron, en la mesa de un café.
Hoy, sin embargo, según lo recabado por El Diario, aunque la gente no deja de ir al café y tomarse su dosis de cafeína diaria, ha disminuido su consumo, y no porque no se quiere repetir otra tacita, sino porque lo que cuesta con relación a lo que se gana no da para hacerlo tanto.
Costumbres argentinas
En un conocido café en la esquina de Entre Ríos y Mitre, Lautaro, encargado del lugar, afirmó que, aunque no ha disminuido la clientela desde la devaluación de hace casi un mes, “sí hubo algunos cambios de hábito, como el hecho de que el cliente habitual en lugar de tomarse dos o tres cafés como solía hacerlo, ahora solo se toma uno”.
En su opinión, el nivel de consumo en general viene bajando desde principios de año para acá, no tanto en las últimas semanas “pero sí, ya los clientes se miden más a la hora de pedir. Pero lo que yo veo es que los clientes siguen viniendo igual, no consumen tanto, pero la costumbre de venir, sobre todo por las mañanas, no se pierde”.
El dueño, conocido como El Caño, recordó que “el café históricamente valía el equivalente a un dólar. Y si hoy tomamos como referencia al dólar blue, estamos cobrando menos. Nosotros tenemos del café hoy en $500 el chico, y $550 el jarro. Pero el kilo de café sigue subiendo, y más con relación a lo que lo cobramos nosotros”.
Algo similar sucede en otro café histórico -casi teatral,- donde el precio del café es igual al del anterior negocio, situado en Mendoza e Hipólito Yrigoyen, donde Mauricio el encargado, contó que sí, “se viene viendo una disminución de clientes desde hace varios meses, y también se ha notado en las últimas semanas. La gente se mide más cuando pide. Yo llevo trabajando acá hace 4 años y la verdad que es notable la disminución del consumo. Jamás lo vi así. Hoy “tiramos” menos café.
Por el contrario, en un café y tradicional panadería de la calle Tucumán y Rivadavia, en donde el café chico está en $600, no ha bajado en absoluto el consumo, “inclusive -afirmó la hija del dueño-, “que cada día vienen más clientes, a veces hasta hay gente que espera para una mesa. Quizás alguno no consuma tanto como antes, pero acá no notamos que haya habido una disminución”.
Café de especialidad
Es importante destacar que el precio del café chico en Villa María, en la mayoría de los cafés, es de $550 en promedio, casi el doble de lo que se cobraban hace 8 meses. Y cabe decir también que el precio de estos en Buenos Aires o Córdoba es 20% más alto.
Ahora, en un café de bulevar Italia y Santa Fe, que se anuncia como un café de especialidad, se cobra el café común en $650, el jarro en $850 y $1.100 el café con leche, muy por encima de los valores promedio de nuestra ciudad. Ahí, César, uno de sus baristas, dice que “sí, nuestros precios son algo más caros, pero nosotros tenemos un plus, porque nuestro café es de más alta calidad que el promedio”.
Confirmó que “bajó la cantidad de gente que viene, pero el café no se ha dejado de venderse, la gente ama el café, lo que ha bajado es lo que acompaña a la taza, como los desayunos completos, o la cantidad de facturas o tortas que lo acompañan. La gente se cuida mucho más al pedir. Es evidente que la economía está afectando”.
Villa Nueva cafetera
En avenida Carranza y Deán Funes hay un café ya insigne de la vecina ciudad. Ahí, Romina, la encargada, afirma, que no ha bajado la clientela, pero sí han bajado otras cosas.
“No, la verdad que lo que es la cantidad de gente no ha bajado. Tampoco vemos una baja significativa de lo que consumen, y el café menos. Quizás mermó, pero muy poco. Tal vez se nota más en la comida, en lo que piden. Lo que sí ha bajado, y notoriamente, es la propina que dejan los clientes”, detalló.
Contó que sí hubo una suba sustancial del precio de café chico en el último mes “porque lo teníamos en $400, y ahora está en $550. El paquete o kilo de café nos está costando hoy $8.150, lo cual es un precio altísimo, por eso la suba que tuvimos”.
Café-librería
Karina es la dueña de este pintoresco café de la calle Entre Ríos al 1000, donde el café en jarro tiene un costo de $650, afirma que “los clientes no han bajado, sobre todo la clientela habitual”. Sí, se nota, y eso quiero destacarlo, que consumen menos. Acá la gente es cafetera, le gusta ir a un café y tomarse al menos una taza, eso no va a cambiar”.
“Ahora, cuando se trata de pedir la tostada, el jugo, una medialuna, un bizcocho o la torta, ahí si ha bajado el consumo. Yo con el café hago la diferencia, pero no con la panadería, que no deja de subir, y con lo que no gano nada. Sí, creo que en los 11 años que llevo este es uno de los momentos más difíciles. El precio del café para nosotros está carísimo”. Pero los argentinos somos cafeteros, y eso no va a cambiar”, destacó.
Además, expresó que ha tenido la idea de hablar con todos los que tienen algún cafetín, para que se estandaricen los precios “creo que sería una buena medida, que todos vendamos al mismo precio el café, nos beneficiaría a todos, y sobre todo, al más importante de todos: el cliente”.
Hoy, un café común, es decir, uno chico, vale un poco más que el dólar oficial y un poco menos que el dólar blue. Sin embargo, es evidente que para la mayoría, el laburante, es un costo que no se pueda el lujo diariamente de pagar.
Así las cosas, el “índice café” (recordar que todo el café que se toma en la Argentina es importado), aunque no es oficial (casi como habláramos del “café blue”) dice mucho de la actual y difícil situación económica que atravesamos. Y tanto esta como el precio de un cortado en jarrito, o la variedad que cada quien prefiera, podría empeorar si la crisis se agrava.
