Imitab: el instituto que depende de la UNVM y el Conicet es una usina de generación de saberes

Científicos locales aportan a la calidad productiva en la región

Entrevistamos a Carina Porporatto, directora del Instituto que depende del Conicet y desde donde realizan investigaciones de alto impacto para la región. Nos contó también cómo se sintieron cuando trataron a los científicos de “ñoquis”
domingo, 27 de agosto de 2023 · 08:08

La investigación científica que se lleva adelante en el Instituto de Ciencias Básicas de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM) tiene un alto impacto en la región. Pensemos que, por ejemplo, en el corto plazo podemos encontrar leche de burra apta para los que tienen alergia a una proteína de la leche vacuna en un supermercado o un almacén; o que, se va a disminuir la presencia de tóxicos en el agua mediante estrategias de remediación que surgen de la misma Universidad.

Para conocer los proyectos de investigación que están llevando adelante, entrevistamos a Carina Porporatto, directora del Instituto Multidisciplinario de Investigación y Transferencia Agroalimentaria y Biotecnológica (Imitab), desde donde coordinan los trabajos científicos que ya están produciendo un impacto importante en la vida productiva de la región.

En la nota, la directora del centro de investigación, que tiene una doble dependencia, tanto de la Universidad como del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), enumeró algunos de los proyectos en marcha. Estos son:

Calidad de la leche: “En lo que es relacionado con la actividad pecuaria, una de las líneas es la que busca mejorar la calidad de la leche de vaca”, explicó Carina Porporatto. Para ello, están desarrollando terapias más eficientes para el tratamiento y el control de enfermedades en los rodeos, “buscando optimizar y mejorar las terapias actuales”. Ponen el foco en el uso de antibióticos, para reducir la cantidad o mejorar la aplicación. En otra línea de investigación, abocada también a mejorar la calidad de la leche, están trabajando en los procesos productivos, para hacerlos más eficientes y que impacten en la calidad del producto.

Leche de burra: la alergia a una proteína de la leche vacuna es una característica que afecta a un importante porcentaje de la población, en su mayoría niños y niñas. Por ahora, no tienen más alternativa que recurrir a las costosas leches de fórmula que no son agradables al paladar. La leche de burra aparece como una alternativa económica, saludable y con mayor palatibilidad. Para ello, hay un grupo que está desarrollando un trabajo para mejorar la reproducción y también, para optimizar los procesos de ordeñe de leche de burra. Además, estudian mejoras en la conservación del producto para que pueda ser transportado y puesto al alcance de la población,  preservando todas las condiciones nutricionales que tiene esa leche.

Carina Porporatto, directora del Imitab

Alimentos funcionales: otro de los proyectos del Imitab es el que analiza “distintos componentes para superar la calidad nutricional, a partir del agregado de probióticos o postbióticos, que mejoren las leches o el yogurt a partir del agregado de microorganismos que se obtienen del suero lácteo y de la misma industria láctea”, dijo la científica. “El objetivo es que esos alimentos tengan más cualidades, como la capacidad antioxidante o una mayor posibilidad de estimular las defensas de los que los consumen”, explicó Porporatto.

Sanidad vegetal: están trabajando en un proyecto para el desarrollo de biofertilizantes que tendrán beneficios en el crecimiento y el desarrollo de cultivos, particularmente en el cinturón verde de Villa María, aunque se puede aplicar obviamente en otras regiones. Además, estudian cómo evitar infecciones que afectan a esos cultivos, desarrollando compuestos que se puede utilizar como herbicidas naturales, es decir, que no son tóxicos para el consumo humano.

Ambiente: hay un proyecto en marcha que está analizando la presencia de agroquímicos en el agua de la región. “Investigan cómo está presente y en qué época del año hay mayor concentración. También, analizan qué estrategias se pueden utilizar para reducir la presencia de esos compuestos en los recursos hídricos de la región”.

Biogás: otro de los equipos del Imitab está trabajando para la generación de biogás a partir de desechos agroindustriales, por ejemplo, la cáscara de maní.

El Imitab tiene 18 investigadores, 11 docentes investigadores y 28 becarios que desarrollan a diario su tarea en el ámbito de la UNVM

¿Qué es el Imitab?

El Imitab es el ámbito en el que los científicos de Villa María producen conocimiento para la producción agroalimentaria y la mejora del ambiente.

 Está formado por investigadores, becarios y personal de apoyo. “Actualmente, hay 18 investigadores del Conicet, que son los que llevan las líneas de desarrollo. Además, hay 11 docentes investigadores de la UNVM y unos 28 becarios, de los cuales, unos cinco tienen becas posdoctorales”, explicó la directora del Instituto.

Cuentan también con dos empleados que son el personal de apoyo para asistir en el uso de equipos, entre otras tareas,

Tiene además una directora que accede al cargo por concurso y en el corto plazo se llamará a elecciones para que se conforme el Consejo Directivo del Imitab.

¿Ñoquis?

Le consultamos a Porporatto, quien viene trabajando intensamente en el ámbito de la investigación, cómo tomó ella y el equipo de científicos de su área, esa calificación que se lanzó en el ámbito de la campaña política, donde uno de los candidatos calificó a los investigadores del Conicet como “ñoquis”, es decir, personas que cobran sin trabajar. “La verdad que no nos cayó muy bien, porque el Conicet es una de las pocas instituciones, contando tanto las públicas como las privadas, que para poder desarrollar nuestras tareas tenemos que pasar continuamente por diferentes etapas de evaluación. Primero, para ingresar como becario, uno hace una propuesta, presenta un plan de trabajo que se va a llevar adelante durante cinco años. Además, tiene que presentar antecedentes, tiene que haber tenido un muy buen desarrollo de su carrera de grado, con buen promedio y todo eso se evalúa y se compite a nivel nacional, donde se seleccionan las becas que se van a financiar. La selección para realizar doctorados está a cargo de un grupo de expertos que van evaluando el proceso. Los trabajos que nosotros desarrollamos se presentan en congresos y se publican en revistas científicas. Cuando terminás el doctorado y hacés la exposición final, se vuelve a evaluar.

Y esto es para los becarios. Para un investigador es mucho más rigurosa la evaluación que determina si tenés los méritos suficientes para afrontar esa investigación. Es un trabajo al que se le dedica muchísimo tiempo, más de ocho horas, porque muchas veces estamos pendiente de los ensayos que no se pueden cortar, porque la preparación de proyectos para lograr financiamiento específico, tienen plazos de vencimiento. Es una trayectoria, una carrera que requiere que estemos muy formados y que le dediquemos mucho tiempo. Para nada aplica ese concepto de ñoqui. Somos permanentemente validados, no solo por científicos nacionales, sino también del exterior. A la hora de hablar del impacto en la región, valoró que las líneas de trabajo procuran dar respuesta “a los problemas concretos que los productores tienen a diario o que plantean las industrias alimenticias”, dijo. “Por eso, el conocimiento que desarrollamos no solo es relevante para el sector productivo, sino también, impacta en la formación de recursos humanos, porque nuestros estudiantes de las carreras de grado reciben la educación de profesores que están generando conocimiento”, concluyó.

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