Empresas - La vinoteca cumple 100 años de historia
Valfré, donde el carácter cuenta
Cada vino tiene su carácter, transmite un mensaje y hace a una ocasión, a un momento de nuestras historias. Cada generación aporta lo suyo a esta empresaSon cuatro las generaciones que llevan (y llevaron) adelante Sebastián Valfré vinos y espirituosas a lo largo de un Siglo.
Son generaciones que miran hacia atrás y celebran desde este mes de agosto la fundación, como una gran familia, con clientes y amigos.
“Pasan un montón de sentimientos. Se remueven nostalgias, cosas del pasado, de la juventud…”. El actual titular de la vinoteca, Sebastián “Yani” Valfré, tercera generación, compartió los capítulos de esta trayectoria y contó sobre el carácter de cada uno y la impronta aportada a la empresa. El festejo trae también un vino por los 100 años, que tiene ese correlato con quienes llevan el apellido. Así se reconocen.
“El fundador fue mi abuelo, inmigrante que venía con una mano atrás y otra adelante, a hacer la América. Trabajó de peón en el campo por diez años y luego comenzó a edificar, desde los cimientos más rústicos”, dijo sobre el inicio, en una esquina de General Cabrera, distante 77 km de Villa María.
Narró que “todo tuvo una evolución”, ya que (el abuelo) “empieza trayendo uvas, en tren, porque la comunidad italiana hacía el vino y lo vendía; después comienzan a traer el vino ya hecho en bordalesas (barricas)”.
- Los abuelos piemonteses llegaron a Cabrera, por 1913, a laburar de peón con el 2do. grado de la escuela italiana. Era de 1889. Estuvo 10 años en el campo y después funda el boliche, que siempre se llamó Sebastián Valfré y estaba en una vieja esquina cabrerense.
Por lo tanto, apuntó que “la vinoteca de hoy es resultado de una larga evolución, desde la bordalesa a la damajuana y otros envases, hasta pasar a la botella”.
Y si bien luego se suman otras bebidas, Valdré sentenció: “nuestro métier siempre fue el vino, desde el momento en que el vino era como el pan”. Esa definición arrojó que, “hoy, el consumidor no tiene la obligación, pero sí la necesidad, de saber un poco más, lo que por aquellos años era más sencillo”.
Festejo fraccionado
“No podemos hacer una megafiesta, con dos mil invitados, dejás muchísimos afuera, porque tenés los vínculos comerciales desde mucho tiempo”, sostuvo.
Entonces, detalló que han “fraccionado la celebración en pequeños eventos, con una gala el 30 de septiembre en el Teatro Verdi, con la actuación de la Orquesta Sinfónica de Villa María y su tributo a Queen; también realizaremos un torneo de golf, en noviembre; cuatro viernes de degustación a puertas abiertas (comenzó anteayer y continuará hasta el segundo de septiembre). Además, habrá visitas de propietarios, enólogos y representantes de bodegas, referentes muy importantes de la vitivinicultura argentina, que serán parte de tres eventos, en el Amerian Park Hotel y en el salón de AERCA, para 50 o 60 personas en cada fecha”.
Como te ven
A la par, en la conducción de una parte de la empresa está el hijo de Yani, Seba (cuarta generación). También aporta su impronta, su carácter, y define que reconoce a su padre como “más aferrado al comercio y al mundo de los vinos”. Para autodescribirse, sostuvo que va por “tratar de innovar y trabajar más por el volumen”. Seba, formado como administrador de empresas, joven e inquieto, en la práctica se traduce en “emprender, en crear nuevas unidades de negocio y ser amante del comercio exterior”, habiendo montado en sociedad una importadora en Paraguay, además de otra productora de alimentos premium que utiliza materia prima de El Bolsón (Río Negro).
“Hoy lo aplaudo. Es un emprendedor, de vínculos, de caer bien en todos lados y ser responsable en cada uno de sus actos”, reconoció su padre.
Hacia la Villa
Sin embargo, esa historia que comenzó en General Cabrera, o antes, donde dos piamonteses se conocieron y formaron pareja. Luego abrieron el boliche y más tarde tuvieron la idea de trasladarse a la Villa María de entonces para que el hijo estudiara y se formara en la Academia La Fosa (egresó como Perito Mercantil). “Mi abuelo se viene acá para que su hijo, mi papá, estudie”, subrayó Yani.
Esa segunda generación aplicó su perfil relacionista y logró un convenio con la bodega Talacasto, de San Juan, “lo que fue el despegue de la firma comercial”, confirmó.
“Con Talacasto, mi padre arranca la representación y demuele el galpón del Club San Martín para construir este salón”, recordó sobre el edificio donde todavía funciona la vinoteca, en avenida Mitre, frente a las vías.
Y en esa línea, como dogma familiar, definió: “La empresa está por arriba de todo y la idea es que las personas puedan ser continuadoras”.
También reflexionó en que “haber estado cerca siempre de esa mirada, de esa forma de actuar y de ser, me transmite esa cultura, me disciplina en cuanto a economía”.
La prolijidad
“Mi viejo era perito mercante, aficionado al cine y a la fotografía”, describió, mientras abrió y mostró un libro de proveedores escrito de puño y letra, con las columnas bien definidas, la cursiva milimétricamente perfecta en cada trazo, y entonces expuso: “Hay un paso extraordinario, desde la rusticidad a la mayor prolijidad”, del abuelo a su padre, de la primera a la segunda generación.
“Yo entro como a revolucionar, por 1980”, dijo sobre la tercera, el lugar que ocupa hoy. Repasó que el abuelo siguió estando y se encargaba “de ir a los bancos”, y que le preparó todo para que a los 95 viajara a Italia “para recibir un reconocimiento como el más viejo del pueblo de Fossano (provincia de Cuneo), pero un sacerdote apareció en último momento y le arrebató esa distinción…”.
Sobre su formación, dijo que se puso a estudiar Ciencias Económicas, primero, en Córdoba, y luego regresó a la Villa, pero que no pudo seguir estudiando.
“Venía haciendo cosas con los vinos desde antes. En la secundaria ya guardaba vinos y siempre trabajé en la vinería, llenando damajuanas, por ejemplo. El gusto por el vino comenzó en la adolescencia”, confió.
Volvió sobre su padre y marcó que “era de emprender, se expresaba muy bien y sabía establecer relaciones”. Entonces, afirmó que “arrastraba una idea sobre el logro de mi viejo, lo que no pude fue administrar a título personal, como él lo hacía”. “Me atribuyo eso, tratar de fortalecer. Fui un renegado con mi viejo. Había una fuerte resistencia de la primera generación y traté de hacer lo que no pudo mi viejo”, acotó.
Además, señaló que “envasar” el vino lo “fue construyendo en la actividad y cómo quien va aprendiendo cosas en silencio”.
Y, con el correr de unos años (a los 17), llegó “a juntar unas 1.200 botellas de vinos diferentes, entre las que había Suter de vidrio marrón, debajo de la escalera, y un día vino una persona de Villa Nueva y me preguntó por el precio de todo. Me las compró y se las llevó en cajones de madera. Esa fue mi primera venta. Así fue mi primer negocio”.
Vino de ocasión
Al hablar del carácter, el vino y su lenguaje hacen a la historia, ocasión que amerita “un vino muy especial por los 100 años”, que se compartirá en este cumpleaños.
Se trata de un blend de malbec (44%), cabernet franc (20%), cabernet sauvignon (19%), merlot (15%) y un 2% de sauvignon blanc, un porcentaje de uva blanca que, “según el enólogo Carlos Rivier (hijo), le va a ayudar a fijar los colores”, contó a la hora describir.
“Es la primera vez que nos dedicamos a crear un vino, porque la ocasión así lo demandaba”, dijo Yani, quien además marcó que todavía “hoy muestra un músculo del vino recién hecho”, aunque no dudó: “Tiene el carácter de los Valfré”.
