Día del Gastronómico - Experiencia desde el más clásico villamariense
“Los clientes son mis amigos”
Luciana Faró así lo asegura desde el comedor Torino, el que lleva 48 años en el rubro, donde su madre Delia era la cocinera y sucedió a la fundadora familia Peplo. Muchos vínculos nacen en las mesas“No sé si volvería a hacer otra cosa. Uno reniega, pero…”.
Luciana Faró pone sobre la mesa la frase que quizás más identifica a los gastronómicos. Trabajadores y dueños de locales del rubro. Y, siendo la titular del más clásico de los clásicos villamarienses, el restaurante Torino, la usa con esa autoridad.
El mate, el termo y Cacho (Oscar) a su lado, su pareja, le bastan para respaldar cada frase en el salón. Las mesas están vacías por la mañana, antes de iniciar los preparativos, pero la cocina ya está avanzando con el menú del día.
Y entonces, la mujer asumió: “Me gusta. Es una gran cantidad de horas y no sabés lo que es ir a un casamiento o un cumpleaños de 15, una fiesta familiar. Nada. Y cuando cerrás es para ir a hacer las compras. Pero volvés y ves lo que lográs, lo que hacés (el hombre asiente con gestos)”.
Luciana se refirió así a las relaciones con la gente como la mayor ganancia del trabajo. “Siempre destaco que los clientes son mis amigos. Que sus hijos y sus nietos son amistades también, se van creando vínculos increíbles, pero diarios y cercanos, familiares”, describió.
Reina Madre
“Arranca primero mi vieja, sola. Ella es la Reina Madre de todo esto”, dijo. Y contó que fue Delia quien “se bancó pasar de ser empleada a ser la dueña de un día para el otro”, por lo que afrontó un primer cambio brusco.
“Llevaba 40 años en la cocina y sabía donde estaba todo. Cambiar de lugar fue tremendo, porque fue apenas una semana que estuvo cerrado (el Torino) para la mudanza”, recordó. Y ese hecho, el cierre de la mítica esquina de Sabattini y bulevar Vélez Sarsfield, también sacudió a los habitués y a los que no querían dejar de ocupar una mesa para conocer parte de la historia del circuito gastronómico nuestro, de Villa María. “Todos fueron los últimos días al viejo local y el primer día se reservaron todas las mesas en el nuevo espacio de calle La Rioja 1266”, apuntó la entrevistada.
Delia era una de las cocineras (también estaba Chachi, que se jubiló). Las familias de Peplo (el dueño) generaron “una relación de amistad, de familia, con el tiempo. Un día dijo que cerraba, que estaba cansado y había tomado la decisión, pero Delia le dijo que no lo hiciera, que no vendiera”, repasó. De acuerdo a su relato, la condición del propietario fue que, “si se animaba, se lo dejaba a ella”, a modo de indemnización en parte, que se lo alquilaba. Luciana “la acompañaba”, pero por esos años, era cadete (delivery), y sumaba a José, su papá y esposo de Delia.
Agrandar la carta
“Desde la pandemia tuvimos que aggiornarnos a otras cosas. No teníamos delivery. Hubo que empezar a hacer otras empanadas”, señaló. Y así, “a las dulces de siempre, se sumaron las árabes y las de jamón y queso”. También, “agrandar la carta con sandwiches. Hoy tenemos muchos pedidos que quedaron a partir de ese momento. No ofrecemos una vianda, lo nuestro es el menú del día, porque es más contundente, distinto. Va variando cada día, desde escalopes, pollo relleno, merluza, bondiola de cerdo, cada uno con su guarnición”, enumeró.
Con la flexibilización de las restricciones sanitarias fueron “abriendo con un 30% de aforo”, pero también rememoró que “todos los servicios apretaban. Había diez boletas de luz que pagar, refinanciadas (y que están terminando de abonar por estos días), la deuda de un año de alquileres…”.
Platos que identifican
Hay platos que identifican al Torino, como la Suprema Maryland o el Lomo al Torino, dos de los “varios que son más pedidos”, como el pollo al ajo y el bife de chorizo. El registro de Luciana es puntual.
Compartió que muchos platos hablan por el lugar, pero pone los vínculos primero: “Se gana confianza desde ese momento que llevas la comida a la mesa y vas conociendo a la gente”.
Meses atrás recibió el contingente del precandidato a presidente Horacio Rodríguez Larreta, por quien manifiesta simpatía. Qué comió: “Mila con fritas, huevos y tortilla, como tenía que ser”, dijo la titular del Torino. Y añadió: “Comimos en la mesa con él. Eso me dice mucho de una persona”.
Sobre qué le gusta comer a una trabajadora de la gastronomía cuando sale, si sale, de su espacio a visitar otros, Faró mencionó tres opciones y Cacho señaló la tercera, la subrayó: Parrilla (que por ahora no tienen en su local), tacos y paella, “la preferida”.
A la hora de aportar una mirada en cuanto al rubro en la ciudad, la mujer reflexionó: “Siendo un polo gastronómico, como lo es Villa María, tiene que mejorar mucho. Nosotros también. No hay un buen lugar donde comer pizza. Hay buenas, pero ni cerca de las pizzas que tenés en Buenos Aires, por ejemplo. La vas a pagar más, 5 o 6 mil pesos, pero es otra historia”.
También indicó que en pandemia se creó un lindo grupo de propietarios de locales gastronómicos que genera datos e información para el conjunto. “Vamos a tener que trabajar más sobre eso”, admitió.
En esa trayectoria del Torino, con 40 años en el primer lugar y 8 ya en este, la costumbre abarca a las Villas y a una región. “Hay mesas que los sábados las reservamos sin que nos llamen. Y hay mucho de los pueblos”, afirmó.
