¿Cuáles son los desafíos para la educación?

“Como a todo potencial, hay que trabajarlo porque si no se pierde”

Lo dijo Carolina Aiassa, delegada de la Asociación Civil Altas Capacidades Argentina, durante el Encuentro Federal que se desarrolló en el Parque Pereira y Domínguez para visibilizar la temática
lunes, 3 de julio de 2023 · 08:30

Cuando Emma tenía 2 años y medio le preguntó a sus padres cuándo, en la casa en la que vivía, se iba a dejar de hacer lo que ellos decían y se iba a poder hacer lo que ella quería.

En jardín de 4, una de sus maestras detectó que ella había aprendido a leer y a escribir. En su casa, sus padres no le habían enseñado y, para la edad, los sorprendió.

Una siesta de julio, su madre, que se llama Carolina Aiassa, que es delegada de la Asociación Civil Altas Capacidades Argentina y que está el Parque Pereira y Domínguez, donde se desarrolla un encuentro federal sobre el tema, cuenta que aquella vez, por desconocimiento, lo tomaron como algo “natural” e hicieron, también, suposiciones.

El jardín de 5, que Emma cursó en plena pandemia, fue “complejo”. Ella, a quien el año previo -de manera presencial- su maestra le daba actividades distintas a las de sus compañeros, con la virtualidad empezó a recibir las mismas que los demás. Apareció, entonces, el enojo, la frustración.

En primer grado, la situación se alivió un poco: los chicos iban a clases una semana sí, una semana no. El problema, si se quiere, se registraba cuando Emma regresaba de la escuela: había, dice su madre, “un desborde de emociones” y la niña no encontraba respuestas: no sabía por qué se sentía de ese modo.

“Se podría explicar que lo cronológico va por una vía y lo emocional por otra”, comenta Aiassa. Luego menciona que, buscando, encontraron un servicio del Departamento de Neuropsicología, dependiente de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).

Un equipo de profesionales de ese departamento es el que le permitió entender algunas cuestiones a Aiassa: por ejemplo, que alrededor del 15% de la población del país tiene altas capacidades.

Como por aquellos días la Universidad estaba cerrada por el virus, se contactaron con una profesional del equipo para que ella y su marido, pero sobre todo Emma, comprendieran aún más.

Comenzaron a trabajar de manera particular. Primero, la profesional se encontró con los padres y se planteó una serie de cuestionarios autoadministrados que permiten perfilar determinadas características de la niña. Después, la reunión fue con Emma y, en esa instancia, se planteó una “batería de tests”, aplicados en correspondencia con la edad cronológica. Por último, los padres recibieron una devolución. Les entregaron un informe en el que, entre otras cosas, además de la evaluación, se hacían sugerencias. Como padres, según el informe, se les propuso trabajar la ansiedad de la niña.

Emma siguió su tratamiento virtual y en julio del año pasado le dieron el alta. Esta tarde de julio, mientras su madre habla, la chica, que tiene 8, aparece y cuenta que ahora volverá al tratamiento. Su madre señala: “Lo estábamos necesitando de nuevo”. La semana que viene, así, se encontrarán con la terapeuta otra vez. La terapeuta a la que Emma llama “la seño de las emociones”.

Por otra parte, con respecto al trabajo que realiza la UNC, Aiassa destaca que “evalúan a personas de todo el país y de manera gratuita”. También remarca que llevan a cabo “instancias de formación para escuelas que están interesadas” y tienen publicaciones y papers a través de los que visibilizan la temática.

 

Características comunes

En el Parque hay una soga sobre la que está colgado un flyer que explica: “25 de junio: Día Nacional de las Altas Capacidades”. A la vez, las describe como “capacidades excepcionales en una o varias áreas, en relación con otros niños de la misma edad”.

Y las nombra: vocabulario amplio y complejo; comprensión de metáforas, uso de ironía y sarcasmo; aprendizaje autodidacta o con poca ayuda; intensidad de ideas, emociones y pensamientos; originalidad en la resolución de problemas; alta motivación, curiosidad y buena memoria; perfeccionismo y autoexigencia; tendencia al liderazgo y gran sentido de la justicia; disincronía entre desarrollo intelectual y emocional; baja tolerancia a la frustración y a la aceptación del error; y cuestionamiento de la autoridad impuesta.

Otra de las que aparece en el listado es el de la imaginación vívida. Aiassa se detiene en esta característica y comenta que se han encontrado con escenas del tipo: 'Má, ¿te acordás cuando hicimos tal cosa?', pregunta Emma. 'No', responde Aiassa. 'Pero sí, si llevabas puesta tal ropa de tal color', y etcétera, y etcétera.

En este plano, Aiassa explica que los chicos con altas capacidades son curiosos y emplean “un vocabulario muy complejo y muy elevado para la edad cronológica”. Se interesan, además, por muchos temas y muy diversos. Por supuesto, aclara ella, “las características no se pueden unificar”, pero sí comparten varias. Lo que llama la atención, insiste, es cómo los procesos cognitivos se desarrollan a edad tan temprana.

Y, en este sentido, se complejiza “la relación con los pares”: es decir, el chico se pregunta por qué, a pesar de estar en tal grado, sus intereses son tan distintos a los de los demás. “Lo que tienen las niñas es que valoran y enfatizan mucho más lo social; entonces sacrifican el resto de las cosas para poder encajar en el grupo”, afirma Aiassa.

Emma lee, lee demasiado: si bien en su casa hay libros, su madre debe llevarla “frecuentemente” a la Biblioteca y Medioteca Municipal y Popular Mariano Moreno. Los libros que se lleva, de más de cien páginas, a veces, los lee cuando sale de la escuela a la tarde, y los lee en dos o tres horas.

La ciencia también le interesa. Este año, por ejemplo, comenzó un curso de Astronomía. Su madre cuenta que la pequeña no manifestaba interés en esta disciplina, pero que ahora está “fascinada”. Y añade que les genera interés “cualquier cosa que despierte el interés y de la que no tengan como conocimientos previos”.

De este modo, plantea uno de los ejes que, considera, debe trabajarse: el de la educación para “modificar, avanzar y flexibilizar” todas aquellas aristas que sean necesarias con el objetivo de motivar a los estudiantes y no estancarlos.

“Como a todo potencial, hay que trabajarlo porque si no se pierde. Eso es lo que nos preocupa mucho como papás”, dice después Aiassa. Y lo resalta. Lo resalta por sobre todo ella, que forma parte de la única familia villamariense con una hija con altas capacidades. Esa hija que le preguntaba todo a su madre: que le preguntaba si su condición era “algo malo”, un “defecto”. Esa hija, curiosa. Curiosísima.