Salud - La esperanza de vida o la esperanza de vida buena...
La vida es bella, con el doctor Carlos Presman
El autor de “Vivir 100 años” compartió sus conocimientos y experiencias recogidas a lo largo de tres décadas de ejercicio de la profesiónMezclando en proporciones justas el saber, el humor y el arte de la comunicación, el médico Carlos Presman cautivó a quienes se dieron cita, la noche del jueves, en el Auditorio de la Medioteca y Biblioteca Mariano Moreno. Con una visión distinta de la Medicina (cuanto menos, diferente a la generalizada) fue llenando la sala de conceptos que recopiló en su libro “Vivir 100 años”, agotado y merecedor de una reedición.
La actividad fue organizada por la Asociación de Jubilados de Argentina, la Asociación Comunitaria de la Biblioteca Popular Mariano Moreno y la Cooperativa de Trabajo Comunicar, en el marco del programa de actividades concebido camino al 40º aniversario de El Diario.
La maestra de ceremonias fue Sonia Oddino, dirigente de la primera de esas entidades. Luego de sus palabras, el médico Ernesto Gagliano se encargó de presentar al disertante y, seguidamente, el periodista de este medio, Sergio Vaudagnotto, comentó el contenido de “Vivir 100 años”.
De ahí en más, Presman entabló un diálogo “personalizado” con el conjunto; sí, con cada uno de los presentes, porque, a decir verdad, el médico y escritor tiene otro admirable don: el de la comunicación.
Puede que se trate de una virtud natural, aunque seguramente fue adquiriendo mayor brillo en esa pulidora que es el consultorio de alguien que aprende de sus pacientes. Alguien que sabe que los adultos mayores necesitan ser escuchados. Y él, Presman, entiende que cada persona envejece de una manera diferente, entonces pregunta, pregunta y pregunta, como le preguntó a Lidia, la mujer formoseña que enviudó, pero pudo darle estudios universitarios a sus hijas gracias a los conocimientos que tenía para embalsamar animales. En todas las armerías dejó su teléfono para que los matadores de ciervos, jabalíes..., la llamaran, le dieran trabajo y así colgar luego sus “trofeos” en la pared. El negocio fue bien, pero en los primeros tiempos..., ellas comían las vísceras para seguir adelante.
Después de escuchar a esa paciente, después de escuchar a su médico, está más que claro que esa mujer era luchadora y tenía más probabilidades que otras de reponerse, por más que la patología fuese la misma.
Escuchar más que hablar. Aprender siempre. Y transmitir, compartir los conocimientos.
Antes y después se cuelan historias extraídas de la obra de teatro que llevaron por el país con Doña Jovita, médico y paciente, a propósito de la primera edición de “Vivir 100 años”.
Y no se trata de que sean 90 o 100, sino que sean buenos años. Porque, escuchando a Presman, uno prefiere hablar de esperanza de vida buena antes que de esperanza de vida, solamente. Del mismo modo que se aprende lo mala palabra que es “medicalización” (menos remedios y más vida, ¡qué tanto! ¡Laboratorios, go home!)
Palabras como cáncer, alzheimer, residencia de la tercera edad..., se pueden pronunciar mejor, sin que duela el corazón.
Presman enseña cómo es la cosa.
