Copina, la cooperativa de trabajo dedicada a realizar acciones en favor del ambiente en la zona urbana y rural
Una muestra de lo que se puede lograr forestando la zona rural
La cooperativa de trabajo dedicada a tareas ambientales, Copina, presentó ayer una forestación en la zona rural que no solo trae beneficios ambientales, sino también que, según proyectan, pueden mejorar el rendimiento económicoEl grupo nació como asamblea a la sombra de los algarrobos del montecito ubicado al fondo del barrio Malvinas Argentinas y, en el camino recorrido desde el año 2015, decidieron avanzar y conformarse como cooperativa.
Así nació la Cooperativa de Trabajo Pionera Nativa (Copina) que está integrada por José Sánchez, Carla Burnier e Ignacio Meza.
Ayer, tuvieron su bautismo al presentar ante un variado grupo de personas un trabajo de forestación en la zona rural (productores, docentes universitarios, biólogas, directivas del INTA, entre otros), que puede abrir la puerta para que empecemos a ver un nuevo paisaje en los campos de la región, con los árboles irrumpiendo en la línea del horizonte.
Sánchez explicó a El Diario que en el campo Ezenga-Somale, ubicado en la zona rural de Sanabria, fueron contactados por los propietarios para forestar. “Ellos habían intentado hacer una cortina para frenar un poco los vientos, pero los ejemplares no prosperaron”, dijo.
Cuando les llegó el pedido se pusieron manos a la obra y propusieron ir por más. No solo una cortina, sino que impulsaron un corredor biológico.
“En esencia, el corredor biológico es el que conecta dos áreas que son fuentes de biodiversidad”, dijo en el taller Ignacio Meza. Es decir, si hay un montecito en un lugar, ese espacio alberga fauna que, si no puede movilizarse desde allí hacia otro lado, va a terminar extinguiéndose. El corredor propone generar esos espacios para albergar la vida de las especies, a fin de que se vayan conectando entre sí.
“Trabajamos mucho preparando la tierra, garantizando que el suelo esté en condiciones para que prosperen los árboles y puedo decir que de casi 300 árboles y arbustos, hay solo tres que se secaron”, valoró Sánchez.
El corredor
En el taller que realizaron ayer los integrantes de Copina mostraron el trabajo que hicieron en 500 metros de extensión, donde plantaron casi 300 ejemplares. “La mayoría autóctonos”, aclaró Sánchez. Así quedó un lugar con árboles y arbustos creciendo entre pastos, formando un espacio que devuelve algo de lo que está faltando en el ambiente. “Espinillos, algarrobos y hasta tunas”, son algunas de las especies elegidas. Como el sector forestado está cerca de un corral, también sumaron aguaribay, que si bien no es autóctono de esta región, repele los mosquitos, lo que ocasiona un beneficio al rodeo de vacas lecheras que están en el lugar.
Beneficios
Y hablando de beneficios, en el taller con el que empezaron la actividad de ayer, Burnier y Meza explicaron que las ventajas de contar con corredores biológicos en los campos son múltiples. La más conocida, que mitiga los efectos del viento. “Reduce el impacto del viento entre 10 y 20 veces la altura de cada árbol”, indicaron.
Otro de los efectos beneficiosos es que alivia el efecto de las altas temperaturas. “No hay mejor espacio que la sombra”, tanto para personas como para los animales.
Evita la erosión “porque cuando cae la lluvia en el suelo desnudo erosiona todo a su paso, en cambio, si cae sobre los árboles, se va absorbiendo en el suelo”.
“En teoría, todos estos factores hacen que el rendimiento de la actividad económica de la zona rural aumente”, expresó Meza en el taller, que comenzó con un intercambio impulsado por Burnier entre los asistentes, quienes luego fueron al campo a ver el trabajo de?Copina.
La cooperativa
Los integrantes de la cooperativa advirtieron que muchas empresas que se dedican a la forestación no tienen puesta la mirada en lo ambiental y por eso es que decidieron comenzar a prestar esos servicios. Se dedican a la reforestación en zona rural y periurbano -precisamente ayer mostraron un caso de éxito en ese rubro-, a la conservación y manejo de bosques y a la ecojardinería.
Por otra parte, siguen yendo a las escuelas para realizar talleres de educación ambiental e impulsan salidas colectivas al monte nativo, reconociendo especies y disfrutando el paisaje. En definitiva, el grupo, que nació a la sombra de los algarrobos, hoy está multiplicando aquella sombra que los cobijó.
