Entrevista - Un trabajador del Polvorín local, que fue uno de los echados en 2018 y reincorporados en 2021, habla con sentimiento y revela aspectos de un conflicto seguido con atención por buena parte de la sociedad local

Un corazón de fábrica, para querer la industria nacional

Habla de Fabricaciones Militares, de su creador, de la importancia que tiene la industria para la defensa en manos nacionales... y sus palabras permiten adentrarse en uno de los conflictos de la historia reciente que hicieron “ruido” en el centro de la ciudad, como en el interior del establecimiento
domingo, 23 de julio de 2023 · 08:30

El final

La charla transcurrió en un bar de bulevar Sarmiento. Después de la larga conversación, se le pidió hacer unas fotografías para ilustrar la entrevista. Entonces, Darío Dreyer, trabajador de la Fábrica de Pólvoras, preguntó si puede ser junto al  busto del general Manuel Savio, del creador del complejo de Fabricaciones Militares.

-Ingresaste en 2015 a la Fábrica de Villa María, no hace tanto tiempo, pero conocés mucho de su historia, también de la de Río Tercero, de la de Fray Luis Beltrán... La historia del mismo general Savio. ¿A qué se debe?

-Bueno, es que hay compañeros de trabajo que son apasionados y nos transmiten sus conocimientos. Aman a la Fábrica y después uno va entendiendo la importancia de que determinadas actividades se desarrollen en la órbita del Estado. Imaginate si dejás la pólvora en manos de privados, o el éter que puede ser utilizado para cortar droga en manos de privados... Pero, por sobre todas las cosas, la industria para la defensa es algo que no puede ser pensada de otra manera que, como la pensó el  general Savio. Él quería que se fabricase todo acá, en el país. Es algo básico...

 

El comienzo

-Entraste en 2015 y te echaron en 2018. ¿Por qué?

-Siempre creen que se entra por acomodo. Mucha gente piensa mal, que somos vagos, ñoquis... Mi solicitud era una entre más de trescientas. Yo soy de Morrison, venía de allá y ahora ya vivo en Villa María. Creo que en el último examen que hice había una pregunta en la que querían saber el motivo por el cual uno quería ingresar. Yo puse “por soberanía”. No sé si fue por eso, pero me llamaron.

-¿Y el despido?

-Después que asumió el gobierno de Mauricio Macri,  justo antes de la Navidad de 2017, mandaron los primeros 30 telegramas de despido. Y comenzó un período en el que nos empezaron a pedir a los de mantenimiento que fuésemos a desarmar la Fábrica de Azul,  a desmantelarla. Todos los días nos lo decían de alguna manera: que si no lo hacíamos nosotros lo iban a hacer los de Río Tercero, que nos íbamos a quedar sin nada... Pero nadie quería ir a cerrar la fuente de trabajo de otro. Había que traer de Azul el bobinador de la dinamita, entre otras cosas. Imaginate, era como sacarle el corazón a esa Fábrica. Después ofrecían $5.000 extras a la semana, después $10.000  extras, posteriormente sumaron días de regalo...

-¿Y cómo lo consiguieron?

-Una mañana nos llamaron a las 9 de la mañana, aprovechando que no había ningún dirigente del gremio (la Asociación de Trabajadores del Estado). Empezaron a hablar los de Recursos Humanos y cada vez hablaban más fuerte, porque cerca estaba el subdirector Luciani, que era el encargado de desarmar Azul. El asunto es que ahora ya amenazaban con descuentos si seguíamos cerrados en la decisión de no ir. Lo que se dice un apriete. Un jefe, Daniel Balasa, se jugó con una nota que recomendaba no ir por razones de seguridad. Pero enseguida volvieron las presiones y los compañeros empezaron a temer por la fuente de trabajo. Imaginate, todos los días pensando que te vas a quedar en la calle. Hasta que nos llamaron a firmar una declaración jurada diciendo por qué no íbamos. Le puse que no iba por convicciones que me impedían quitarle la fuente de trabajo a otras personas. Todo eso fue durante mayo y junio de 2018 y en agosto, en vísperas del aniversario del fallecimiento del General San Martín, echaron a 48 trabajadores, entre los que estaba yo, que no soy el más importante, porque había algunos que llevaban toda una vida ahí adentro, por así decirlo, décadas, y hasta una compañera con cáncer. Quién les iba a dar trabajo con más de 50 años o con semejante enfermedad... 15 despidos, más otros casi 50, más otros 8  en diciembre de 2018, más todos los que se jubilaban y sus puestos no eran cubiertos. A la Fábrica la estaban diezmando...

-Mientras, otros tuvieron que ir a Azul a hacer el trabajo sucio...

-No los juzgo. Yo a los 15 días del despido supe que mi señora estaba embarazada... ¿Y sabés qué? Mi hija Eva nació el mismo día en que Savio fundó la Fábrica de Villa María, el 31 de mayo. Pasaron los años y en 2020, a poco de asumir Alberto Fernández,  compañeros de ATE como José Gorozo, Beto Córdoba, Fernando Mercado y Jorge Heredia, por nombrarte algunos, empezaron a hacer gestiones junto al intendente  Martín Gill. Vino la pandemia y todo, pero el 22 diciembre de 2021 ya nos dijeron que íbamos a recibir un llamado. Y llegó. El mío fue el primero y me lo hizo el mismísimo director, Miguel Toselli.

 

Se emociona. A Dreyer se le atragantan las palabras.

 

-Volví a mantenimiento y ahora ya hace un tiempo que estoy en el laboratorio, donde analizamos las muestras que envían los proveedores y después, si la compra es aprobada, analizamos el producto que envían cuando llega. No puede haber una sola falla. Imaginate que si un cartucho de dinamita no explota en la mina, cuando luego va la pala a cargar la volaría por los aires...

-Regresemos por un momento a Azul...

-Y sí, imaginate que la Fábrica de Río Tercero había pasado de fabricar vagones de carga para el ferrocarril a fabricar vallas antidisturbios. Pensá que a la Fábrica de Fray Luis Beltrán dejaron de comprarle los chalecos antibalas para las fuerzas de seguridad con el fin de empezar a importarlos. La de Azul estaba parada y algunos trabajadores de acá fueron a desarmarla y se encontraron con la resistencia de los compañeros de allá. No los dejaban dormir, les metían música a todo volumen por las noches, les tiraban piedras en los techos, llegaron a zarandearles la combi hasta casi tumbarla... Pero ya está, como te digo, yo no soy quién para juzgar nada. Lo único que digo es que la Fábrica ahora está produciendo y exportando buena parte de lo que produce. Somos unas 300 familias que vivimos dignamente, como en el pasado lo hicieron unos 1.000 los trabajadores de nuestro Polvorín. Una fuente de trabajo a la que se van incorporando últimamente profesionales egresados de la Facultad Villa María de la UTN. Y, además, mantenemos la industria para la defensa en manos argentinas. Da gusto ver los videos que mandan los compañeros de otras fábricas como las de Fray Luis Beltrán o Jáchal, que es como una hermana menor de Villa María, mostrando toda la tecnología de avanzada que se ha incorporado para la fabricación de municiones o lo que le toque a cada una.

-En un momento dijiste que duele que la gente los tome por vagos o ñoquis, ¿por qué?

-No sé, uno escucha comentarios... Que algunos trabajamos seis u ocho horas, que salimos bañaditos y cambiaditos... No se puede trabajar más de ese tiempo concentrados al ciento por ciento. Es así en el mundo. Estás trabajando con nitroglicerina, con ácido, tamizando pólvora. No fabricamos cañitas voladoras, como algunos piensan. La concentración debe ser total, la mente tiene que estar en condiciones, porque no hay margen de error. Y no podés salir con la ropa de trabajo y llevarte a casa o a donde sea el material químico que se te impregna. Te tenés que duchar y la ropa de trabajo tiene que quedar en el vestuario; es así por protocolo. Da un poco de bronca cuando se habla sin conocer bien de qué va la cosa.

-Tal vez sea necesario un poco de información para esclarecer...

-Yo tengo la idea de un museo. Sí, un museo dentro de la zona de acceso para los civiles. Que el día de La Noche de los Museos puedan venir vecinos de la ciudad y de la región, para que los trabajadores mayores, que saben mucho y son muy valiosos, les expliquen lo que significa la Fábrica, lo que produce, para qué sirve. Sería una forma, además, de que no dejen de sentirse útiles a la hora de la jubilación. Porque es gente que quiere mucho al establecimiento; sabe para qué fue creado por Savio, como Mosconi creó YPF; actos de pura soberanía nacional. Y tenemos la suerte de tenerlo acá.

 

Darío Dreyer habla como si fuese el dueño de la Fábrica Militar (en realidad lo es, por aquella máxima que enuncia que el Estado somos todos). Se lleva de la mano a su hijo mayor, Andrés, de 7 años. Va hacia su casa, en barrio Las Playas. Queda pendiente un café para más adelante, aunque para hablar de deporte, porque además  de laburante fabriquero es atleta, maratonista. Entrena para competir defendiendo los colores de la Universidad Nacional de Villa María, que lo cuenta entre sus representantes. Es otra pasión que cultiva desde que empezó a correr para escapar de malas jugadas que le planteó la vida.