Se va el cura Luna, el que más años estuvo en la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes después del recordado padre Hugo Salvato

La Lourdes se queda sin Sebastián, el párroco que generó una escuela

“Me preocupan los niños. En una sociedad de consumo, son un estorbo”, señaló en una extensa entrevista con El Diario, en sus últimos días en Villa María
miércoles, 19 de julio de 2023 · 07:49

Dijo que le preocupa la niñez, ve que las infancias no están en la agenda pública ni de la dirigencia.

Hizo foco en el analfabetismo que encontró años atrás entre niños y niñas, lo que lo impulsó a dar el aval para la creación de una escuela, que funciona muy bien.

“A Dios lo busco todos los días. A veces Dios hace silencio y nos deja en el silencio. Sé que está. Aunque puede ser que de pronto no lo sienta”, expresó el párroco

Confió que tiene sus idas y vueltas con Dios, pero que nunca duda de la fe. Dijo que ha dejado mucho acá, que trabajó mucho, pero aun así en un tramo de la nota comentó que no hizo todo lo que hubiese querido.

“Vi en estos años cómo se han ido relacionando con Dios. La relación con Dios nunca es lineal, no es estándar. Es la historia de Dios con las personas. Con idas y vueltas como todos”.

Sebastián Luna (49) está por dejar la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes tras casi una década, un tiempo solo superado por Hugo Salvato (estuvo 16 años), el famoso cura del pueblo.

Llegó a esta iglesia el 22 febrero de 2014, luego de Gustavo Romero.

Nació en el 74 en Bell Ville, ciudad en la que permaneció hasta sus 17, cuando se trasladó hacia Rosario para hacer el seminario.

Estuvo en Hernando, Etruria, en Buenos Aires, estudiando. En 2011 comenzó como formador en el seminario en Río Cuarto, donde estuvo hasta su llegada a este templo católico del barrio Ameghino.

“En aulas de segundo ciclo teníamos chicos de quinto y sexto que no conocían algunas letras. Eso ya se ha resuelto. Los que pasaron a primer grado luego de haber hecho el jardín allí vienen muy bien. La idea era una escuela del barrio”.

 

Tomamos mates con Sebastián en la fría mañana de ayer, en sus últimas horas en su casa de los últimos nueve años y medio. En diez días asumirá Fernando Malpiedi, y Luna volará a Roma, justo donde estaba el cura que llegará, para residir en el colegio Español, donde viven alumnos, que no estudian allí sino en la facultad. En su caso estudiará Teología, en el marco de un proyecto de dos años.

“En septiembre pasado, en el Congreso de Teología, mis profesores de Buenos Aires me sugirieron el doctorado. Hacerlo junto con la tarea en la parroquia era imposible. Me insistieron mucho esta vez y me pareció que no podía desoírlo. Intenté hacerlo desde acá, pero era muy difícil por el nivel de atención que se requiere para las dos cosas. Le dije al obispo que si él quería, estaba dispuesto, sé que no sobran curas en la Diócesis y que incluso faltan algunos. Estaba abierto a su decisión. El obispo, en una postura muy valorable, está interesado en dejar curas con formación académica más allá del seminario.

Estudiar es una vocación dentro de la vocación.

“En el apoyo escolar me sorprendió el alto nivel de analfabetismo que existía. Pusimos una escuela, que generó mucho escozor en la ideología de que si no es pública no es escuela. Desde algunos gremios y sectores de la política hicieron sentir que no les gustaba nada”.

La teología está para entrar en diálogo con el universo de la ciencia. Últimamente, también en diálogo con las ciencias duras, exactas, aunque tan exactas no sean.

En el tema ecológico, por ejemplo, es un diálogo de la teología con las ciencias duras como Física, Química, Sociología, Biología”, contó a El Diario en la mañana del martes.

-¿Desde qué perspectiva dialogan ustedes?

-El teólogo dialoga como un creyente.

-¿Hay algo de subestimación hacia la teología por parte de las otras ciencias, no?

-A veces sí.

Un doctor en Teología está destinado al diálogo con las ciencias.

-¿Qué sentís al dejar la parroquia?

-Esta es una parroquia con muchísimo trabajo, en la que puse mucho tiempo e intensidad. Hay mucho por hacer, hay cosas que no he hecho bien y que me gustaría dejar mejor acomodadas. Tengo una sensación de despegue.

Está hecha muy a mi medida. Pero el estudio me gusta, disfruto mucho. Me voy muy agradecido de haber estado acá.

-¿Desde qué lugar concebís el sacerdocio?

-Cada uno aporta lo que tiene.  Para mí, se trata de un trato directo, cercano e íntimo con Dios, y de un trato cercano, directo e íntimo con las personas. Los dos ámbitos hablan de los dos ámbitos. No es para fanáticos. El fanatismo siempre es malo.

Mi mejor manera de aportar es con la docencia, la academia.

Las mejores preguntas para la teología son las que hacen los hombres. El teólogo es un creyente cuando va a buscar las respuestas como creyente, pero como hombre que pregunta a Dios.

-¿Qué impronta tiene la Lourdes y su comunidad?

-Tiene una presencia social única, bien ganada, con inserción en sectores - no geográficamente, sino desde las personas- con vulnerabilidades muy interesantes que dan mística a la parroquia, algo que llama a la contemplación. Hay acciones de gente de la parroquia que son verdaderamente heroicas. Aprendí mucho. Yo solo acompañé y traté de no estorbar.

-Tienen copa de leche y escuela.

-Contamos con dos centros de apoyo escolar, en barrios Felipe Botta y San Nicolás, con chicos de primaria y secundaria, y desde 2020 en el San José funciona la escuela de niveles Inicial y primario.

En el apoyo escolar me sorprendió el alto nivel de analfabetismo que existía. Es un tema muy del presente. Llegamos a tener la mitad del alumnado analfabeto, lo que no deja de ser una hipoteca del futuro.

Había que atender ese tema, que no se estaba atendiendo. Hay que volver a ponerlo en el tapete, y lo digo puesto en el terreno. Por algo pusimos una escuela, que generó mucho escozor en la ideología de que si no es pública no es escuela. Desde algunos gremios y sectores de la política hicieron sentir que no les gustaba nada.

 Está ahí, funciona y está resolviendo un problema que no se resuelve con el discurso de la inclusión. Es privada, pero funciona como pública, de hecho no cobramos cuota, e ingresa el que quiere.

Está resolviendo el analfabetismo. La mejor salida a la exclusión, a la pobreza, tiene que ver con la educación.

Concurren 43 alumnos, de 3 años de edad a sexto grado, con modalidad rural, con multigrado. Ya hay un nivel académico bastante elevado. Eso me ha dado muchísimo gusto.

En aulas de segundo ciclo teníamos chicos de quinto y sexto que no conocían algunas letras. Eso ya se ha resuelto. Los que pasaron  a primer grado luego de haber hecho el jardín allí vienen muy bien. Todos son del Felipe Botta. La idea era una escuela del barrio, el problema estaba allí.

-¿Es del Obispado o de la Parroquia? ¿Cómo fue el proceso?

-El titular oficial es el Obispado. De hecho, es sostenida por la parroquia.

Yo me negaba, todos me decían que la hiciera, pero la política educativa a veces conspira contra los fines de la escuela. Para darte el aporte económico, había que tener mínimo 30 alumnos en un aula. Y cuando vos ponés 3 o 4 chicos con problemitas de conducta o aprendizaje, terminan sin aprender, y son los que más tendrían que aprender.

-Por eso te resistías.

-No quería un aula multitudinaria. Cuando me enteré de que podía ser un grupo reducido, nos largamos. El Ministerio de Educación ha sido muy generoso.

-¿Qué cambios has observado en la comunidad de la iglesia en esta década?

-Hay complejidades por el crecimiento. Ha habido un proceso de fe en cada uno, vi cómo se han ido relacionando con Dios y eso ha sido un gusto. La relación con Dios nunca es lineal, no es estándar. Es la historia de Dios con las personas. Con idas y vueltas como todos.

-¿Tenés idas y vueltas con Dios?

-Sí, por supuesto.

-¿Y siempre lo encontrás?

-... lo busco todos los días. A veces Dios hace silencio y nos deja en el silencio. Sé que está. Aunque puede ser que de pronto no lo sienta.

Y esto está bueno porque significa que uno busca a Dios por Dios mismo, independientemente por lo que nos produce. A veces produce cosas muy lindas, y a veces hace silencio, nos deja en la intemperie y hay que esperar.

-¿Cuán cerca y cuán lejos de Dios nos encontrás como sociedad?

-Hay una sociedad lejos de lo religioso, no sé si lejos de Dios. Creo que ese es el desafío de la iglesia del siglo XXI, es conectar más con el vínculo con Dios que con el hecho religioso en sí mismo. En definitiva, no se separan, porque no hay encuentro con Dios, sin religión. El encuentro con Dios siempre es un Dios de una religión. Hay algunas posturas de una fe sin Dios, un Dios sin religión y una religión sin Dios ni fe.

Pero la institución no tiene el mismo nivel de importancia que Dios. Cuando podemos distinguir eso, podemos unirlo. Cuando no podemos unirlo, entramos en un círculo de fanatismo.

-¿Qué te cuenta la gente?

-Escucho de todo, pero en general buscan a Dios, aunque vengan enojados. Yo dejo que Dios se arregle. Hago de compañero de camino, no más que eso. Por eso es muy interesante ver cómo Dios va haciendo el caminito con cada persona.

-¿Vienen jóvenes?

-Acá sí, es una parroquia con jóvenes.

Cuando uno busca al cura es como cuando uno busca al médico. Me gusta ser un creyente, que sabe lo que Dios ha hecho con uno y puede compartirlo.

-¿Te golpean el ánimo algunas historias?

-En general,  me ayuda a rezar. Me impacta, me entristece, hace que me queje con Dios, no que me haga dudar de la fe, pero sí que me deje sin palabras.

-¿Qué te preocupa del mundo actual?

-Los fanatismos, la famosa grieta política de Argentina, que es de fanáticos y que no resuelve nada. Incluso dentro de la Iglesia hay fanatismos que no le hacen bien a la fe, a la institución, a la teología.

Me preocupan los niños. En una sociedad de consumo, son un estorbo.

-No están en agenda, parecen no tener voz.

-Sí, no tienen su espacio. No aparecen en los discursos políticos de campaña.

Recién hablábamos de la lectoescritura. No es solo una habilidad, es un cimiento de la autoestima. Significa que él pudo. Creo que es un tema muy serio.

-¿Y qué pensás de la situación ambiental?

-Esto pasa más por políticas de Estado.

-¿Se te ocurre pensar que podemos estar en un momento histórico que marque el inicio del final de la humanidad? Por el nivel de desastres ambientales...

-No, no. Tenemos posibilidades de encontrar caminos, pero hay que hacerlos. Me preocupa que la solución para estos temas no son solo ecológicas, son económicas. Me da la impresión de que no se quiere resolver el problema.

-Previo a la entrevista, me comentabas que querías morir gastado, como el cura Brochero.

-Esa fue la moción original de mi vocación, a partir de escuchar la vida y muerte de Brochero. Fue mi motivación. Ojalá así sea.

Al menos, acá, he dejado parte de mi historia... Un poco me he gastado, han sido 9 años muy intensos, en los que trabajé bastante.

Más de