Nació en Arroyo Cabral, vivió en Ausonia y hace más de 70 años llegó a su hogar de Villa María
Los 102 de Rosa, una mujer que ama a sus vecinas y a su barrio
Con Tito y Cacho, esposo e hijo, siempre en su corazón, celebró otro cumple más con su familia y sus vecinas. Las palabras de una mujer ligada a su comunidadRosa Santiano de Calderón cumplió 102 años, y lo celebró con su familia y amigas en su casa del barrio Parque General Paz, en su hogar de siempre, contenta por otro año más de vida y por el afecto recibido.
Tiene dos nietos, cinco bisnietos y dos tataranietos.
Sus vecinos la llaman Rosita. Todos en el sector la conocen, ya que hace más de 70 años que reside en el barrio, su lugar en el mundo y en donde la encuentra este centenario.
Hija de inmigrantes italianos, pasó los años de su infancia en Arroyo Cabral -pueblo en el que nació- y luego en Ausonia, y más tarde terminó levantando su casa en Villa María, en el barrio Parque, en donde transcurren sus días.
Es un barrio que ama, al igual que la costanera, que le queda muy cerquita de su hogar. “Jamás dejaría este lugar que me adoptó”, dijo, y expresó estar agradecida por su “hermosa familia”.
Lleva en su corazón y en su alma a su esposo, “el Tito Calderón”, como a su hijo “el Cacho Calderón”.
Su nieta es la primera universitaria en la familia, hecho que la enorgullece y la ha alegrado mucho.
Se jubiló como ama de casa, su trabajo de siempre, y tuvo un solo hijo. Enviudó hace 22 años y perdió a su único hijo hace más de 38 años.
Remarcó que hoy faltan muchos de sus antiguos vecinos, pero quedan muchos de los hijos de aquellos, que no se fueron del barrio.
Recordó “aquel descampado” que era este sector cuando ella llegó, una zona en la que había solo unas pocas casas. Mencionó apellidos como Stupenengo, Mosquera, Britos, Salusso, Climaco, Clavero, Motta, Lamberti, Cuvielo, Gilli, Pedroca, Brignone, Urenda, Montenegro, Giordano, Giter, Ojeda, Faurie, Vigliocco, Sánchez, Chamorro, Pérez, Carranza. Ella los recuerda a todos, los tiene presentes, han sido parte de su vida y claramente su historia personal está unida a su pequeña comunidad, la de vecinas y vecinos que más en otros tiempos compartían mucho, dialogaban mucho, se apoyaban y acompañaban.
No olvidó los campeonatos de fútbol y de bochas. No ha olvidado los bailes. Están en algún rincón de su alma, y la encienden cuando repasa aquellos momentos felices.
Definió al barrio Parque General Paz como “un barrio pujante, tranquilo, de trabajadores, el cual no cambiaría por ninguno”.
Desea estar hasta su último día en su hogar de calle Bolivia al 400, cerca del río Ctalamochita, en uno de los lugares más lindos de Villa María.
La vida le arrebató a su único hijo Cacho, y a su amado esposo “el Tito”, pero contó que se repuso “gracias al cariño” de sus dos nietos, Fabiana y Javier, y de su nuera, que la cuida hasta hoy.
Es el amor y el cariño de sus bisnietos y tataranietos lo que la llena de alegría. Dijo que no se arrepiente “de nada de lo vivido”, y entre anécdotas recordó que cerró su libreta de carnicería por más de medio siglo el día que falleció su Cacho Martínez. No se olvidó de “sus” almaneceros Silvia y Oscar, como tampoco de Carlos y Pipi.
Una genia, con mucha historia, amor y enseñanzas, tras más de un siglo de vida.
