Día del Arquitecto - La villanovense Fernanda Rapp, desde Basilea, cuenta sobre su “vida arquitectónica”
“La arquitectura es una forma de vida”
De Villa Nueva y Villa María, a Córdoba capital, y de ahí, tras 15 años trabajando en el estudio que tenía con su pareja, a Europa, hasta los Alpes suizos, donde sigue trabajando en su máxima pasión: la arquitecturaMaría Fernanda Rapp, arquitecta, nacida hace 44 años en Villa Nueva, madre de dos nenas y casada con un arquitecto, vive y respira arquitectura todo el tiempo. Estudió la primaria en el Bianco y la secundaria en el Rivadavia, para después irse a Córdoba a estudiar la carrera en la que se ha desarrollado profesionalmente desde que se graduó.
“Siempre me gustaron los espacios y cómo vive la gente. No fui de las que tuviera su vocación muy marcada. Sin embargo, empecé a interesarme en la arquitectura en el último año del secundario, y dije, bueno, por qué no estudiar eso. Y hacerlo en la Universidad Nacional de Córdona fue una gran experincia”, dijo Rapp.
De Villa Nueva para el Mundo
Fernanda vive desde hace tres años en Basilea, Suiza, junto a su dos hijas y esposo.?Fueron socios durante 15 años en el estudio de que tenían en Córdoba, donde desarrolló muchos proyectos, no sólo a nivel local sino para otros países como Estados Unidos, España y Brasil.
Valora sobremanera haber estudiado en la universidad pública, porque “ahora, de este lado del mundo, veo de qué manera se percibe y respeta a nuestra universidad, la cual sin duda tiene mucho prestigio en todo el mundo”, explicó.
Contó que, tras recibirse, siguió estudiando. Entre otros, hizo un curso de diseño de muebles. Al poco tiempo comenzó a trabajar en Córdoba. Y sí, volvió a Villa María para realizar algunos proyectos puntuales. Como “uno de mis trabajos consentidos y que recuerdo con mucho cariño”, destaca un salón de eventos, al que llama “mi casa”, en La Isolina Club de Campo, “fue uno de los primeros proyectos en los que participé, que queda en las afueras de mi querida ciudad”.
Un estudio en ‘sociedad’
Poco tiempo después de La Isolina, conoció a su pareja, Juan Ignacio Pugliese, con el que abrió Rapp Arquitectos. Desde entonces, ha desarrollado la mayor parte de sus diseños y proyectos. Y aunque trabajó en diferentes áreas de la arquitectura, se enfocó sobre todo a proyectos de altura, en vivienda unifamiliar y colectiva.
“El último proyecto que hice allá (en Córdoba), el cual me tiene más orgullosa, y que ya se está terminando, se llama 1910. Son 86 departamentos de lujo, distribuidos en 5 torres. Es un complejo grande, casi 30 mil metros cuadrados, que queda en Villa Belgrano, hacia las afueras de Córdoba, ente el campo y la ciudad”, detalló.
Entonces, con un estudio de arquitectura fructífero, pujante, lleno de proyectos, haciendo lo que le apasiona y trabajando con el amor de su vida, llegó la oportunidad de ir a Suiza.
“Surgió una propuesta de trabajo interesante y de empaparme de otra forma de vida. Eso nos atrajo bastante. Así que lo hicimos. Y acá estamos”
Aunque fue un cambio radical en sus vidas, a ella le pareció muy interesante vivir en otro páis, porque “siempre fui muy curiosa, y además parte de mi familia es de acá, encima la oportunidad de poder vivir otra cultura, un modo distinto de vivir, era un lindo desafío profesional y personal”.
Sobre su vida en Basilea, detalló que fue fácil, sobre todo por el clima, que “es todo un tema”. Sí, el lugar es hermoso y ha aprendido muchísimo, sobre todo la posibilidad de ver desde otra perspectiva “no sólo a la arquitectura, que es súperenriquecedora en este lugar, sino a la vida misma”, indicó.
Al principio no fue fácil, pues llegaron 15 días antes del encierro de la pandemia. Y recién ahora comienza a fluir lindo la vida allá para ella y su familia.
Enfocada al interiorismo
Mientras su esposo trabaja para el estudio del célebre arquitecto catalán Santiago Calatrava, ella está enfocada más al diseño y arquitectura de interiores, tema que le apasiona y le despierta la creatividad.
“Habiendo tenido la experiencia de trabajar en tantos proyectos internacionales, te pica el bichito de ir a conocer otra forma de vivir y de cómo hacer, en este caso, arquitectura. Con mi marido trabajamos juntos 15 años. Y ahora, profesionalmente, hemos tomado caminos distintos”, explicó
Fernanda, aprovechó el parate del Covid para interiorizarse más en la cultura de su nuevo país, sobre cómo se vive allá, y entender cómo se apropian del espacio en general.
“Acá es muy diferente a cómo lo hacemos en la Argentina, y no solo por el clima, también tiene que ver con una forma de ser. Empecé a empaparme de una nueva de ver, y otros conocimientos, y he tratado de volcar esto a la arquitectura, a través de lo que más me gusta hoy: el interiorismo. Soy una convencida de que los espacios hablan, vibran, y dicen mucho, prácticamente todo sobre quiénes y cómo somos”, expresó.
Lo que la define
Este año abrió su propio estudio enfocado a ese lado de la arquitectura, y está feliz por eso. Ahora aporta su propio valor a los proyectos que tiene en Zurich y Delemont, dándoles una perspectiva muy suya, con un enfoque más argentino a los diseños que está haciendo.
“Son propuestas más abiertas, más cálidas. Porque tienen que ver con lo que nosotros somos. En Argentina somos de tener grandes reuniones de familia y amigos en amplias galerías, livings, quinchos y asadores. Y eso, que no es de acá, es diferente, es mi aporte cultural al trabajo de interiorismo que hago”, dijo, y detalló que ella, estando en un país donde la cuarta parte de la población es extranjera, está ampliando su mirada.
Fernanda Rapp se siente identificada con el minimalismo, un estilo despojado, luminoso, claro. “La arquitectura es un reflejo de lo que somos, y ahí me siento reflejada respecto a cómo soy y me siento”, dijo.
“Para mí la arquitectura es una forma de vida. Miro siempre con los ojos de todo lo que aprendí. Es una forma de crear, construir y apropiarse del espacio. Es la expresión de cómo somos y comportamos en el entorno. Lo que sos. Lo que te define. Es una pasión. No lo veo como un trabajo. Me encanta. Es también cómo ve y piensa el otro. Casi una visión filosófica de la vida” explicó Fernanda con toda la pasión que la caracteriza al hablar de su profesión.
Por último, además de extrañar su lugar en el mundo, que es Villa Nueva y Villa María, y saludar a toda la gente que quiere y extraña (como los domingos, y las reuniones familiares o de amigos) desea enviar un mensaje a todos las y los arquitectos en su día, y a quienes que desean dedicarse “a esta maravillosa forma de vida”:
“Todo es posible de materializar, todos los sueños, no hay techo alguno con eso. Cada quien en sus distintas escalas y formas. Creo que poder concretar lo que uno siente y piensa es vital. Y sí: nunca dejar de proyectar, que es casi una manera de soñar despierto. Hay que seguir imaginado el mundo ideal en el que queremos vivir, y cómo. Todo es posible de lograr. Deseo sigan proyectando sus sueños a través de su vida, y claro: en la arquitectura”, finalizó.
