Desde barrio San Nicolás hasta Villa Cura Brochero, una expedición cargada de fe para visitar al cura gaucho en Traslasierra
Una cabalgata de seis días para agradecerle a San Brochero
Seis jornadas que se coronaron con emoción ante la imagen del cura gaucho, del gaucho santo, el que levantó capillas y escuelas allá, detrás de las sierras. Recibieron una bendición bajo la manta del santificado. Y regresaron con la promesa cumplida y las alforjas llenas de feEl cura párroco de Villa Cura Brochero los cubrió con el poncho del sacerdote gaucho y los envolvió con un abrazo a la manera de una bendición. Venían de recorrer 294 kilómetros a caballo desde Villa María, para cumplirle una promesa al clérigo que desde 1916, dos años después de su fallecimiento, le da su nombre a la localidad.
Y bajo la manta de José Gabriel del Rosario Brochero, canonizado por el papa Francisco en 2016, ambos soltaron las lágrimas.
Matías Fernández y Hugo Quevedo acababan de cumplir una promesa: el primero de ellos sufrió una lesión muy importante en la espalda y juró que si se recuperaba haría la travesía para agradecerle al cura gaucho. Entonces, su amigo dijo: “Esta vez no vas a ir solo, voy con vos, te acompaño”.
La “otra vez” fue en 2021, cuando Matías fue también de a caballo a cumplir una promesa al Santuario de la Virgen de Lourdes, en Alta Gracia. Su acto de fe, su recorrido de 154 kilómetros se completó en esa oportunidad en algo más de tres días.
Ahora, el Santuario de la Virgen fue el tercero de los mojones en el viaje de casi 300 kilómetros (antes habían hecho noche en Oncativo, luego en Losada “debajo de un algarrobo”) y el cuarto mojón de descanso fue en las Altas Cumbres, en Copina más precisamente, donde pernoctaron en una carpa con temperaturas bajo cero.
Con ellos, cuatro caballos “de andar” y uno “carguero”: Refucilo, Candil, Ojito, Ceniza y Guitarrero, se llaman. La expedición se completó con dos perros: Tuko y Simba.

En medio de semejante travesía hubo algo así como un día y medio de descanso para los animales.
Y seis jornadas después de la partida desde barrio San Nicolás, en Villa María, Mati y Pipo, los dos amigos, se emocionaban ante el templo que guarda como reliquias, que atesora la imagen, la manta y la historia del cura gaucho y santo.
Hubo lágrimas en el abrazo y las hubo también cuando el párroco se les acercó, los cubrió con la manta que hace más de un siglo amainaba los inviernos y que ahora les abrigaba el corazón.
La madre de Matías se emociona: “Son amigos de la vida y hermanos de corazón”, dice.
Son de acá a la vuelta los jinetes de la fe.
Con ellos, cuatro caballos “de andar” y uno “carguero”: Refucilo, Candil, Ojito, Ceniza y Guitarrero, se llaman.
Bendecidos bajo la manta de Brochero
Brochero, el gaucho santo
José Gabriel Brochero nació en 1840 y a los 26 años egresó del seminario. Primero desempeñó su ministerio sacerdotal en la Catedral de Córdoba y fue prefecto de estudios del Colegio Seminario Nuestra Señora de Loreto, el mismo en el que se había formado.
Enseguida comenzó a ser reconocido en los ámbitos eclesiásticos por su entrega en la asistencia de los enfermos y moribundos de la epidemia de cólera que azotó a la ciudad de Córdoba.
En 1869 fue elegido vicario del Departamento San Alberto, conocido actualmente como Valle de Traslasierra, con sede en la localidad de Villa del Tránsito, poblado que a partir de 1916 llevaría su nombre.
Cuenta la historia que con sus manos construyó capillas e iglesias, levantó escuelas y abrió caminos entre las montañas.
En su vejez, el padre Brochero, que ya era reconocido por todos bajo el título de “cura gaucho”, enfermó de lepra como resultado de convivir con enfermos que padecían esa enfermedad, compartiendo inclusive el mate con ellos. Por esa razón quedó sordo y ciego antes de morir, en 1914.
De Juan Pablo II a Francisco
El proceso de su canonización se inició en la década de 1960. Fue declarado venerable por el papa Juan Pablo II en 2004 y beatificado en 2013, durante el Pontificado del papa Francisco. Finalmente, fue canonizado en 2016, en una celebración presidida por el propio Francisco.
