Trece estudiantes produjeron relatos, reflexiones y poesías
“Muchas veces, la identidad se desdibuja” en las cárceles
Lo dijo Claudia Ceballos, quien dicta un taller de comunicación en el Establecimiento Penitenciario de Villa María. Ella habló sobre la última revista que publicaron las personas privadas de la libertad y contó cómo fue el procesoEra 2009. Un grupo de estudiantes universitarios de la carrera de Comunicación Social -entre los que había algunos recibidos y otros a punto- estaba inquieto y decidió presentarse a la primera convocatoria de proyectos de Extensión de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM). El grupo quería alejarse de los espacios tradicionales como los medios y las organizaciones.
El grupo pensó, entonces, en dictar un taller de Comunicación en el Establecimiento Penitenciario Nº 5 de Villa María. “Nos generaba mucho interés, curiosidad”, dice una mañana de sábado Claudia Ceballos, una de aquellas estudiantes, ahora profesora de Análisis del Discurso. Sin embargo, el grupo no comprendió del todo qué estaba haciendo en ese lugar hasta que comenzó a trabajar y fue consciente del contexto, de las características, de las historias de las personas privadas de la libertad. “Nos interpeló muy fuerte”, comenta Ceballos.
Y añade:?“El proyecto se aprobó: tanto en la Universidad como en la cárcel nos autorizaron a comenzar a trabajar y así empezamos”. Cada año, el grupo renovó el proyecto en las convocatorias de Extensión y siguió y siguió: solo no pudieron durante 2020, cuando debieron interrumpir sus tareas por la pandemia.
Con el tiempo, el equipo se fue rearmando y, actualmente, Ceballos es la única que permanece desde los inicios. A su vez, están junto con ella las profesoras Sabrina Lubrina y Milagros Tavella.
La escucha y el intercambio
El taller, en el último tiempo, se cursa solo los lunes a la mañana, durante una hora y media o dos. Se trabaja la comunicación, explica la docente, “pensando que las personas privadas de la libertad están excluidas” de los espacios en los que participa con frecuencia la gente: se trata de un desafío para quienes la comunicación está “restringida, regulada”.
De este modo, el encuentro, que se desarrolla en el área educativa del penal donde funciona el nivel primario y secundario, “cobra una significación particular” al momento de expresarse.
Así, el objetivo es garantizar “el diálogo, la escucha y el intercambio”, porque más allá de que estén en la cárcel, no todos se conocen. En este plano, Ceballos afirma que en una “institución tan grande y compleja, muchas veces, la identidad se desdibuja”. Realizan dinámicas de grupo y juegos para asegurar que cada uno sabe cómo se llaman sus compañeros, para generar confianza y un clima que permita, luego, llevar adelante actividades compartidas que desemboquen, más tarde, en una “práctica compleja” como la escritura.
Las clases
¿Quién soy? ¿Qué me gusta hacer??¿Cuáles son mis intereses? Estas son algunas de las preguntas que, en clase, se le sugiere a los alumnos que respondan y desarrollen, menciona Ceballos, “en formato de aviso clasificado”, como si se estuvieran postulando a un puesto laboral.
Después, quien quiere, puede compartirlo con los demás y esa instancia “casi siempre se da en un clima ameno, de escucha”.
De esta forma llega el momento de la lectura, que los habilita a, posteriormente, a escribir. Leen textos literarios, artículos periodísticos, noticias; siempre breves. Trabajan mucho, por ejemplo, con el uruguayo Eduardo Galeano -autor de “Los hijos de los días” y “El Cazador de Historias”-, con cuentos de Julio?Cortázar -como “Bestiario”?y “Final del fuego”- y el poeta Mario Benedetti -autor de, entre otros, “Insomnios y duermevelas” y “Defensa propia”-.
Al momento de escribir, a los estudiantes se les sugieren “consignas simples” y ellos (a partir de las habilidades que desarrollan) a veces “materializan” textos extensos y complejos, y a veces “no pueden, les cuesta, no se pueden concentrar”. En esas circunstancias, a quienes no les ha salido, escuchan a los demás, se involucran ofreciendo devoluciones acerca de los escritos.
Para la escritura hay disparadores: algún fragmento de un relato, un verso de un poema, una escena hipotética o la continuación de determinada coyuntura, el estilo de escritura de un autor o autora. La idea, comenta la profesora, es que la escritura sea una instancia “lúdica”, pero también “desafiante”.
Ceballos, como si no quisiera olvidarse, recuerda que una de las últimas autoras con las que trabajaron es la poeta Silvina Giaganti, nacida en?Avellaneda en 1976. Esa mujer que escribió cosas como esta:?“La noche del 29 de mayo/ cociné pastas que comí/ al lado del fuego/que mantuve encendido/ con pericia por horas./ Era la primera vez/ que hacía fuego en un hogar/ y me gustó aprender algo nuevo/ el día de mi cumpleaños./ Después salí a caminar por el campo/ me prendí un cigarrillo/ un perro me siguió dos cuadras/ hasta que otra cosa lo distrajo y se fue./ Y me quedé pensando/ que me gustaría tener/ el instinto de un perro:/ saber cuántas cuadras acompañar/ y cuando tener que irme”.
El resultado,? una revista
Desde 2010, las producciones se imprimen en una revista cuyo nombre eligen los participantes del taller. Las primeras diez ediciones se titularon?“Rompiendo fronteras”.?Cada año, además, llevaba un subtítulo que exhibía la impronta del contenido de esa edición.
En febrero de 2023 se imprimió la última revista, que fue trabajada entre agosto y diciembre de 2022.
El nombre de este número ya no es el mismo e incluso se modificó hasta el diseño: el motivo del cambio se vincula con “reconocer que el proyecto se ha ido transformando y que ya no quedó nadie de los grupos originales”. La edición se titula “Nuestras miradas desde la cárcel: listos para el afuera” y cuenta con relatos, poesías y reflexiones de 13 personas presas: 8 mujeres y 5 varones.
En la tapa de la revista -en la que está diseñado el perfil de lo que podría ser un hombre o una mujer a la que le salen aves desde su boca- se presenta un texto que dice: “En el Taller de Comunicación compartimos diálogos, lecturas, juegos. Nos conocimos, reímos y reflexionamos. Nos pensamos.?También tomamos hojas y lapiceras y escribimos.?Expresamos nuestros sentimientos, sensaciones, anhelos y deseos.?En estas páginas compartimos parte de lo trabajado en el?Taller.?Estas son nuestras voces, nuestras miradas, estamos listos para el afuera”.
El taller es mixto y en el último tiempo, confirma Ceballos, creció la participación de mujeres. El año pasado, por ejemplo, representaron al 70% del total, “lo cual es enriquecedor porque plantea una experiencia diferente”. Asimismo, remarca que, a lo largo de poco más de una década, la participación se ha mantenido: por los límites propios del espacio físico, el taller permite que se sumen alrededor de veinte alumnos que tienen entre 25 y 50 años.
Por otra parte, ella destaca que el último grupo de chicas y chicas con el que trabajaron se mostró muy interesado: si alguna vez las profesoras no podían ir, pedían recuperar los encuentros; solicitaban que las reuniones fueran siempre de dos horas.
El eje de la publicación es, desde hace años, “la construcción y el reconocimiento de la identidad”. Indagan allí e incluso, quienes lean la revista -a la que pueden acceder a través del perfil de Instagram @comunicacionporlainclusion- verán que cada una de las personas respondió a la pregunta “¿Quién soy?”, mediante descripciones elaboradas, en su mayoría, en tercera persona, como si tomaran distancia para hablar de sí mismos.
Los recursos literarios como la metáfora, muy empleados en la poesía, fueron de mucha utilidad, comenta la docente, para que los estudiantes expongan sus historias.
“Un sufrimiento evidente”
“Hay un sufrimiento que es muy evidente de añorar, no solamente la vida en libertad, sino también los afectos”, dice Ceballos, y explica que por ese motivo es importante trabajar en el espacio para que no todo esté teñido por la cierta pena.
“Las mujeres son madres y los varones, la mayoría, tienen hijos. Entonces es muy complejo y la sensación de soledad, la melancolía, son cuestiones que aparecen permanentemente”, reflexiona.
“En estos últimos años hay una demanda: 'Queremos hacer esto', 'queremos estar más tiempo', 'queremos'. Es como si abrieran una puerta para poder expresarse y la aprovechan, la usan”, cuenta Ceballos, y refiere que muchos poseen el hábito de la escritura. Inclusive, señala que varios les acercan los textos que elaboran en los pabellones, donde a la vez se llevan libros de la biblioteca. De esta manera, ella apunta que tanto la lectura como la escritura son prácticas “bastante extendidas”.
Muchos otros, en el encierro, también se inician en la “lectura literaria”. Y precisa: “Por supuesto, todos los que han atravesado la escuela formal tienen algún recuerdo de haber leído alguna obra. Pero, en general, salvo algunas personas que son lectoras o se vuelven más lectoras en la cárcel, muchos se inician en la literatura”.
El contacto con el afuera
Por último, la docente dice que el penal, al “regular todos los aspectos de la vida cotidiana” de los presos, también incide en como ellos “perciben la realidad”.
En esta dirección, ella apunta:?“Entonces, encontrarse con personas, en este caso nosotros, los talleristas que pertenecemos a una institución educativa que vamos a llevar una propuesta, amplía las posibilidades de estar en contacto con el afuera, de hacer otras lecturas”.
Y lo logran: lo consiguen por medio de los textos que comparten, de las obras literarias que plantean problemáticas sociales, que los lleva a interrogarse, que los sitúa en otros lugares, que le permite extender el horizonte, al menos por un rato.
