1969 - 29 de mayo - 2023
Del Cordobazo al cordobesismo, pero con la esperanza entre los dientes
¿Qué sucedió en estos 54 años para que pasásemos del Cordobazo al cordobesismo? Mucho. Décadas. Medio siglo… Persecuciones en el ámbito de la universidad que fue emblema de la Reforma de 1918, la toma en agosto de 1974 de la Fábrica Militar de Villa María, la voladura en enero de 1975 de la planta de impresión del diario La Voz del Interior, que poco tiempo después editorializaba: “Córdoba es una ciudad humillada y entristecida por tanta violencia, por tantas muertes inútiles, por tantos desaparecidos, por tanto miedo. Vivir se ha transformado en la aspiración más elemental de los cordobeses”. Eso antes del golpe dictatorial. Y después del golpe, la tortura, más muerte, más desaparecidos, La Perla, Campo de la Rivera y la División Informaciones en el pasaje Santa Catalina, frente al dormitorio de Primatesta; el Mundial de fútbol en el estadio que entonces era el Chateau Carreras y Córdoba va, con Belgrano y Talleres rumbo al Nacional, el pueblo al Sargento Cabral a cuartetear con La Mona, vino con coca, Angeloz a la Casa de las Tejas, tres mandatos, “la isla” del gobernador (como cuando en 1783 Córdoba marcaba una división territorial del Virreinato del Río de la Plata y pasaba a ser capital de la Intendencia de Córdoba del Tucumán), fernet con coca, Mestre, la voladura asesina de la Fábrica Militar de Río Tercero, De la Sota, dos mandatos, Río Cuarto capital alterna de la provincia, “el cordobesismo” (nuevamente como en 1783), las 100 escuelas, ¿dónde está Mariela Bessonart?, ¿por qué mataron a Nora Dalmasso?, Justicia ausente, acuartelamiento de la Policía, saqueos, Schiaretti, más cordobesismo (otra vez como siglos atrás), el derrumbe de la Casa de las Tejas, El Panal, el Faro del Bicentenario, el regreso de José Manuel y más obra pública, ¿dónde está Facundo Rivera Alegre?, la vuelta de Juan, la Manzana Jesuítica como Patrimonio de la Humanidad, La Docta como Capital Americana de la Cultura, los docentes con sueldos indecentes, ¿dónde está el 82 % móvil?, “es que estamos haciendo puentes”. La pandemia, ¡gracias, equipos de salud!, pero plata no hay, “estamos haciendo la circunvalación para evitar muertes absurdas”. Accidente fatal en las Altas Cumbres, vehículos judicializados con el Legislativo al volante, desvergüenza, Justicia sumisa…

Palabras arrancadas de los jardines de la democracia
El poder reconoce que el Cordobazo fue “una gigantesca rebelión popular protagonizada por decenas de miles de obreros y estudiantes” (así lo dice una página oficial de la Agencia Córdoba Cultura, es decir, del Gobierno de Córdoba). Es más, algunos de los dueños del poder suelen encontrar pasadizos difusos para llegar a situarse en una reunión clandestina o cerca del Clínicas o detrás de una barricada en esos días finales de mayo de 1969… Ellos también eran combativos, dicen. Estaban en la lucha. Pero ojo, fue una época, era la dictadura. Eso ya pasó, ya fue.
“Lucha” es una de las palabras lindas de aquel tiempo. Pelea, conflicto, revuelta eran sus sinónimos y poco a poco se fueron convirtiendo en contienda, pugna, discusión; se fueron suavizando.
Era una palabra que se usaba en los tiempos en que los gremios iban a la “huelga”. Después algunos pasaron a realizar “paros” y otros, finalmente, a poner en marcha “medidas de acción directa”.
Del mismo modo, dejamos de lado el “porvenir” por el que lucharon nuestros padres y abuelos -fuesen o no partícipes del Cordobazo-, para pasar a esperar aquello que nos depara el futuro, the “fiutur”.
¿Qué fue de aquellos pensadores que se convertían en dirigentes? Agustín Tosco pensaba y pedía, por ejemplo, que “todos juntos, trabajadores, estudiantes, hombres de todas las ideologías, de todas las religiones, con nuestras diferencias lógicas, sepamos unirnos para construir una sociedad más justa, donde el hombre no sea lobo del hombre, sino su compañero y su hermano”. Quedan pocos. Muy pocos. Casi ninguno. Los más se amigaron con el poder. “Vení que te hago legislador”, “vení que te hago ministro”. ¿Y si eran referentes sociales, barriales…? “Vení que te doy un cargo en la Muni”. “Vení que te hago concejal”… “No, pero…”. “Tranquilo, yo me encargo de que los medios dominantes no te peguen”. Y así murió otra palabra imponente. Un término que imponía respeto y a la vez delataba: “Tránsfuga”. Dice Wikipedia que es una denominación “atribuida en la política a aquellos representantes que, traicionando a sus compañeros de lista o de grupo o apartándose individualmente o en grupo del criterio fijado por los órganos competentes de las formaciones políticas que los han presentado…, pactan con otras fuerzas para cambiar o mantener la mayoría gobernante”.
No hay “lucha” ni “huelga” ni “porvenir” ni “tránsfugas”… y podríamos seguir con la demostración de cómo se lavó el lenguaje, cómo le echaron suavizante y lo plancharon, mientras atendíamos no sé qué cosas porque, mal que nos pese, lo que nos sucede nos describe.
Pero hoy es 29 de mayo y no se pasa por alto. En las páginas de un diario, El Diario cooperativo y recuperado, se nombra a Tosco una vez más, para decir con él que “no solo lucha contra la injusticia quien la padece, sino también quien la comprende” y que “la única división que nosotros hacemos es entre los que luchan y los que se entregan”.
Acá estamos, como diría John Berger, “con la esperanza entre los dientes”. Conscientes de que el mayor flujo de información se transmite de una manera diferente, con un método impuesto que nos ha llevado a los comunicadores (“experiodistas”, “extrabajadores de prensa”) a un descrédito que nos interpela y nos abraza de una manera asfixiante por momentos. Con la esperanza entre los dientes, venimos, intentando no mirar para otro lado, procurando transparentar los muros fríos de las estadísticas para que aparezcan los rostros de esa mayoría que no son los ricos ni la clase media, sino los desposeídos, los desprotegidos, los más necesitados… porque hasta parece que nos diera no sé qué llamarlos “pobres”, de tanto que nos piden que dejemos de joder porque “pobres hubo siempre” (nos lo reclaman ellos, que dejaron de serlo defendiendo a los ricos).
El mismo Berger afirma que “El fin de la historia”, lema global de las corporaciones, no era un vaticinio, sino “una orden para borrar el pasado” y aceptar “la tiranía global, económica”. Y sostiene que “las multitudes tienen respuestas” para semejantes planteos (el Cordobazo que evocamos le da la razón: en aquel mayo del 69 una multitud supo dar respuesta a un requerimiento de la historia).
Nadie vaya a creer que estamos lanzando una propuesta tan desmedida como extemporánea. Se trata hoy de reivindicar palabras pisoteadas o arrancadas casi de raíz de nuestras vidas y darle su justo valor a otras, como democracia y libertad, por ejemplo, que pasaron a ser casi la propiedad privada de quienes no creen en ella.
Es lo menos que podemos hacer en honor a las mujeres y a los hombres que ganaron las calles en aquellas épicas jornadas de lucha contra la dictadura.
