A través de un arnés, Jesús quiso que su hermana Vanesa, quien presenta una cuadriplejia, llegara a la cima del cerro del Vía Crucis, en Santa Rosa de Calamuchita
Llevó a su hermana sobre su espalda hasta la cima de un cerro
“Un simple acto, por más pequeño que sea, puede marcar la vida de una persona con discapacidad”, dijo Jesús, quien realizó mucho esfuerzo para llegar a la cumbreEn la espalda de su hermano Jesús, Vanesa Tioni llegó a la cima de la montaña, un hecho excepcional y sumamente emocionante en su vida.
Vanesa tiene 45 años y nació con parálisis cerebral, una cuadriplejia espástica, lo que afectó en gran porcentaje su motricidad y el habla.
Su enfermedad es contractiva, lo que genera que sus músculos y nervios estén en constante contracción. Siempre debió manejarse en silla de ruedas, “lo que también hizo que no tuviera tantas oportunidades en la vida”, dijo Jesús a El Diario.
Tres meses atrás, él comenzó, junto a su entrenador Luciano Casadei y su amigo Jeremías Corbalán, “una aventura que se convirtió en desafío”: llevar a Vanesa a la cima de una montaña, utilizando un arnés para trasladarla sobre su espalda.
“Una noche, buscando una motivación a mi entrenamiento, decidí embarcarme junto con mi entrenador y mi mejor amigo en este desafío al que llamamos “Cumbre con Vane”, el cual es llevar a Vane a la cima del cerro del Vía Crucis en Santa Rosa de Calamuchita”, contó a este diario, previo a la experiencia.
Ayer, finalmente realizaron la expedición, subiendo a un cerro de 300 metros de recorrido, a 800 metros sobre el nivel del mar.
Vanesa se preparó con ejercicios para flexibilizar un poco sus piernas y poder ubicarse bien y sin problemas sobre la espalda de su hermano. Trabajaron sobre un arnés donado por un gran amigo de Jesús, Gustavo Arce, y estuvo la ayuda de la mamá, María del Carmen Torres.
“Me preparé tres meses con un plan especial de entrenamiento para fortalecer tobillos, rodillas, cintura, lumbares, zona media y cervical, con el objetivo de fortalecerme para poder soportar el peso de Vane en mi espalda”, contó Jesús a este matutino.
Su entrenador es Luciano Casadei, de la localidad de Chañar Ladeado, Santa Fe, especializado en alto rendimiento deportivo. También los acompaña Jeremías Corbalán.
“Estamos muy contentos y queremos hacer llegar a la gente un mensaje de amor, hacerles entender a la gente que muchas veces hay que poner el pie en el freno, mirar un poco a los costados, donde hay mucha gente que no tiene las mismas oportunidades que nosotros”, dijo Jesús, llamando a tomar conciencia de la importancia “de disfrutar una vista desde una montaña, la sensación de meter los pies en el mar, y cuántas cosas más” que solemos naturalizar.
Llamó a “hacer por los que no pueden, sabiendo que un simple acto, por más pequeño que sea, puede marcar la vida de una persona con discapacidad”.
“Creo fuertemente que fuimos llamados a esto, y que cada persona con alguna limitación es un ángel que vino a hacernos mejores personas, a sacar todo nuestro potencial para hacer mejor la vida de alguien más”, consideró.
La alegría de haberlo cumplido
Consultado ayer por este medio, Jesús se expresó feliz por haber logrado el objetivo. “Lo cumplimos, fuimos hasta la cima. Fue durísimo, nunca en la vida hice algo tan duro, pero lo logramos”, contó contento desde la base, en donde se encontraban almorzando.
“Muchas veces hay que poner el pie en el freno, mirar un poco a los costados”.
Agradeció el apoyo de toda la familia y amigos. “Nuestro amigo Gustavo Molina nos regaló una placa conmemorativa; nuestro amigo Quito también hizo su aporte, facilitándonos cuatro remeras con el logo del desafío. Andrea Mío nos donó provisiones para la travesía, Zulma Ardissino y Vicente Martínez nos prestaron una camioneta para poder trasladarnos y Ángel Tioni me facilitó el calzado para poder subir sin problemas”, valoró.
Fue una suma de voluntades y de mucho amor, que permitieron que Vanesa viviera una experiencia única y hermosa, en medio de la naturaleza. Le dieron vida.
