Delitos contra la integridad sexual - La integrante de la Cámara del Crimen de Villa María dijo que se han ido dejando atrás estereotipos de género
Jueza Flores: “La gente joven ya se comporta diferente”
La magistrada fue entrevistada sobre abusos sexuales y habló sobre víctimas y victimarios. “No hay un perfil de imputado”, sostuvo“La gente joven actúa diferente. Uno lo nota, actúa diferente, no digo que no vaya a haber violadores, sino que digo que en general el comportamiento social es distinto”, dijo la jueza Eve Flores, al hablar con El Diario sobre delitos contra la integridad sexual.
En su oficina del quinto piso de Tribunales, la integrante de la Cámara del Crimen de Villa María conversó con este diario sobre los abusos sexuales, brindando datos de su experiencia
“Es muy importante a tener en cuenta, lo digo por experiencia, que cuando se realiza el juicio la víctima siente que por lo menos es el momento en que es escuchada. Y es una escucha seria y atenta.
El año pasado hubo una causa en la que el imputado había sometido a delitos contra la integridad sexual a niñas de su entorno familiar varios años atrás. En aquel tiempo muchas cosas se silenciaban. En el transcurso este hombre llega a cometer esos delitos contra otros miembros de ese entorno familiar. Cuando quedó detenido, otra víctima dijo: ‘Yo me animo a hablar’. Eso de hablar, de verbalizar, es muy importante. No lo había hecho antes, porque no podía, porque era familia, o porque tenía miedo, porque tenía vergüenza. Fundamentalmente tenía vergüenza. Y ahí habla.
En el juicio, la mayoría de las víctimas no quiso comparecer, salvo dos personas. Una de las mujeres dijo: ‘Yo necesito que alguien me escuche. Lo que yo digo, siempre fue cierto. Si no hablo, va a pasarle a otra’”, relató la exfiscal de Instrucción en la primera parte de la extensa nota.
“Lo que falta es la reparación de la víctima. Según la doctrina de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, esta reparación está integrada por distintos actores. El más simple que se nos ocurre es el económico. Pero muchas veces no es posible. Entonces otro de los factores es esto de una declaración de la verdad”, mencionó cuando le preguntamos sobre lo que se viene hablando en Buenos Aires en el caso que involucra al humorista Jey Mammón, lo del juicio por la verdad, que no rige en la provincia de Córdoba.
-Da la sensación que han ido en aumento la cantidad de casos, al menos si uno tiene en cuenta el movimiento en la Cámara del Crimen local.
- No tengo estadísticas. Lo que yo les puedo decir es que hay delitos contra la integridad sexual, siempre los ha habido y no siempre han sido comunicados, no siempre han sido denunciados. No me atrevo a decir si hay un incremento o si es que hay mayor información.
-¿Encuentra patrones en común en el caso de los condenados?
-Esa respuesta sería para un sociólogo, quizás, pero no hay un perfil de imputado como tampoco un perfil de víctimas. No existe eso. Una víctima lo es por diferentes circunstancias. Las hay algunas que son vulnerables por la situación que les tocó en la vida, de toda una vida, y las hay otras que en ese momento son vulnerables, porque son golpeadas, porque fueron drogadas.
Salvo algún violador serial, en los imputados no hay un perfil.
-¿Generalmente se da dentro de las familias?
-Se pueden dar en distintos hábitos. Un el ámbito íntimo lo llamamos doméstico.
Grosso modo podría decir que sí, es posible que se detecte el mayor grado de delitos contra integridad en el ámbito más privado. Es posible.
-¿Por lo general el victimario es un varón?
-Por lo general sí, pero también hay mujeres.
-¿Y por qué es el varón?
-Los varones han estado sometidos por siglos a estereotipos de género. Esos estereotipos han impuesto conductas que antes se llamaban machistas, que les han otorgado ciertos derechos, entrecomillados, de realizar determinadas cosas. Desde golpear a la esposa hasta tomar conductas contra la integridad de mujeres. Es difícil modificar esto, pero yo creo que se ha modificado. La gente joven actúa diferente. Uno lo nota, actúa diferente, no digo que no vaya a haber violadores, sino que digo que en general el comportamiento social es distinto. Los jóvenes se manejan con otro tipo de respeto y otro tipo de respeto por la decisión del otro.
-Estima entonces que puede modificarse este panorama.
-Sí, se puede ir modificando. Pero lleva tiempo, son procesos de cambio que demandan tiempo. Después está, por supuesto, la condición de ser humano de la violencia en sí que se despliega no solamente contra una mujer, sino contra el conductor del auto que va al costado y que se adelanta. Eso también requiere otro tipo de educación y de sociabilización. Para vivir en sociedad hay que saber respetar los derechos de otros.
-¿Hay alguna reparación de la víctima, más allá de lo que ha mencionado?
-Por lo que veo de los dictámenes de las profesionales, que son licenciados y licenciadas en Psicología o en Psiquiatría y de quienes han escrito sobre estas cuestiones... mire (se detiene y piensa): el fiscal Francisco Márquez siempre recuerda a una escritora, Irene Intebi, una psicóloga que estudia patrones comunes, que dice que el abuso sexual contra un niño es un disparo a la psiquis. La verdad que esto define mucho. Ante esto se necesita tratamiento y la recuperación, no reparación, demandará distintos tipos de cosas y a veces hay determinadas irrupciones en su vida privada que son muy difíciles de superar en el tiempo.
-¿Ve culpa o arrepentimiento en los victimarios?
-Yo tengo que atender la palabra de los acusados. Algunos imputados manifiestan estar arrepentidos.
-Siempre hay muchas críticas a jueces por el monto de las penas.
-¿Sabe qué? Si en nuestro país existiera la pena de muerte, muchos la pedirían. En general yo no leo casi nunca los comentarios.
-¿Qué mirada tiene de la cárcel?
-Esa no es función mía. El juez tiene en cuenta una ley penitenciaria, que es la que regula ese sistema y hay un tratamiento penitenciario. Creo que una evaluación sobre si resultó o no es a posterior, a ver qué pasó, si le sirvió algo, si se resocializó o no se resocializó. Por supuesto que todo puede ser mejorado. El sistema puede ser mejorado.
-¿Recibe algún tratamiento el condenado?
-Normalmente nosotros lo imponemos, pero por supuesto si el imputado no quiere someterse a un tratamiento psiquiátrico no se puede obligar. Lo canalizamos a través del servicio penitenciario, que tiene psicólogos y tiene psiquiatras.
-¿Hay mucha reincidencia en este tipo de delitos?
-He notado algunas reincidencias, pero no tengo datos estadísticos. No recuerdo más que una vez que volvió un condenado, pero somos tres jueces, hay dos más, y menciono solo sobre lo que me tocó intervenir.
-Qué piensa de la postura de que hay que creerle siempre a la víctima.
-De los criterios de juzgamiento, el primero es la imparcialidad del tribunal. Y esto es poner a las partes en una posición que usted no prejuzgue. Siempre decimos cuando vienen los juicios por jurados que lo único que condenan son las pruebas.
No podría tener más peso la palabra de la víctima que la del acusado, acá hay que mantener el equilibrio. Lo que pasa es que ahora hay demasiada difusión a esto de la víctima porque años atrás la víctima era sorda, ciega y muda. Era una ausente, no tenía ninguna intervención, nadie la llamaba.
¿Se le cree más o menos? De ninguna forma. El criterio es la imparcialidad. Se escucha a A y se escucha a B y se ve cuál es la prueba que tenemos. La víctima va a ser oída, pero al imputado también lo escuchamos.
