En el 41º aniversario de la guerra de Malvinas - Hubo mucha emoción

Quien se acerca se enciende

Los discursos que se pronunciaron durante el acto protocolar hicieron hincapié en ratificar la soberanía de las islas, en la lucha que significa y en la entrega de los jóvenes que fueron a pelear
lunes, 3 de abril de 2023 · 08:10

En el Monumento de los Veteranos y los Caídos en la Guerra de Malvinas, en la esquina de los bulevares España y Vélez Sarsfield, a las 9 la temperatura era la misma que la de la noche previa, cuando se había desarrollado la vigilia: hacían 18  grados, pero ayer, además, había una brisa fría que, cada tanto, golpeaba la cara.

Para las 9.15 estaba previsto el inicio del acto protocolar por el cuadragésimo primer aniversario (41º) del comienzo del conflicto del Atlántico Sur y desde hacía rato excombatientes y familiares de excombatientes, abanderados, escoltas, docentes, bomberos, policías, funcionarios, gremialistas, integrantes de agrupaciones gauchas, gente y gente, conversaban y, mientras, se iban acomodando.

A las 9.20, la locutora avisó que iba a comenzar el acto y le pidió a la gente que se colocara detrás de las banderas de ceremonia porque, protocolarmente, no correspondía pararse delante.

La gente se movió hacia una de las veredas de bulevar España y la locutora, entonces, saludó a las autoridades -entre las que estaban el intendente Martín Gill, la legisladora provincial Nora Bedano, el ministro de Industria, Comercio y Minería Eduardo Accastello y Juan Pablo Inglese, secretario de esa cartera- y dijo lo que suele decirse en cada uno de los discursos sobre esta causa: que es “sinónimo de reconocimiento y emoción”, que hay que “defender la soberanía nacional”, que destaquemos los valores del “heroísmo y la entrega”, que “las consecuencias se extienden al presente y el futuro”.

Después, mientras sonaba “Aurora” del compositor  Héctor Panizza, el intendente Gill, y los veteranos Erik Langer, Sergio Calderón y Rubén Accastello izaron la bandera. Al terminar, hombres montados a caballo, de diferentes agrupaciones gauchas, gritaron: “Viva la Patria”.

   

Luego, Fernando Peralta subió al pie del monumento e interpretó el Himno Nacional. Quietísimo, sin mover siquiera las manos, proyectó la voz musculosa, compacta, imposible.

 

“Una lucha colectiva”

En representación del Centro de Veteranos de Villa María, Julio Tabares habló de lo que vivió entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982. Recordó los días previos al embarco. Recordó cuando navegaron sin saber hacia dónde estaban yendo hasta que un día antes por fin supieron. Recordó la noche en vela, la ansiedad. Recordó los rezos. “La fe en Dios me acompañó siempre”, contó.

Y recordó cuando dejó de escuchar el ruido de pájaros y comenzó a oír las bombas, las metralletas, los tanques. Recordó el hundimiento del ARA General Belgrano, la derrota.

Habló del olvido, de la dictadura militar “atroz” de aquellos años, de uno de los momentos más tristes de la historia.

Dijo que por aquellos años, algunos los percibieron como “los loquitos de la guerra”. Dijo que, entonces, en muchas ocasiones hicieron silencio. Y agradeció, después, al gobierno villamariense -desde Bedano a Gill- por reconocerlos. “El olvido pasó a un segundo plano”, expresó.

Y se apoyó en aquella historia llamada “El mundo” -del libro de los abrazos- de Eduardo Galeano que describe a esos fuegos “arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende”.

Tabares, en este sentido, remarcó:?“Teníamos mucho miedo, pero todos teníamos el fuego encendido. Se nos hinchaba el corazón por defenderlas. Malvinas es amor”.

Por último, insistió en la importancia de pelear por la soberanía y resaltó: “Malvinas es la lucha colectiva”.

 

El patriotismo

Tras el discurso de Tabares, el obispo Samuel Jofré Giraudo también pronunció un discurso y, entre otras cosas, habló de patriotismo y de la necesidad de crecer “con más fervor” aún.

Asimismo, sostuvo que la Patria “no está bien: tiene enfermedades, carencias”. Y señaló que nosotros somos responsables. “Hace falta sacrificio. Amor a la Patria no es solo enarbolar la bandera”, manifestó.

 

Una causa “con rostros”

“Ratificamos la soberanía”, dijo el intendente Gill al comenzar con su discurso. Luego se dirigió a los adolescentes de las escuelas secundarias y mencionó que muchos excombatientes tenían esas edades cuando recibieron los telegramas con la frase: “La Patria los necesita”.

“Ninguno de ellos, a pesar del desconocimiento y la incertidumbre, dudó”, afirmó y se preguntó qué habrán pensado aquellos jóvenes durante aquellos días en los que no solo contaron con los elementos para combatir, sino también con las herramientas básicas para subsistir.

“Malvinas es una causa prendida en el sentimiento de nuestro pueblo”, expuso. Recordó, a la vez, que hasta 1982 la causa era “diplomática, de Estado” y que, posteriormente, pasó a “tener rostros”. Por eso, insistió en el compromiso de no olvidar y sostuvo que hubo un “acto de heroísmo inmenso” por parte de los soldados al ofrendar su vida. En esta dirección, recordó al cabo principal Norberto Delfino Güizzo y al cabo de artillería Roberto Adrián Busto, que murieron el 2 y el 10 de mayo de 1982, respectivamente.

Además, el jefe del Ejecutivo dijo que hay que reconocer a los padres de los chicos que estuvieron en Malvinas.

Y, para terminar, gritó: “Vivan los héroes. Viva Malvinas. Viva la Patria”. El público, tras cada frase, se convirtió en su eco.

 

Ofrenda floral y llama votiva

Como tributo a los veteranos, a los caídos y a quienes ya fallecieron, Gill, el presidente del Concejo Deliberante Pablo Rosso, la concejala Karina Bruno y los excombatientes Guillermo Gutiérrez y Elio Grandis, junto con familiares de Güizo y Busto (Liliana Castoldi y Gladys Busto) depositaron al pie del monumento la corona de laureles y ofrendas florales en honor a las acciones gloriosas por la Patria.

Después de un minuto de silencio en señal de respeto hacia la memoria de quienes estuvieron en la guerra de Malvinas, se encendió la llama votiva.

Allí, poco a poco, se acercó un pequeño grupo. Entre ellos, un veterano pelado se quedó mirando hacia el fuego -pero no el fuego-, callado, inmóvil. Apareció, de pronto, otro hombre que atrajo hacia sí. El hombre pelado se apoyó en su hombro mientras parecía contener el llanto.

Ambos se mantuvieron ahí y el hombre pelado giró su cuerpo y miró hacia abajo, como si la llama fuera demasiado, como si la memoria lo estuviera quemando.

 

Habrá un Museo Malvinas

Durante el acto protocolar que se desarrolló en el Monumento de los Veteranos y los Caídos en la Guerra de Malvinas, ayer, el intendente Martín Gill anunció la asignación de un espacio para el Museo Malvinas. “Hemos decidido que un sector del edificio de la Secretaría de Educación, Cultura y Promoción de la Ciencia será destinado al nuevo Museo Malvinas, con acceso independiente por bulevar Sarmiento, con salas y equipamiento propio”, sostuvo.

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