Otras voces, otra historia
La mujer y la economía social
Tuve la posibilidad de trabajar en el asesoramiento y acompañamiento de personas, en el desenvolvimiento dentro del sector de la economía social, y siempre me ha llamado la atención el rol de la mujer en este escenario, que nadie ha entendido mejor que ellas.
Desde los inicios, siempre fue fácil hablar con ellas sobre las virtudes de la economía social. Sentí que la mujer estaba hecha para liderar este sector. Es que la mujer y la economía social comparten las mismas cualidades.
En los últimos años observo que cada vez son más las mujeres que participan activamente en la economía social, un modelo económico basado en la solidaridad, el trabajo colaborativo y la inclusión social.
La economía social tiene como objetivo generar empleo, crear ingresos y promover la igualdad de oportunidades, y como les decía antes, las mujeres han desempeñado un papel fundamental en su desarrollo y crecimiento.
Recuerdo allá por el 2003, cuando comenzamos a trabajar con los primeros emprendimientos, que tenían como objetivo crear trabajo, para que las familias generaran sus propios ingresos y de esta manera devolver un poco de dignidad a un pueblo golpeado, después de años tan difíciles para nuestro país.
En ese momento el 90% de las personas que acudieron para presentar sus proyectos fueron mujeres, y lo hacían desde sus oficios. Recuerdo la cantidad de proyectos de elaboración de comidas que se presentaron y me quedó grabado cuando aquellas mujeres desocupadas me decían: “Es que nadie cocina como yo”. Y doy fe de ello…
“Un motor clave”
Las mujeres han sido un motor clave en la creación de redes de cooperación y en la formación de organizaciones y empresas sociales.
Muchas mujeres han sabido aprovechar la economía social para concretar sus proyectos y emprendimientos, al mismo tiempo que permiten el desarrollo de sus comunidades.
Recuerdo también las diferentes capacitaciones que les permitía a emprendedores y cooperativistas mejorar lo que venían haciendo, y eran las mujeres las que nunca faltaban, las que, además, de hacerse cargo de sus hijos, la comida, el funcionamiento general de su hogar, jamás faltaban a los encuentros, porque querían ser mejores, querían crecer, querían superarse.
Pero, ¿eso saben qué?, no querían hacerlo solas, querían que a sus compañeras les fuera bien.
Recuerdo cómo se ayudaban y me emociona tanta solidaridad. Es que habían entendido que de eso se trataba la economía social, que la salida era entre todas y con todas.
Una alternativa a los modelos tradicionales
En este sentido, este sector ha demostrado ser una alternativa a los modelos económicos tradicionales y ha permitido la inclusión de mujeres y otros grupos sociales que históricamente han sido marginados y excluidos del sistema económico.
El papel de la mujer en la economía social es fundamental en la construcción de un modelo económico más justo e inclusivo, que permita el crecimiento sostenible y el bienestar de toda la sociedad.
A pesar de los avances importantes en la participación y el rol de las mujeres en la economía social, aún existen algunos desafíos que creo que son importantes enfrentar.
Uno de ellos es el acceso limitado a recursos y capital: las mujeres pueden tener dificultades para acceder a recursos financieros o capital para iniciar o expandir sus proyectos en la economía social debido a barreras culturales, de género o de acceso a créditos.
La carga de trabajo no remunerado: en muchos casos, las mujeres pueden tener la doble carga de trabajo al tener que cuidar a sus familias o sus hogares y, al mismo tiempo, trabajar en la economía social. Esta carga no remunerada puede limitar el tiempo y los recursos que las mujeres pueden dedicar a sus proyectos, lo que puede afectar su capacidad de crecimiento y éxito.
La falta de visibilidad e impacto: a veces, el trabajo y las contribuciones de las mujeres en la economía social no son reconocidos ni valorados en la misma medida que los de los hombres.
Equidad de género
Es necesario trabajar en la superación de estos y otros obstáculos para fomentar la participación de las mujeres en el tercer sector y promover su desarrollo económico, así como la equidad de género en el sector.
Como sabemos, el género se refiere a las características sociales, culturales y psicológicas que se asocian con ser mujer en una sociedad.
En el contexto de la economía social, es importante destacar que el género puede influir en el acceso a los recursos, el reconocimiento social y la participación en los espacios de decisión.
Por lo tanto, es esencial que las mujeres se apoyen mutuamente en este desafío de construir una economía social más justa y equitativa.
Una mujer que ha experimentado los obstáculos y triunfos de la economía social puede comprender mejor lo que otras mujeres están pasando y ofrecer comentarios y consejos significativos. Al acompañar el crecimiento en la economía social, las mujeres pueden crear redes sólidas de apoyo y colaboración que les permitan superar los obstáculos y alcanzar sus metas compartidas.
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