El debate no solo está en la educación, sino también en el mundo del trabajo El debate no solo está en la educación, sino también en el mundo del trabajo
La inteligencia artificial puede provocar “plagio y holgazanería”
La doctora en Ciencias Sociales e investigadora Malvina Rodríguez habló sobre el ChatGPT, y planteó interrogantes vinculados con diversos ejes que hacen al desarrollo, colocado por estos días en el centro de la discusiónUsted imagine: una docente le pide a los alumnos de su clase que hagan, para la semana siguiente, una monografía o un ensayo, un texto.
Imagine ahora una consigna sencilla, para chicos de, supongan, los últimos años del secundario o los primeros de la universidad. Por ejemplo: “Describa brevemente el recorrido político de Juan Domingo Perón”.
Imagine, luego, que uno de los estudiantes -o cada uno de los estudiantes- en el mismo momento en que termina de redactar la consigna o después, al regresar a su casa, se sienta en la computadora o toma su celular y reproduce la consigna en el ChatGPT, el prototipo de chatbot de inteligencia artificial (IA) desarrollado el año pasado por OpenAI.
No imagine la respuesta. Porque existe. El GPT, en su primer y segundo párrafo, contesta: “Juan Domingo Perón fue un político y militar argentino que nació en Lobos, provincia de Buenos Aires, el 8 de octubre de 1895 y falleció en Buenos Aires el 1 de julio de 1974. Perón es una figura emblemática en la historia política de Argentina, ya que fue elegido presidente tres veces y ejerció una enorme influencia en la política y la sociedad del país durante gran parte del siglo XX.
Perón se unió al Ejército argentino en 1915 y fue ascendiendo gradualmente en la jerarquía militar. En 1943, Perón fue nombrado secretario de Trabajo y Previsión del gobierno de facto que había tomado el poder en un golpe de Estado. En este cargo, Perón implementó políticas sociales y laborales que lo convirtieron en una figura popular entre los trabajadores y los sindicatos”.
Ahora, que es la tarde de un sábado, Malvina Rodríguez, docente universitaria desde el 2000 y doctora en Ciencias Sociales, atiende su celular y dice que en la docencia hay un “modelo que es innegable”: un grupo de personas pone a disposición su conocimiento, a través de sus clases, con estrategias -un método pedagógico y didáctico- para otro grupo. Sin embargo, ese modelo, “innegable” es el que, aclara, estaba vigente, sobre todo, a principios de siglo.
“En la actualidad eso se ha ido modificando: aparecen formas más colectivas de construcción del conocimiento”, menciona. Y destaca: “Enseñar es aprender”.
Ella, también investigadora de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM), especializada en Comunicación y Comunicación Política, habla sobre los proyectos que trabaja desde hace una década. Investiga la comunicación digital, principalmente relacionada con la comunicación política, las nuevas formas de construcción de realidad que se producen en los entornos sociodigitales, la emergencia de los medios sociales de comunicación, relacionados con las nuevas formas de periodismo digital, la transformación de las campañas electorales, los modos de participación ciudadana, los movimientos sociales en red, la telefonía inteligente, las redes sociales y otros desarrollos de la inteligencia artificial como los trolls.
Mira, en síntesis, a los actores del espacio público.
Recientemente, cuenta, analiza estudios, desinformación (fake news) y discursos de odio en el capitalismo de plataformas.
Habla de “la configuración de este mundo donde el capitalismo neoliberal adoptó una conformación en redes basadas en la actuación de grandes empresas tecnológicas”. Se trata de los efectos en lo cotidiano: en la política, la economía, la educación, la cultura, el entretenimiento.
Y no prefiere decir que haya que “ejercer algún control”. Prefiere, en cambio, decir que se implementen “protecciones” respecto de las plataformas: una de las maneras es popularizar la alfabetización digital desde la primerísima infancia “para que la gente pueda tener prácticas, con el uso de las posibilidades que brinda Internet, que le permitan informarse adecuadamente y poder utilizarlas en beneficio propio y sin atentar contra los derechos humanos”.
Slavoj Žižek es un filósofo esloveno y Rodríguez lo retoma para pensar en aquello que plantea respecto a estos nuevos desarrollos: él se refiere a la IA como una “suerte de idiotez digital”.
Rodríguez, además, ha estado leyendo a otros investigadores argentinos como Martín Becerra, Carlos Scolari -que habla de la lógica del juego del GPT- y Javier Blanco. “Están siguiendo los desarrollos de ChatGPT y el debate que ha provocado en muchos ámbitos, sobre todo en el mundo del trabajo, acerca de los peligros que significan estos desarrollos para algunas profesiones que podrían ser remplazadas”, comenta.
Después dice que la educación es otro de los espacios en el que se discute “en relación la manera en que estas posibilidades de diálogo y de producción atentan contra los derechos de autor”. Y añade: “Pueden provocar situaciones de plagio y llevarían a una suerte de holgazanería intelectual”.
A mediados de marzo se compartió una carta abierta que dice: “Pedimos a todos los laboratorios de inteligencia artificial que suspendan inmediatamente durante al menos seis meses el entrenamiento de sistemas de IA más potentes que GPT-4 (incluido GPT-5, que se está entrenando actualmente)”.
El texto lleva la firma de Yoshua Bengio, profesor de la Universidad de Montreal considerado pionero de la inteligencia artificial moderna; del creador de la primera máquina Apple, Steve Wozniak; del historiador Yuval Noah Harari; del cofundador de Skype, Jaan Tallinn, y del CEO de Twitter, Elon Musk.
Rodríguez aporta su mirada y dice: “Creo que en cuanto al desarrollo de las nuevas tecnologías, incluida la inteligencia artificial, la respuesta siempre es la misma: se espera una regulación desde el público, desde los estados”.
En la carta, también se expone:?“¿Deberíamos dejar que las máquinas inunden nuestros canales de información con propaganda y falsedad? ¿Deberíamos automatizar todos los trabajos, incluidos los de cumplimiento? ¿Deberíamos desarrollar mentes no humanas que eventualmente podrían superarnos en número, ser más inteligentes, obsoletas y remplazarnos? ¿Deberíamos arriesgarnos a perder el control de nuestra civilización? Tales decisiones no deben delegarse en líderes tecnológicos no elegidos?”.
La docente villamariense coincide. Entonces dice: “El destino del mundo lo están decidiendo líderes tecnológicos que no han sido elegidos por nadie”. Y le interesa justamente eso, la diferencia con los gobiernos democráticos de gran parte del mundo en los que, a pesar de “las críticas que se le pueda hacer a la clase política”, un “porcentaje importante” de la gente que se acerca a votar -incluso, en los países en los que no es obligatorio-.
“Hay una representación, por lo menos teórica, que luego se confirmará, o no, en un período determinado, como en Argentina, cada cuatro años”, menciona.
Rodríguez vuelve a hablar de la opacidad de las fuentes. “Tenemos potenciado un riesgo que venimos viendo desde hace mucho tiempo y que se multiplicó en la pandemia por las implicancias que tenía para la toma de decisiones: es la aceleración de esta circulación de noticias falsas y que hoy, en estos desarrollos, se amplifica, porque lo que el GPT devuelve a la persona es similar a una conversación personal”, dice.
Así, la opacidad de las fuentes en GPT se convierte en la ventaja del docente: es la posibilidad de exigir al estudiante las fuentes.
“Esto que está utilizándose como diversión tiene que ser estudiado, canalizado y sensibilizado de alguna manera”, dice.
Y lo dice porque este texto -esta nota-, podría haber sido el resultado del GPT: Rodríguez podría haber anotado las preguntas y reproducido las respuestas del chat.
No lo hizo.
Pero podría haberlo hecho.
Tranquila. Muy tranquila.
