El desprecio a la prensa local y regional, a sus lectores, oyentes, televidentes...
¿Quién creés que sos, Carli Jiménez?
“Cuanto más alto trepa
el monito...
el culo más se le ve”
(del tema Juguetes perdidos,
de Los Redondos)
Antes de que Ricky Martin llegara a la ciudad de la mano del productor Carli Jiménez y brindara sus excelentes conciertos sinfónicos en el Anfiteatro Municipal, por el escenario mayor de la ciudad ya habían desfilado figuras como Mercedes Sosa, Rafaella Carrá, Chayanne, Joaquín Sabina, La Oreja de Van Gogh, Maná, Juan Luis Guerra, Carlos Vives, Jairo, Marco Antonio Solís, José Luis Perales, León Gieco, Roxana, Calle 13, Los Fabulosos Cadillacs, Charly García, Ricardo Arjona, Los Redondos, Luis Alberto Spinetta, Los Auténticos Decadentes, Carlos “La Mona” Jiménez... Porque cuando el productor Carli Jiménez nació, en 1981, esta ciudad llevaba 14 años organizando festivales reconocidos más allá de sus límites.
Nunca, nunca, nunca en todos esos años; jamás, la prensa local y regional fue despreciada como los días jueves y viernes últimos.
Dirán que son las reglas que imperan para los shows internacionales. ¡Mentira! Ricky Martin ya había actuado en el Anfiteatro y su presentación, como las de los demás artistas citados al comienzo, fueron cubiertas y narradas por los medios de la ciudad y la región.
Esta vez, las acreditaciones para la primera noche se retacearon de manera caprichosa y colegas de medios escritos, páginas web, emisoras radiales y canales de televisión de la ciudad y la zona quedaron afuera del reparto. Se los trató como si intentaran “colarse” en una fiesta cuando, en realidad, son los encargados de transmitirle lo que pasa adentro a los que se quedan afuera porque no llegan con el dinero para comprarse una entrada. Y los fotógrafos que entraron fueron invitados a retirarse pocos minutos después de iniciado el show.
Ya en la segunda noche no hubo acreditaciones para nadie de Villa María y la región (el cronista de El Diario, el mismo que había reflejado en nuestras páginas el primer concierto, pudo ingresar porque estuvo dando vueltas hasta que una conocida le regaló una entrada de gentileza).
Pero hubo privilegiados. Fueron los medios de Córdoba capital, contra los que no nos mueve ningún otro sentimiento que el de la camaradería (cada vez que han necesitado usar nuestras instalaciones para enviar sus materiales, o fotografías de Ameghino, de Alumni, de Gustavo Ballas..., allá fueron las mejores imágenes que este medio les podía ofrecer).
Dos, tres, cuatro... butacas para un mismo medio cordobés... marca el límite entre el capricho y la discrecionalidad, al tiempo que denota qué clase de persona es el hijo del ídolo que canta “soy un muchacho de barrio”; indica a las claras dónde se juegan sus intereses y no es precisamente en Villa María.
Y aquí abrimos un párrafo dirigido a las autoridades municipales, que plantearon este show privado como parte de nuestro Festival de Peñas: quien alquile el Anfiteatro, que nos pertenece a todos, debe firmar cláusulas que garanticen la libertad de prensa a todos los medios con probada trayectoria por estas tierras.
Estamos en Villa María. No en el Cerro de las Rosas ni en Puerto Rico, más allá de que Ricky Martin no debe estar muy al tanto de lo sucedido. Al menos, en sus redes sociales se despidió en muy buenos términos de la ciudad.
Posiblemente, estar tan cerca de una estrella haya enceguecido al tal Carli. En ese caso, abrí los ojos, papá. ¿Quién te creés que sos?
