Historia de vida - Katia Mer, publicista, diseñadora y tanguera, es parte de la Fundación del gran Atahualpa, casi por destino

Villamariense de corazón “Yupanqui”

Joven y trabajadora, esta mujer nacida en nuestra ciudad, que tiene un emprendimiento publicitario y trabaja a distancia como una verdadera nómade digital para otra agencia, prepara varios proyectos para dar a conocer más la vida y obra del músico y poeta
domingo, 31 de diciembre de 2023 · 08:30

Escribe Juan Manuel Orbea ESPECIAL

 

“Es mi destino, piedra y camino, de sueño y destino, viday, soy peregrino”, dice una estrofa de la canción Piedra y camino, del mítico Atahualpa Yupanqui. Y Katia Mer, nacida en Villa María, que estudió en el Trinitarios, y egresada de la carrera en Diseño y Producción Audiovisual en la UNVM (donde también fue docente 3 años), es un poco lo que dice esa letra. Porque además de ser una trabajadora incansable, montar una agencia de publicidad local, trabajar en México en ese rubro en dos etapas de su vida y andar hoy de un lado al otro buscando el verdadero sentido de su vida, es peregrina de su propio destino. Un destino que inevitablemente terminó enlazado a Yupanqui.

Estratega de marketing, diseñadora de modas,  bailarina de tango, Katia es una mujer independiente, solidaria, inteligente y sensible. Y en su sensibilidad, quizás radica el que la vida y obra de Atahualpa Yupanqui se halla, de manera prácticamente destinal, cruzado en su vida.

“Mi relación con Atahualpa se viene dando a través de diferentes señales a lo largo de mi vida. Tengo con él una conexión muy mística. No sé qué le haya pasado a los demás, pero lo que me pasó a mí fue muy raro porque yo nunca tuve una vinculación con Yupanqui. Yo vengo más del tango que del folclore”, comenzó diciendo Katia.

Detalló que en plena pandemia, en la desesperación del encierro, se escapó con unos amigos a la sierra, en medio de la noche, “algo que era ilegal incluso. Veníamos por caminos de tierra, todo muy aventura peligrosa. Oíamos música, y de pronto salta un tema, ‘Atahualpa’, de Nación Ekeko, un sonido que mezcla música electrónica con sonidos ancestrales. El tema incluye un poema de Yupanqui, Los Indios, recitado por él mismo, muy hermoso. Al escuchar esa canción sentí algo muy profundo adentro, y comencé llorar todo -soy de lágrima fácil, no lo voy a negar, je-, pero en ese momento me invadió algo muy loco. Sentí esa cosa misteriosa que tiene Atahualpa, que creo tiene que ver con esa cosa de la esencia misma, lejos del ego, algo también que es como atemporal. Porque él ya era un adelantado a su tiempo, y si lo escuchás ahora sentís que viajas al pasado. Porque su música es como estar en todos los tiempos a la vez”.

A partir de ese día, detalló, comenzó a ‘aparecérsele’ Yupanqui en todas partes, de maneras muy raras. Por ejemplo: entraba a un comedor en Alta Gracia, y de la nada me aparece un cuadro de él; viajaba a no sé dónde y de pronto sonaba un tema suyo que tenía que ver con lo que yo sentía; o prendía la radio y de la nada alguien hablaba sobre algo de su vida. Es como si la vida le fuera presentando a Atahualpa inevitablemente.

“Entonces, un día, me voy de vacaciones con un amigo que es como un hermano, Leo, que es hijo de la que sería esposa del hijo de Atahualpa, Roberto. Pero fue extraño, porque como que yo no había hecho aún la conexión. El caso es que terminamos en su casa, escuchando canciones de Yupanqui, cantadas por su hijo Roberto. Y de ahí quedé con muy buena relación con ellos. Al poco tiempo fui a su casamiento en las sierras. Ahí, cada vez más conectadas con todos ellos, me empezaron a preguntar más sobre lo que yo hacía, a lo que me dedicaba, que la publicidad y la estrategia de marcas y demás. Hasta que Roberto dijo lo bueno que sería que alguien como yo los ayudara en el Museo de Atahualpa Yupanqui. Y ahí nomás, me preguntó si quería y dije que sí”, contó.

Katia, secretaria ad honorem de la Fundación Atahualpa Yupanqui

Su trabajo en el museo

El museo Atahualpa Yupanqui está situado en el Cerro Colorado, en un lugar de nombre Agua Escondida, a los márgenes del río Los Tártagos. Katia explicó que al principio ellos le dijeron que cuánto les iba a cobrar para ayudarlos a promocionar y crear ideas para dar a conocer más al museo y la vida y obra de Yupanqui, pero les dijo que “nada, que les hacía el trabajo ad honorem, y que lo único que necesitaba era un lugar para dormir y la comida. Y fue así empecé mi relación con la fundación.

“Justo todo esto sucedió en la época del aniversario natal de Yupanqui, que es del 31 de enero, acuariano. Ahí se hace una fiesta que dura entre 4 y 5 días, donde entre y sale gente que canta y baila, donde está el famoso árbol donde Yupanqui cantaba y meditaba. Fui a ese evento. Y cuando vi el Cerro Colorado a esa hora de la tarde y me di cuenta de que yo pertenecía también a ese lugar mágico, al lado del río. Impactante y hermoso lugar. Y ahí estuve dos días, donde me conecté con Yupanqui profundamente, teniendo una conexión a través de un diálogo onírico con él. Y le pedí que me orientara para poder ayudar de la mejor forma al museo y que nunca se muera su obra.  Y comencé a soñar con él. Y en los sueños me tiraba frases de mucha utilidad.  Fue mágico. De ahí han salido muchas ideas que no cuento,  porque son sorpresas, se están gestando, pero que harán, de alguna manera, salir el museo al mundo, y donde el espectador va a poder introducirse de manera más sensorial al universo de Atahualpa”, indicó.

Mer explicó que está trabajando mucho en esto actualmente, y en la búsqueda de comunicar la obra del músico nacido en la provincia de Buenos Aires, pero criado también en Tucumán, “y literalmente, uno de los proyectos surgió de un sueño que tuve con él, y eso lo hace más hermoso. Y mientras más cosas voy encontrando de Yupanqui más me conecto, creo yo, con la verdadera esencia del ser humano. Si algo tenía, y tiene él, es que te invita a que entrés en un silencio en donde el universo entero está dentro tuyo. En su época, cuando él hablaba de esas cosas, como dejar el ego de lado y enfocarse en la esencia, pocos lo entendían. O cuando hablando sobre el universo del que él y todos formamos parte, era muy loco para muchos”. Pero como decía él, “todos somos como una partícula del universo”, y él y todos nosotros estamos encarnados en el todo.

“Así que nada, mi deseo de estar dentro de la fundación, además de darle un poco más forma y vuelo, y desde mi función de secretaria en la misma, es conservar también ese lado de Atahualpa, y llevar, aunque sea un 10% de lo que Yupanqui a mí me cambió la vida. Porque en mí, siempre hay un antes y un después de Atahualpa Yupanqui. Y creo que eso puede llegar a mucha otra gente, y queremos que el museo crezca más allá de típico, sino desde la parte humana y filosófica de un hombre sin igual”, concluyó.