Primo José Giusti, mejor conocido como el Coco, de 96 años, se tiró en paracaídas junto a su nieto Lucas, compinche de aventuras

[Video] Un gran salto en caída libre..., para la historia

Así es: se tiró de un avión con casi 100 años de edad y, sin buscarlo, parece haber establecido un récord nacional, y tal vez latinoamericano, de la persona con más edad saltando de esta forma
lunes, 18 de diciembre de 2023 · 08:21

Lucas Giusti es docente universitario y experto en Relaciones Internacionales. Pero ese un detalle, nada más. Mientras que su abuelo, Primo José, el Coco Giusti, a solo tres años y medio de cumplir 100, es el peluquero más longevo de Villa María, además de carpintero y bandoneonista, pero sobre todo es un ser humano excepcional, con una salud envidiable y una ganas de vivir tan grandes que las contagia. Como mínimo, parece 15 años menor. Y acá, el gran detalle: el pasado viernes saltó en paracaídas. Su primera vez, porque él, a su edad, quiere muchas primeras veces más, de lo que sea.

Y tal parece, aunque no es oficial, que Coco es la persona en la Argentina con mayor edad, y quizá de Latinoamérica, de tirarse en paracaídas.

Ya en tierra, las caras de felicidad de nieto y abuelo lo dicen absolutamente todo

Dúo hiperdinámico

Juntos, nietos y abuelo, son un dúo hiperdinámico. Es Lucas quien nos dará los principales detalles de cómo fue que nació la idea de que juntos saltaran en paracaídas. El padre de Lucas (hijo de Coco) ya falleció, al igual que su abuela (esposa de Primo José). Y es evidente que entre los dos han forjado una relación muy profunda y cercana, llena de complicidad, humor y aventuras. Realmente hay que verlos, son tal para cual, compinches de la vida en esta etapa de primeras veces y experiencias extremas.

“Mi abuelo me ha inspirado a hacer muchas cosas. Y este salto es el principio de muchas cosas que quiere hacer. Por ejemplo, hace un año fuimos juntos a Ushuaia  y El Calafate, y fue la primera vez en su vida que se subía en un avión. Allí fue el comienzo de esta nueva etapa de su vida, donde quiere hacer muchas cosas, y que continuó con el salto que los dos hicimos por primera vez el viernes pasado”, señaló.

Coco, que nació el 27 de julio de 1927, detalló que ese viaje al sur lo tenía pensado hacer con su mujer “diez años atrás, solo que se enfermó y además tenía que cerrar un mes y medio la peluquería, porque íbamos a ir en una casa rodante que tiene un vecino, así que no lo pudimos hacer. Y luego vino mi nieto y me propuso hacerlo”.

El momento de la verdad: a punto de saltar del avión, donde vio lo lejos que estaba el mundo desde ahí

Volar en avión

“Sí, yo fui tirándole la idea hasta que, después de mucho tiempo tratando de convencerlo, finalmente aceptó. Y fue un viaje maravilloso. Era un viaje donde él podía hacer en 5 días muchas cosas sin necesidad de caminar mucho, y eso que es muy fuerte y puede caminar mucho. Pero más allá de lo bien que la pasamos,  fue el puntapié para hacer nuevas primeras cosas. Nos gusta  también viajar a las sierras juntos, muy tranqui, pasear, comer algo, muy sencillo”, indicó Lucas.

Entre nieto y abuelo hay mucha complicidad y muchas historias compartidas. Por ejemplo, Lucas contó que el día que Coco fue con 92 años por su carné de conducir y no se lo dieron, fue él quien pidió a los encargados que no se lo dieran, “pero no porque no sepa manejar, porque maneja mejor que yo, pero es por su seguridad”, y ahí se rió Coco, que recién se enteró de lo que hizo su nieto. Y así ríe de todo, porque la risa forma parte de su manera de vivir, con tantas ganas, con esa fuerza y buena onda que ya todos quisieran tener.

“Otra de sus primeras veces es cuando se compró su primer 0 km con más de 90 años, aunque no lo pueda manejar ya, pero se dio el gustito de hacerlo, y son muchas otras cosas. Como por ejemplo, se sumó a un  emprendimiento mío, y ya somos socios, otra primera vez, y también lo es para mí. Incluso lo quiero llevar a Italia, donde vive su familia, en Torino. Seguro, primero me va a decir que no, como siempre, pero luego me va a decir que sí”, contó.

El Coco, en plena caída libre, donde se puede apreciar la fuerza del viento en su rostro

¿Saltar en paracaídas?

“A mí me encantó viajar en avión”, dijo el Coco, sobre su primer vuelo. Algo que, sin saberlo aún, lo  estaba acercando al “gran salto”. De hecho, Lucas contó que la idea se la tiró en pleno vuelo.

“Mientras íbamos viendo las nubes desde la ventanilla, viéndolo tan feliz, le dije ‘a vos lo único que te falta es saltar en paracaídas’. Y me contestó: ‘Uh, no sabés lo que me gustaría’. Y cuando me lo dijo pensé que a mí también me gustaría, pero con la diferencia que yo tenía miedo al pensarlo y él no. Y este año, en esta etapa mía, también de reconversión y de cambiar cosas de mi vida, como las que mi abuelo está haciendo, lo invité a las sierras, en otro de nuestros viajes. Él ya me había dicho que no quería tirarse, pero dentro de mí yo sí quería tirarme y pensé que, si se lo proponía yo, ya no había vuelta, y era el mejor pretexto para que los dos nos tiráramos”, contó.

Así que Lucas le habló a la mujer encargada de los saltos de paracaídas en Alta Gracia, “y le dije que  me iba a tirar y que iría con mi abuelo, que capaz él también se tiraba y que tenía 96 años.?Al principio me dijo que sí, y de pronto me dice ‘¿cómo 96?, eso es récord argentino y récord latinoamericano de salto de edad más longeva’. Resulta que ella es la periodista oficial de la  Federación Argentina de Paracaidismo, así que tiene la data. Pero luego me empezó a decir que  le iba a avisar a los medios de Córdoba, a los diarios y a la TV y le dije que no, que parara un poco, que imaginate que no se tira, o que ni me tiro yo, o si le pasaba algo a mi abuelo en el salto. No, eso era ya demasiado”.

 

Hacia la caída libre

Lucas contó que pasó el viernes muy temprano por su abuelo. La idea era ir el fin de semana a Villa Rumipal, pero le dijo a él que iban a pasar primero por Alta Gracia, porque se iba a tirar en paracaídas.

“Le dije que, si quería, él también podía tirarse. Me dijo que no al principio. Mi salto lo tenía decidido. Le dije además que había pagado los dos saltos y él me dijo ‘a mí no me importa, yo te doy la plata’. Y dije listo. Nos fuimos. Llegamos a Alta Gracia y el aeroclub está justo a la entrada. Cuando vi los aviones me cagué todo. Pero me tenía que tirar. Picoteamos algo rápido en la estación de servicio antes. Y con el mismo modus operandi que con Ushuaia, me saca el tema. Y ahí me preguntó sobre cómo era el asunto del salto. Y me dije ‘ahí lo tengo al viejo’. Le expliqué que era un salto desde 3.000 metros que, si íbamos a hacerlo, era el más alto, que son 30 segundos en caída libre, y el resto, como un minuto o poco más, ya con el paracaídas abierto”, detalló.

Ahí el abuelo le dijo a Lucas “vamos”, justo cuando habló la chica del aeroclub diciendo que se había despejado y que era el momento justo para hacer el salto. Y fueron. Lucas no tenía miedo, pero no estaba seguro, “y me dije que, si el paracaídas no se abría, igual ya ganamos intentándolo”.

“Cuando llegamos vimos justo el registro de un señor de 92 que ese mismo día se había tirado, que había sido instructor de paracaidismo y que se tiró después de mucho tiempo. Y ahí la mujer me dice ‘al final vino tu abuelo’. Le dije que sí y me dijo que no podía tirarse. Ahí le dije que por qué, si se había tirado uno de 92, y me dijo que era instructor, que mi abuelo necesitaba más movilidad porque hay un momento en que hay que levantar las piernas para aterrizar en un movimiento muy difícil. Entonces me dijo que si yo me iba a hacer cargo si pasaba algo, a lo que respondí que sí, que ya estábamos acá. Nos tuvieron dos horas con que sí, que no, que sí, que no. Hasta que lo aprobaron, pero querían que vinieran los medios y le volví a decir que no”, detalló.

Lucas contó que gracias al instructor, el Pluma, fue que se pudo tirar: “La verdad, no pensé que lo lograría, pero él quiso. Así que subimos al avión. Me tiré primero y después él. Yo lo vi desde el piso, una vez que caí y lo filmé todo. Luego me enteré, tras que bajó, que saltar en paracaídas había sido su sueño toda la vida. Y yo se lo propuse”.

 

“Yo no sentí nada”

Coco cuenta de primera mano cómo fue la experiencia de tirarse en paracaídas:

“Yo no sentí nada. Bah, me gustó todo. Lo único, que me emocioné un poco mucho cuando se abrió la puerta del avión y entró todo el viento. Ahí pensé ‘qué viento voy a agarrar’.  Caí a 200 km por hora. Me lastimé un poco al antebrazo, no sé con qué, sin con el borde de la puerta o qué. Un cortecito. Y cuando me arrimé a la puerta y miré hacia abajo, dije ‘está lejos la tierra’. Cuando el instructor me dijo ‘vamos’, yo tenía que tirar la cabeza hacia arriba y la moví hacia abajo. Y ahí me dejé caer. Fue hermoso”.

Sobre el récord, explicó Lucas que, aunque no es oficial porque no hay registros, los del aeroclub le dijeron que sí lo es. Inclusive, estuvo googleando y solo vio el caso de una mujer, de 104, en Estados Unidos, hace no mucho, que saltó en paracaídas, pero no encontró otras noticias o información al respecto.

Finalmente, Lucas contó que por eso del supuesto récord “insistían en llamar a los medios”, pero él se negó, “porque si no mi abuelo no iba a poder disfrutar este momento tan increíble que vivimos, y que sobre todo él vivió con 96 años. De hecho, recién hoy (por ayer) se enteró la familia, les contamos en la comida familiar del domingo. Porque antes no le contamos a nadie. Era nuestro gran secreto. Es la complicidad que hay siempre entre nosotros. Y es la que nos va a llevar a hacer nuevas primeras cosas. Ya las está pensando mi abuelo. Lo que sí, es que tenemos gustos muy parecidos, así que haremos cosas no tan locas, como salir de viaje en casa rodante, el viaje a Italia que está en veremos, pero seguramente nos espera una nueva aventuras juntos. Y claro, nuestro emprendimiento, que ya contaré detalles en su momento”.

Y precisamente, ante la pregunta de qué quiere hacer ahora, Coco dice: “La verdad es que después de saltar pensé que no me queda nada para hacer, pero no sé, ya saldrá algo. O se me va a ocurrir a mí, o se le ocurrirá a mi nieto. Seguro algo saldrá. Pero por  favor: que no ponga en riesgo mi vida, je”. 

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